lunes, 27 de abril de 2015

Diezmos y Ofrendas según la Biblia

Diezmos y ofrendas 
según la Biblia

Introducción

Aunque numerosos tratados ya han señalado que el Nuevo Testamento no manda a los creyentes a continuar con la costumbre del diezmo, usualmente, las controversias sobre el diezmo se han enfocado demasiado en refutar la vigencia del diezmo por medio de debates que solo se dedican a cuestionar si las leyes israelitas siguen vigentes para nosotros los cristianos, o bien, en escritos que tratan de explicar las diferentes cualidades y naturaleza de ciertas leyes del pueblo judío (civiles o espirituales), y, que de esa forma, tratan de determinar cuáles son las leyes que sí aplican para los conversos gentiles de Cristo en la actualidad.

Muchos de estos estudios bíblicos expresan importantes cuestiones bíblicas y representan valiosas interpretaciones sobre este y otros asuntos relacionados. Sin embargo, bastantes estudios, no solo resultan largos y pesados de leer, difíciles de comprender, y poco efectivos al momento de convencer al creyente que ha sido indoctrinado en una denominación con pocos conceptos bíblicos.

La tendencia de convertir estudios sobre el diezmo en debates sobre la Ley, ayuda a entender porqué ya no está vigente, pero a veces se olvida prestar atención al verdadero corazón del problema, y por ello, todavía deja con algunas dudas a aquellos que nohan llegado comprender la verdadera esencia espiritual del «concepto bíblico» del diezmo y la razón social y espiritual por la cual Dios lo estableció.
Parece que todos hemos escuchado el “concepto moderno” del diezmo: darle el 10% de tu dinero a los líderes "cristianos" de tu iglesia, congregación o denominación. Lo lamentable es que muchísima gente, tanto creyentes como incrédulos, ni siquiera conocen el concepto del diezmo tal y como es presentado en la Biblia. Por ignorar esto, muchos simples son engañados y muchos paganos blasfeman contra Dios sin si quiera conocer sus leyes. Sin embargo, la mejor manera de refutar la doctrina del “diezmo moderno”, es diferenciarla, contrastarla, contraponerla o distinguirla del «concepto bíblico del diezmo» que muestra la Biblia.

Este breve escrito recopila las citas bíblicas que hablan sobre el diezmo, con la esperanza de que los corazones ingenuos que han sido engañados por pastores asalariados puedan abrir sus ojos a la verdad cristiana, y lleguen a entender, con Biblia en mano, las terribles desviaciones, manipulaciones, tergiversaciones y falsificaciones de los líderes religiosos modernos que proponen y enseñan una práctica moderna y anti-bíblica del diezmo.


1. ¿Qué era el diezmo?


El Antiguo Testamento explica que los diezmos establecidos por Dios eran una décima porción de los primeros y mejores alimentos producidos en Israel, que incluían frutos (Deuteronomio 26:12), productos agrícolas, comestibles harina, hortalizas y semillas. La palabra significa “la décima parte de algo”, por lo cual, el diezmo consistía en “las primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra” (2 Crónicas 31:5). 

La Biblia también les llama “diezmos de la tierra” o “diezmos de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles” y las Escrituras dicen debían ser separados para consagración a Dios (Levítico 27:30). Incluso los fariseos, que seguían las leyes civiles israelitas de forma legalista y rigurosa, diezmaban especias como la menta, el eneldo, la ruda y el comino (Mateo 23:23; Lucas 11:42).

Diezmos de otro tipo podían incluir ganado y rebaño (vacas y ovejas) que son mencionados como “diezmo del ganado o del rebaño” (Levítico 27:32) y también diezmo de cosas que la gente hubiera prometido a Dios (2 Crónicas 31:6).

En la Torah, Dios estableció el diezmo así:Diezmarás fielmente todo el producto de tu siembra... el diezmo de tu grano, de tu mosto [zumo de uva] y de tu aceite, y los primogénitos de tus vacas y de tus ovejas, para que aprendas a temer siempre al Señor tu Dios” (Deuteronomio 14:22-23).
A pesar de que el dinero ya circulaba desde los tiempos de Abraham (Génesis 20:16) y ya se practicaba el comercio (Génesis 43:12), la Biblia en ninguna parte ordena que los diezmos fueran el diez por ciento del dinero de una persona. Los diezmos bíblicos siempre eran alimentos y productos, NO dinero.
2. ¿Cada cuando se daban los diezmos?


Por Deuteronomio 14:22, sabemos con seguridad que el diezmo de la cosecha se daba UNA vez al año. Durante el tiempo de recaudación, la gente iba a llevar sus alimentos, y se iban acumulando en montones de diezmos que tardaban varios meses en terminar de recolectarse. En 2 Crónicas 31:6-7, por ejemplo, se habla de montones de diezmos que tardaron cuatro meses en recaudarse, probablemente por la capacidad del alfolí. En Deuteronomio 14:28, Deuteronomio 26:12 y Amos 4:4 también se dice que los diezmos se acabaron de colectar cada tres años. 
Los diezmos NO se aportaban semanalmente, NI mensualmente, NI cada vez que el judío asistiera al templo. Los alimentos llevados por razón del diezmo se daban anualmente o cada tres años. 
3. ¿Quiénes diezmaban?

Dios estableció los diezmos dentro de “los mandamientos que el SEÑOR ordenó a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí (Levítico 27:30-34). Desde entonces Dios instituyó su práctica (pues los diezmos que Abraham y Jacob habían dado fueron muy distintos del concepto de diezmo en la ley).

La Biblia registra que los diezmos se daban por agricultores, labradores, ganaderos, viñadores, pastores de ovejas, etc. Se esperaba que los judíos de las 12 tribus de Israel diezmaran (incluyendo de la Tribu de Levi) (Números 18:25-29). Las demás personas con profesiones distintas no se mencionan diezmando aunque se asume que también diezmaban sus alimentos obtenidos porque eran parte del pueblo de Israel y la Ley aplicaba para todos los judíos viviendo en Israel. 

En el Nuevo Testamento, sin embargo, NO hay un NI sólo ejemplo de gentiles diezmando, porque el Espíritu Santo reveló a los Apóstoles y ancianos de la Iglesia de Jerusalén que los gentiles no tenían esta carga impuesta (Hechos 15:15-29, Hechos 21:25).
Absolutamente en ninguna parte la Biblia habla de gentiles que diezmaran, ni antes, ni durante, ni después de la Ley de Moisés. En el Nuevo Testamento, con la institución del Nuevo Pacto basado en la ley de Cristo, NO se exige su observancia para los gentiles que han creído (Hechos 15:15-29).
4. ¿Dónde se guardaban los diezmos?



Los diezmos se llevaban al alfolí. Un alfolí era semejante a un gran depósito de alimentos o almacén de sal (2 Crónicas 31:4-12), bodega, silo, o granero cerca del templo. Otros pasajes lo identifican como cuartos o “cámaras de diezmos”. La Biblia en inglés le traduce como "storehouse", palabra aún se usa para significar un edificio que sirve como depósito de comida. Allí los Israelitas llevaban y guardaban sus primeros granos, cereales, o frutos de la tierra, de manera que se formaban montones que con el tiempo se volvían abundantes provisiones de alimento (2 Crónicas 31:6-7; 31:10) que después servían de reservas alimentarias.

En el libro de Nehemías se habla explícitamente de “cámaras del almacén(Neh. 10:38), y se menciona que “todo Judá trajo el diezmo del cereal, del mosto y del aceite a los almacenes” (Nehemías 13:5).

Cuando en el Libro de Malaquías, Dios acusa a su pueblo de Israel de haberle robado por no haberle entregarle los diezmos, Dios les dice que vuelvan a dar las aportaciones de alimento, exhortándoles a “traer todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa” (Malaquías 3:10). Una vez más, el Señor hablaba de recolectar alimentos, no de guardar riquezas ni dinero.
Los diezmos NUNCA fueron usados para guardarse en el bolsillo, la billetera, la cartera o la cuenta bancaria de líderes religiosos. El uso de bandejas, cestos, cajitas o sobres para guardar diezmos NO es una práctica de carácter bíblico.
5. ¿Para quiénes eran los diezmos y para qué se usaban?

La Biblia enseña que el propósito de los diezmos tenía relación con la consagración a Dios, con mostrar compasión y caridad a los desprotegidos y con el convivir en armonía entre hermanos. De esta manera, hay al menos 3 propósitos bíblicos para los cuales Dios se instituyó el diezmo en el Antiguo Pacto:
  1. Para proporcionar alimento a los levitas, la única tribu del pueblo que no tenía posesiones heredadas ni tierras propias.
  2. Para compartir alimentos en momentos de convivencia de la congregación israelita.
  3. Para compartir los alimentos con grupos vulnerables como huérfanos y viudas.
5.1. Los diezmos eran para los levitas y sacerdotes levitas que eran desposeídos

De las 12 Tribus de Israel, el grupo desposeído eran los levitas, quienes no tenían ni tierras, ni herencias materiales fuera del estar con Dios (Josué 18:7). A diferencia de los israelitas con otras profesiones, los levitas debían estar enteramente dedicados al servicio de Dios en el lugar de reunión (Núm. 8:13-19). Dios quiso, por lo tanto, que el levita recibiera primeramente el diezmo “porque ellos no tenían parte ni heredad” entre el pueblo de Israel (Dt. 14:27) y los diezmos servirían de sustento para ellos y sus familias, y serían su herencia.
Los diezmos establecidos por Dios NUNCA se destinaron a construir templos más grandes, ni a pagar “la renta del templo”, ni a enriquecer a los sacerdotes, ni a llenarlos de tesoros. 
Dios también quiso que la misma gente de la tribu de Leví se encargase de dirigir las actividades del Templo de Jerusalén: el sacerdocio, los sacrificios, la adoración y la alabanza. Los sacerdotes y levitas que fuesen considerados dignos de confianza, se encargaban de reguardar los diezmos según la ley (Hebreos 7:5), y era su mandato el resguardarlos en el alfolí para luego repartirlos en raciones justas a los demás levitas (Nehemías 13:12-13), que incluían "a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes" (Nehemías 13:5).
Los diezmos establecidos por Dios NUNCA estuvieron destinados a que UN sólo líder religioso los recibiera para sí mismo, sino a que TODOS los demás levitas recibieran la parte que les correspondía.
En Nehemías se dice claramente que “los levitas son los que recibían los diezmos en todas las ciudades” donde trabajan los judíos, y que los levitas llevaban la décima parte de los diezmos al templo (Nehemías 10:37; 10:38)
Los diezmos estaban destinados a la alimentación: a cubrir las necesidades de alimentación y prevenir hambre o pobreza entre los levitas, NO a fomentar su riqueza material.
Los levitas y sacerdotes levitas estaban dedicados de tiempo completo a ministrar en el templo, y por lo tanto, los comestibles del alfolí servían primeramente para su sustento alimenticio, aunque también se entiende que ocupaban ganado, incienso y aceite para los sacrificios y ritos religiosos. A pesar de todo esto, Dios mismo ordenó que los mismos levitas debían dar diezmos:
“Cuando recibáis de los hijos de Israel los diezmos que de ellos os he dado por vuestra heredad, ofreceréis de ello una ofrenda al SEÑOR: el diezmo de los diezmos... Así también vosotros presentaréis al SEÑOR una ofrenda de vuestros diezmos que recibís de los hijos de Israel... todos los dones que recibís presentaréis las ofrendas que le pertenecen al SEÑOR, de lo mejor de ellas, la parte consagrada de ellas" (Números 18:25-29).
5.2. Los diezmos eran para los mismos israelitas que diezmaban y para sus prójimos

Los diezmos estaban reservados a ser consumidos anualmente tanto por los levitas, como por los mismos trabajadores que los habían cosechado y judíos que lo hubieran entregado (Deuteronomio 14:22-23). Los diezmos serían comidos por ellos, no en sus propias ciudades, sino en el lugar que Dios les hubiese mostrado (Deuteronomio 12:5-7; 17-18) que más tarde vendría a ser el Tabernáculo de Moisés, y después, el gran Templo construido por Salomón en Jerusalén.
“Mas el lugar que el SEÑOR vuestro Dios escogiere de todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ese buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, y vuestros sacrificios, y vuestros diezmos, y la ofrenda de vuestras manos, y vuestras promesas, y vuestras ofrendas voluntarias, y los primerizos de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante del SEÑOR vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en que el SEÑOR tu Dios te hubiere bendecido” (Deuteronomio 12:5-7, RV 1569).
De esta manera, los judíos consumirían sus propios diezmos (sus alimentos llevados al alfolí) en la presencia de Dios, compartiendo un momento de convivencia y alegría junto con sus hermanos judíos, sus familias, sus sirvientes y los levitas. Dios mandó a que estas reuniones para consumo el diezmo se llevaran a cabo en un lugar distinto a su ciudad para que todos comieran juntos, acompañándose y conviviendo fraternalmente en ese día con los sacerdotes levitas, para no desampararlos:
“No comeréis dentro de vuestra ciudad el diezmo de vuestro trigo, de vuestro vino o de vuestro aceite, ni las primeras crías de vuestras vacas y ovejas, ni nada de lo que hayáis prometido al Señor, ni de vuestras ofrendas voluntarias. Solo podréis hacerlo delante del Señor vuestro Dios, en el lugar que él escoja; allí, en presencia del Señor vuestro Dios, y en compañía de vuestros hijos, vuestros criados y los levitas que vivan entre vosotros, os alegraréis del fruto de vuestro trabajo. Mientras viváis en el país, no abandonéis jamás a los levitas” (Deuteronomio 12:17-18).
Si la casa de algún judío quedaba muy lejos del alfolí como para que se cargaran y llevaran los alimentos, el judío tenía permiso de vender sus productos, guardar el dinero, y luego comprar en algún lugar más cercano los productos que quisiere, para finalmente consumirlos en el día del consumo del diezmo, aquel momento especial en la presencia de Dios, en el lugar que Dios les indicase:
“Si el camino es tan largo para ti, que seas incapaz de llevar el diezmo por estar lejos el lugar donde el Señor tu Dios escoja para poner allí su nombre, cuando el Señor tu Dios te haya bendecido, entonces lo cambiarás por dinero, y atarás el dinero en tu mano e irás al lugar que el Señor tu Dios escoja. Y podrás gastar el dinero en todo lo que tu corazón apetezca: en vacas u ovejas, en vino o sidra, o en cualquier otra cosa que tu corazón desee; allí comerás en presencia del Señor tu Dios, y te alegrarás tú y tu casa” (Deuteronomio 14:24-26).
El consumo del diezmo bíblico era como una gran reunión anual de convivencia y de comida en la presencia de Dios. La Biblia dice que cuando se celebraban estas reuniones, “era grande el gozo de Judá con respecto a los sacerdotes y levitas que servían” (Nehemías 12:44).

5.3. Los diezmos eran para los immigrante, los huérfanos y las viudas

Cuando Dios estableció los diezmos como mandato a los israelitas, también reservó una época en que estos fueran COMPARTIDOS con los inmigrantes, los huérfanos y las viudas. Mandó, pues, a que cada tres años los diezmos debían repartirse entre estos habitantes vulnerables de la nación. Tal como está escrito en la Torah, donde Dios les ordenó:
“Al fin de cada tercer año, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año y lo depositarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni herencia contigo, y el forastero, el huérfano y la viuda que habitan en tus ciudades, y comerán y se saciarán, para que el SEÑOR tu Dios te bendiga en toda obra que tu mano haga” (Deuteronomio 14:28-29)
Parientes y no parientes, judíos y no judíos, chicos y grandes, eran partícipes del gran tercer festín del diezmo dentro de Israel:
“Cuando hubieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán por dentro de tus puertas, y se saciarán” (Deuteronomio 26:12)
Siglos más tarde, el libro de Malaquías habla de un pueblo rebelde y desobediente que se habían vuelto duros con estos grupos vulnerables y habían olvidado esta hermosa práctica bíblica del diezmo. Es en este contexto y por esta razón que Dios les declaró:
"5 Me acercaré a ustedes para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros, contra los adúlteros, contra los que juran en falso y contra los que oprimen al jornalero en su salario, a la viuda y al huérfano, contra los que niegan el derecho del extranjero y los que no me temen," dice el SEÑOR de los ejércitos. 6 Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. 7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? 8 ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9 Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. 10 Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. (Malaquías 3:5, 10)
Las ofrendas bíblicas

Habiendo revisado la práctica del diezmo bíblico tal y como Dios la estableció para el pueblo de Israel, falta hablar de un tema relacionado que son las ofrendas en el Nuevo Testamento y los tiempos en que vino Jesús.

Las ofrendas en tiempos de Jesucristo

Primero que nada hay que saber que ni Jesús (de la tribu de Judá), ni Pedro, ni Pablo (de la tribu de Benjamín) recibieron diezmos para sus ministerios, pues la Ley Mosáica ningún privilegio les otorgaba al respecto. Ninguno de ellos era de la tribu de Levi, y por lo tanto, según la ley, no lo requerían. Jesús, Pedro, Pablo y los apóstoles recibieron otro tipo de ayuda que denominamos "ofrenda".

Los creyentes y los que querían conocer más sobre el Cristo, les ofrecían cosas voluntariamente, dándose cuenta de sus necesidades materiales. Generalmente esto es equiparable a ofrendas hacia otros hermanos. Las ofrendas son precisamente ofrecimientos voluntarios que apelan a la conciencia que Dios nos dio, respecto a una necesidad que tiene algún hermano o siervo de Dios. No son mandatos, sino compromisos de caridad que sentimos hacia a la gente y hacia los siervos de Dios, en suplir ciertas necesidades que tienen. 

Las ofrendas ya se practicaban desde el Antiguo Testamento, donde son llamadas "ofrendas votivas" (de votos), "ofrendas voluntarias" y "ofrendas de mano alzada", pues no eran un estatuto obligado de la Ley, sino como una muestra de disposición que Dios le había inculcado al pueblo Israelita. Algunas veces la ofrenda dedicada a Dios era dada a los sacerdotes levitas (Nehemías 13:5), aunque los mismos sacerdotes también tenían un deber moral de dar ofrenda de lo que ellos recibieran (Números 18:25-29)También hay ejemplos de ofrendas al prójimo que estaba en necesidad, que era el dar en honra a Dios cosas o comida que alguien necesitara. 

Como ejemplos, tenemos a Abraham cuando invita a los ángeles a quedarse en su casa y les da algo que comer. A Jesús mismo y a sus discípulos también les ofrendaron comida en numerosas ocasiones durante su ministerio, por ejemplo, quienes le invitaron a cenar, o muchas mujeres que le seguían "que de sus bienes personales contribuían al sostenimiento de ellos" (Lucas 8:3)Nuestro Señor Jesucristo exaltó el gesto de una viuda pobre que llevó todo lo que tenía – un par de monedas – a un “arca de la ofrenda” (Marcos 12: 41-44) que se tenía en el Templo de Jerusalén.

Al enseñar sobre el perdón y la reconciliación entre hermanos, Jesús también enseñó que “si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-26), enseñando con esto que es necesario primero estar en paz con los hermanos, antes que presentar la ofrenda.

Jesús también mandó a los doce discípulos a que fueran a predicar y a sanar enfermos, y les dijo que se despojaran a sí mismos de toda cosa, de toda muda de ropa, y de todo dinero (Lucas 9:2-3), pues habiéndose hecho pobres para predicar, y viviendo por el Evangelio, tenían que saber “el obrero es digno de recibir su alimento”. Esta ayuda la recibían en especie, de tal manera, que Dios espera que hayan creyentes que les ofrezcan alimento, ropa, bebida, hospitalidad, albergue o aquello que necesiten los servidores de Dios (Lucas 10:6-8; Mateo 10:8-11).

La ofrenda en tiempos de Pablo

Los cristianos de la ciudad de Filipos también apoyaron al Apóstol Pablo cuando éste fue como misionero a Macedonia. Pablo, no obstante, trataba de no ser una carga para los hermanos, por lo cual, a la par de su labor evangelista allí, trabajaba duramente como hacedor de tiendas junto a otros creyentes (Hechos 18:3; 1 Cor. 4:12; 1 Cor 15:10). Con todo, el reconoció la responsabilidad que tenemos todos los cristianos en ayudar a otros apóstoles o predicadores que se han despojado y se han entregado de tiempo completo a proclamar la verdad de Cristo.

Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, redactó un escrito en donde expresa que aquellos que en verdad sirven a Dios legítimamente tienen “derecho a comer y beber”, y a tomar “comida del templo" (1 Corintios 9:1-18), y no deberían tener necesidad de padecer hambre. Asimismo, instruyó a los cristianos a que debemos ayudar especialmente a los ancianos que predican y enseñan el Evangelio (1 Timoteo 5:17-18)Siguiendo su responsabilidad moral, los cristianos en Macedonia y Acaya hicieron una colecta para hacer una ofrenda para los hermanos pobres en Jerusalén (Romanos 15:26).

Los diezmos y ofrendas en el tiempo de la Iglesia Primitiva

Por otro lado, los gentiles, que hemos sido agregados a la paternidad de Abraham por medio de la fe en Cristo, hemos recibido una cantidad de enseñanzas muy diversas respecto a este tema. Jesucristo ha venido a ser nuestro supremo y sumo sacerdote (Hebreos 4:14) y las cosas en cuestiones de leyes mosáicas no aplican de la misma manera para los gentiles debido a la introducción del Nuevo Pacto y también “porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre también un cambio en la ley” (Hebreos 7:12).
El Nuevo Testamento registra que las primeras comunidades de cristianos conversos tenían «Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45 vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:44). Los que tenían tesoros terrenales o grandes posesiones privadas, se desligaban de ellas y las repartían conforme a lo que la necesidad real de cada creyente, de tal manera que nadie se quedara con necesidad alguna (Hechos 4:32-36). Estos fueron los primeros cristianos bíblicos, que obedecían al Señor y proclamaban el Evangelio. ¿Cuándo se ha hecho esto en tu congregación? o ¿Cuándo fue la última vez que siguieron este ejemplo enseñado en la Biblia? ¿Cuánto fue la última vez que tus líderes religiosos (que insisten en la vigencia del diezmo) organizaron una gran comida para compartirla con los desposeídos, los huérfanos y las viudas, en la presencia de Dios?

Los diezmos y ofrendas judías en la diáspora y después de la destrucción del Templo

Los eventos que alteraron la práctica del diezmo entre los judíos fueron más por causas históricas y doctrinales. Por un lado, desde hace casi dos milenios, las Tribus de Israel se dispersaron como resultado de la Primera Guerra Judeo-Romana contra el imperio de Tito. El Templo de Jerusalén fue destruido en el año 70 d.C., y desde la Rebelión de Bar Kojba (135 d.C.), los judíos fueron echados de Jerusalén y dispersados a otras tierras. Se sabe de importantes diásporas de judíos a otras partes del mundo ya desde el siglo VI. Actualmente hay sinagogas donde los judíos pagan mensualmente una membresía o una contribución a organizaciones de caridad, pero este ya no se considera diezmo bíblico.

Después de la destrucción del templo, se cree que algunos judíos comenzaron a consumir el diezmo empezó en sus propias ciudades donde vivían (cosa que era en contra del mandato que Dios había dado a Moisés). Algunos judíos dejaron de apartar estrictamente los diezmos, mientras que algunos rabinos sostuvieron que las leyes del diezmo sólo aplicaban para la ley de Israel y los granjeros de las diásporas no tenían obligación de diezmar. Otras comunidades con rabinos más estrictos fuera de Israel (por ejemplo, en Egipto) trataron de establecer un nuevo sistema de diezmos basado en la sinagoga local. Hay sinagogas que a la actualidad establecen el pago de una membresía para quienes forman parte de ella.

Dado que el propósito del diezmo era principalmente para la manutención de los sacerdotes y levitas en la tierra de Israel, muchos otros judíos insistieron en que la práctica no tenía razón actual de continuar. Algunas fuentes rabínicas antiguas hablan de diezmos de alimentos y de dinero, aunque no está claro si la contribución fue instituida de forma voluntaria u obligada. Muchos judíos hoy en día donan un diez por ciento de sus ganancias anuales a la caridad. Esto se conoce como "maaser kesafim" o "el diezmo de dinero", que pasa a ser más como una ofrenda que como obligación (FUENTE). 

Los falsos diezmos

La Biblia nos exhorta a tener cuidado con los pastores asalariados y con los falsos maestros que “por avaricia, harán mercadería de ustedes con palabras fingidas” (2 Pedro 2:1-3). Muchos falsos líderes religiosos reclaman los falsos diezmos o “diezmos modernos” que no tienen nada que ver nada que ver con el diezmo bíblico que ya hemos revisado en el Antiguo Testamento. El falso concepto moderno del diezmo es malentendido como el dar semanalmente el 10% de tu dinero exclusivamente a los líderes religiosos, pastores o sacerdotes. Esta tergiversación (torcedura acerca de las Escrituras) comenzó a finales del siglo VI, época en la que líderes católicos en el Concilio de Tours II (567 d.C) y el Concilio de Macon (585 d.C.) empezaron a proponer un concepto de "diezmo" con torceduras escriturales infernales, como documenta el teólogo Russell Earl Kelly en un libro dedicado al tema:

"Los historiadores usualmente concuerdan en que, no fue sino hasta el año 567 d.C., quinientos treinta y siete años después del Calvario, que el primer intento sustancial eclesiástico de imponer el diezmo bajo su propia autoridad apareció en la historia. El concilio de Tours en 567 y el Concilio de Macon 585 legisló decretos regionales eclesiásticos para el diezmo y la excomunión a los que no diezmaran, aunque no recibió autoridad el rey para forzar la recolección (de bienes) a través de decretos civiles. Es significativo que este diezmo no sólo emergió históricamente hasta que la iglesia se volvió poderosa en el área secular. Incluso en esa época, los diezmos sólo consistían en comida. Eventualmente la Iglesia Romana incluso se negó a otorgar ritos de sepultura si no se le daba riqueza o tierra en los testamentos. 

Entre el año 774 y 777 el rey franco Carlomagno destruyó al reino ario Lombardo que separaba su imperio del norte de Italia. Después de vencer a los Lombardos, el reino de Carlomagno, que no recibió oposición, se anexó el norte de Italia y Roma. Citando la Ley Mosáica como autoridad en un sínodo eclesiástico, el papa finalmente convenció a Carlomagno que permitiera la imposición forzosa de diezmos agrarios para ayudar al crecimiento rápido de parroquias de Iglesias. En el 785, el papa Adriano I trató de imponer el diezmo sobre los anglosajones. En agradecimiento al apoyo de su Iglesia, en la navidad de el año 800 d.C., el papa coronó a Carlomagno como el Santo Emperador Romano, haciéndo oficial el nombramiento del "Sacro" (Santo) Imperio Romano. 

En el 906 d.C., el Rey Edgar forzó la aplicación de diezmo de comida en Inglaterra. En 1067 y 1078, en los Concilios de la Iglesia de Gerona, y en 1215 en el Cuarto Concilio Laterano, el diezmo se fue expandiendo cada vez más a todas las tierras de dominio católico. Todos los ciudadanos, incluyendo los judíos, fueron obligados a dar sus diezmos a la Iglesia Católica Romana... En el 1179, el Tercer Concilio Laterano decretó que sólo el papa podría eximir a ciertos individuos de la obligación de diezmar, y así eximió a los soldados de las cruzadas... El teólogo Tomás de Aquino defendió este diezmo al afirmar, "Durante el tiempo de la Nueva Ley, la autoridad de la Iglesia ha establecido el pago de diezmos" (Summa Theologica, Vol 3, La Segunda parte de la Segunda Parte). Para justificar su argumento, usó Génesis 14 y a Melquisedec" 

[Russell Earl Kelly. Should the Church Teach Tithing?: A Theologian's Conclusions about a Taboo Doctrine. 2001. iUniverse. p. 260]

La práctica del diezmo se extendió más aún en la Edad Media donde la Iglesia Católica controlaba el gobierno en muchos países y disuadía a la gente de diversas maneras para que les dieran su dinero o posesiones. Más tarde, también llegó a ser incorporado por sectas y denominaciones pseudo-cristianas, algunas de las cuales persisten hoy en día. 

Actualmente, tanto los mormones como los adventistas consideran al diezmo como uno de sus artículos doctrinales. La iglesia católica, aunque no le llama diezmo, insiste en que sus feligreses tienen la "obligación de colaborar con la Iglesia en sus fines y sostenimiento, es un mandamiento de la Iglesia” y por ello ocupan una caja (llamada cepillo o cepo) para recolectar "limosnas" administradas para ellos y los "pobres" de la Iglesia.

Actualmente, la práctica del diezmo se practica mucho en las Iglesias de la prosperidad y en mega-iglesias. Muchos de los pastores que lo justifican lo llegan a citan versos bíblicos fuera de contexto para justificar esta práctica mundana. Muchos lo exigen como una obligación de los creyentes, y otros simplemente asustan a la gente ingenua, haciéndoles creer que si no les das el 10% de tu dinero, Dios te va “maldecir con maldición.” Otros, prefieren predican prosperidad, y con palabras lisonjeras, hacerles creer a la gente que si les dan a ellos su dinero, Dios va a abrir derramar “fuentes de prosperidad”. Estos líderes se han apoderado de la camiseta de Levitas, aunque en realidad, ni son judíos, ni viven en Israel, ni son de la tribu de Leví, ni son desposeídos, ni lo reparten con los hermanos, ni lo dan a los necesitados, ni a los inmigrantes, ni a las viudas, ni lo hacen anualmente, ni lo dan ellos mismos. Esta es la clase de gente de la cual el Apóstol Pablo escribió, que “no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Romanos 16:17-18).

Debemos tener en cuenta que la Biblia habla de “falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo” (2 Corintios 11:13). Cristo mismo les llamó “pastores asalariados”, que no predican si no se les paga, o más bien, sólo predican porque se les paga, y no predican la verdad palabra de Dios, sino un mensaje mentiroso adulterado para satisfacer al cliente. Aparentan ser pastores apaciguando ovejas, pero en realidad solo están fingiendo y manipulando a simples que escuchan lo que quieren escuchar. Jesús, en cambio, es el Buen Pastor que ha dado su vida por ovejas como tú. Los asalariados, que exigen o desean una paga monetaria por predicar, NO son pastores del Señor, porque no son dueños de las ovejas, y cuando ven venir al lobo, abandonan las ovejas y huyen, de modo que el enemigo las arrebata y las dispersa (Juan 10:12). 

Por si fuera poco, los asalariados también se olvidan por completo de repartir lo que tienen con la gente marginada, que, de cierta forma, sigue necesitando actos de caridad por parte de los cristianos. Si en la congregación a la que asistes te dicen que continuamente tienes que dar dinero a los religiosos adinerados para que construyan un templo más grande, para pagar la renta del templo, o para que tú o el pastor tengan una casa más lujosa, un carro más moderno, o más prosperidad, debes reconocer que tal gente se está enriqueciéndose a sí misma, acumulando riquezas y tesoros materiales.

Las ofrendas verdaderas

Si ya no tenemos que dar diezmos, ¿nos quedaremos entonces con todo lo que tenemos para gastarlo sólo en nosotros mismos? ¡De ninguna manera! Dios permite que algunos de nosotros tengamos más de lo necesario NO para engrandecernos sino para darlo con los que tienen menos. El Evangelio enseña que si tenemos más de lo que necesitamos, no solo podemos, sino que tenemos la obligación de dar a otros.

Dios desea la equidad y la igualdad, como escribió Pablo al escribir en su carta a los cristianos de Corintios, sobre una colecta que se hacía para los pobres en Jerusalén:
“Ustedes, que sobresalen en todo: en fe, en facilidad de palabra, en conocimientos, en buena disposición para servir y en amor que aprendieron de nosotros, igualmente deben sobresalir en esta obra de caridad. No les digo esto como un mandato; solamente quiero que conozcan la buena disposición de otros, para darles a ustedes la oportunidad de demostrar que su amor es verdadero. Porque ustedes ya saben que nuestro Señor Jesucristo, en su bondad, siendo rico se hizo pobre por causa de ustedes, para que por su pobreza ustedes se hicieran ricos.Por el bien de ustedes les doy mi opinión sobre este asunto… dentro de sus posibilidades, terminen lo que han comenzado con la misma buena disposición que mostraron al principio, cuando decidieron hacerlo. Porque si alguien de veras quiere dar, Dios le acepta la ofrenda que él dé conforme a sus posibilidades. Dios no pide lo que uno no tiene. 1No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasen necesidad; se trata más bien de que haya igualdad. Ahora ustedes tienen lo que a ellos les falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falte a ustedes, y de esta manera habrá igualdad. Como dice la Escritura: «Ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco.” (2 Corintios 8:13-14).
Dios dijo que defendieramos a los pobres, a los débiles, y a los marginados (Proverbios 31:8-10). ¿Cuándo fue la última vez que tú o tu congregación ayudaron todos juntos a los extranjeros, huérfanos o viudas? ¿Cuándo fue la última vez que repartieron lo que tienen con los hermanos necesitados?

Juan el Bautista enseñó que aquél que tuviera dos cosas, compartiera una de lo que tiene con el que no tiene (Lucas 3:11). ¿Cuándo fue la última vez el pastor de tu congregación y los que diezman allí compartieron la mitad de lo que tienen con los que no tienen? Si no lo hemos hecho, es momento de que lo hagamos. Y si no quieren hacerlo en el lugar donde estás, tal vez, debes examinar si realmente siguen las Escrituras y el Evangelio de Cristo.

El Señor nos enseñó que la Iglesia (los que somos creyentes o cristianos) debemos dar de comer al hambriento, dar agua al sediento, alojo al que no tiene casa, ropa al desprotegido, y demás cosas que el Señor espera de nosotros (Mateo 25:35; Ec. 11:1-2). ¿Cuándo fue la última vez que le llevaron alimentos, fruta, agua, o ropa a los necesitados en tu congregación?

Conclusiones

Debemos acercarnos con discernimiento espiritual a estos asuntos de dar dinero, posesiones, o alimento. Por un lado, no podemos negar la incontable cantidad de falsos sacerdotes, falsos maestros, y falsos apóstoles que reclaman una lucrativa administración de “diezmos modernos”. Por otro lado, tampoco podemos negar que hay hermanos necesitados, pobres y desposeídos en el mundo, predicadores de sana doctrina, y misioneros entregados al Evangelio que verdaderamente necesitan ayuda del cuerpo de Cristo para suplir sus necesidades básicas.

Por un lado, hay que apegarnos a rechazar la idea del diezmo moderno, y alejarnos de los falsos maestros que manipulativamente mezclan los conceptos de “diezmos y ofrendas” sin reconocer las diferencias entre estas palabras, y entre el mismo diezmo bíblico y el diezmo moderno. Uno fue establecido por Dios, el otro fue una costumbre hecha por hombres y su avaricia. Por otro lado, hay que reconocer la enseñanza espiritual y moral que yace detrás del diezmo bíblico antiguo, y de la necesidad de dar ofrendas bíblicas, y tomar en cuenta que hay discípulos y servidores de Cristo que caminan por el camino angosto, que han dejado todo atrás y son dignos de "recibir su alimento".

Hay que reconocer que hay hermanos y hermanas en todo el mundo que tienen necesidad de ofrendas. Desde los predicadores de la verdad de Cristo, hasta los pobres y marginados de la sociedad, que Dios también ama y a quienes también desea la salvación y bienestar, a través de la caridad de los cristianos. Hay multitud de organizaciones cristianas de caridad en todo el mundo, que tienen a servidores de Cristo que sí requieren ayuda en especie e incluso de forma monetaria. Ejemplo de esto son orfanatos, centros de asistencia social, y muchas clases de organizaciones de misioneros. Sin embargo, debemos tener discernimiento espiritual y orar a Dios para que Él nos guíe y muestre si no son lo que dicen ser. 

Ahora sabemos que ya nadie requiere diezmo en el Nuevo Pacto, pero también sabemos que hay quienes siguen y seguirán necesitando ofrendas. Quienes las necesitan no son los pastores asalariados ni la gente adinerada, sino toda clase de hermanos y hermanas necesitados. Quienes lo necesitan no son los enriquecidos que quieren más riqueza, sino los desposeídos y los que no tienen heredad sino escasez. Eso incluye a los que han dejado todo para proclamar el cuerpo de Cristo. Por lo tanto, es esencial e imprescindible pedir a Dios la guía de Su Espíritu Santo que nos muestre quién realmente está sirviendo al Señor y quién no, y nos ayude a ver quién es obrero fiel del Señor, y quién es un obrero fraudulento y oportunista del diablo, quién es una oveja necesitada y quién es un lobo rapaz, quien sirve al pecado, y quien sirve a Cristo o busca a Dios de corazón.


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1 comentario:

  1. Buenas noches,, muy interesante su análisis sobre el dar según la biblia, los diezmos y las ofrendas, me parece bien fundamentado, claro, primero entiendo lo del antiguo testamento eran otras épocas donde la nación entera era muy pequeña en comparación con la actualidad, segundo la economía se movía todo en especie, ademas que no había mucho trabajo, noo?,,,tengo una consulta y creo que me podrías ayudar con una duda, actualmente soy un cristiano recién bautizado y estoy haciendo un estudio relacionado con el diezmo, de acuerdo con su análisis, entonces las iglesias (ninguna) debería recibir diezmos,,,, segun esto, cual seria su concepto respecto al sostenimiento de infraestructura y parte administrativa de la congregación, le reitero, soy recién bautizado y a la iglesia a la que asisto solo pertenecen 60 personas, no se cuenta con un sitio propio de congregación y es necesario rentar sitios para este fin, la iglesia no recibe ayuda de nadie, solo de sus discípulos, que por cierto somos de clase media baja,se practica doctrina sana y todo basado biblicamente, en este sentido, estaría mal recibir diezmos, siendo que con esto se sostiene toda la misma infraestructura o la organización de la iglesia que esta puesta al servicio de todos,,,ha por cierto, el pastor no recibe salario del diezmo que se recoge por que el si tiene ayuda internacional,,,todo lo que se recoge que por cierto es muy minimo se destina para la misma iglesia,,,,en que me podrías ayudar...muchas gracias.

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