domingo, 7 de diciembre de 2014

Un religión que hace

"Una religión que hace" 

Sermón del pastor Martin Luther King Jr.



"En el séptimo capítulo del Evangelio de Mateo encontramos estas palabras apremiantes que fluyen de los labios de nuestro Señor y Maestro:
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos." 
En estas palabras Jesús pone énfasis en una concreta religión práctica y no en una religión teórica abstracta. En otras palabras, él está poniendo énfasis en una religión activa que hace, en vez de en una religión pasiva de hablar. La religión, para ser real y genuina, no sólo debe ser algo de lo que los hombres hablen, más tiene que ser algo que los hombres vivan. Jesús reconoció que siempre existe el peligro de tener una presión arterial alta de credos y una anemia de acciones. Él estaba seguro de que el árbol de la religión se seca e incluso muere cuando no puede producir el fruto de la acción.

Volvamos por un momento a algunas de las verdades implícitas en nuestro texto, que siempre nos debe desafiar como cristianos. La primera verdad implícita en nuestro texto es que la prueba de la fe es la acción. Esto es sólo otra forma de decir que un hombre va a hacer lo que cree, y en el análisis final, será lo que hace. No puede haber un verdadero divorcio entre la fe y la acción. Es posible que haya algún divorcio entre el asentimiento y la acción intelectual. Concordar de manera intelectual no es más que estar de acuerdo en que algo es verdadero; la verdadera creencia está actuar como si fuera verdadero. La creencia siempre se manifiesta en la acción. La prueba definitiva de que un hombre cree, no es lo que dice, sino lo que hace. Muchas personas, por ejemplo, dicen que creen en Dios, pero sus acciones revelan la negación misma de la existencia de Dios. Verdaderamente, el gran peligro que amenaza la religión no es el ateísmo teórico tanto como el ateísmo práctico; no tanto negar la existencia de Dios con nuestros labios, sino negar la existencia de Dios con nuestras vidas .¿Cuántos de nosotros supuestos cristianos afirmamos la existencia de Dios con nuestras bocas y negamos su existencia con nuestras vidas?

Esto hace que muchos se pregunten si realmente creemos en Dios. Y no hay justificación para tal maravilla. Si un hombre cree que hay un Dios que guía el destino del universo, y que este Dios ha plantado en la fibra del universo una ley moral inexorable que es tan permanente como las leyes físicas, tal persona actuará conforme a ello. Y si no actúa conforme a esto, toda su impresionante elocuencia acerca de su creencia en Dios se vuelve como metal que resuena y címbalo que retiñe. En última instancia, la creencia es validada por la acción. La prueba definitiva de la sinceridad de una persona al clamar 'Señor, Señor', se encuentra en su hacer activo de la voluntad de Dios.

Una segunda verdad implícita en nuestro texto es que la verdadera religión no es una mera forma, sino una fuerza dinámica. Ahora bien, no puede haber ninguna duda de que esta es un área en la que hemos fracasado miserablemente. La traducción del Dr. Moffatt de ese pasaje familiar en la Segunda Carta a Timoteo [3:5], es una descripción verdadera de gran parte de nuestra cristiandad convencional. Se lee "A pesar de que tienen apariencia de piedad (religión), no tienen nada que ver con el poder de ésta."

Ciertamente eso describe muchas personas. Hay alrededor de 700 millones de cristianos en el mundo de hoy en día [1954], y si la fe en Cristo y su forma de vida fuera una fuerza vital en cualquier semejanza a esa cifra, la condición de este mundo sería mucho mejor de lo que es. ¡Cuánta verdad hay en las líneas de un poeta moderno que habla sobre las alabanzas de nuestras congregaciones!:

"Lo hacen todos los domingos,
Estarán toda la noche del lunes,
Sólo es un pequeño hábito que han adquirido."

¿Cuánto de nuestro cristianismo contemporáneo puede ser descrito como un mero hábito dominical? Para decirlo figuradamente, el cristianismo no es una prenda que usamos en la vida cotidiana, sino un traje que nos ponemos los domingos por la mañana, y que colgamos de cuidadosamente en el armario por la noche del domingo, y nunca volvemos a tocar de nuevo hasta el próximo domingo. Tenemos una apariencia de religión pero no tenemos nada que ver con ella como una fuerza. Como Elis Stanley Jones lo dijo, "vacunados con una forma ligera de cristianismo, nos hemos vuelto inmunes al credo genuino." Sin embargo, si la religión ha de ser real y genuina en nuestras vidas, entonces debe ser vivida como una fuerza dinámica. La religión debe ser eficaz en el mundo político, el mundo económico, y de hecho toda la situación social. La religión debería fluir a través de la corriente de toda la vida. La dicotomía fácil entre lo sagrado y lo secular, el dios de la religión y el dios de la vida, el dios del domingo y el dios del lunes, ha causado estragos en los portales de la religión. Tenemos que darnos cuenta de que el Dios de la religión es el Dios de la vida y que el Dios del domingo es el Dios del lunes.

Una de las cosas que impide que la iglesia sea la fuerza dinámica que puede ser, es la profunda división interna. Discutimos interminablemente sobre doctrinas y rituales y denominacionalismo, mientras las fuerzas malignas están sobre la marcha. Mis amigos, las fuerzas malignas en el mundo de hoy son demasiado fuertes como para ser enfrentadas por denominaciones aisladas. Tenemos que darnos cuenta de que tenemos una unidad de propósito que trasciende todas nuestras diferencias y que el Dios a quien servimos no es un Dios denominacional. Cuando nos damos cuenta de esto, podemos enfrentrar las fuerzas malignas, no con una mera forma, sino con fuertes fuerzas organizadas del bien. Que no se diga que tenemos una forma de religión, pero no tenemos nada que ver con ella en cuestión de poder...

Una verdad  definitiva implícita en nuestro texto es que nunca hay que sustituir la estética por la ética. Como dijo el Dr. Harry Emerson Fosdick: "Hay dos conjuntos de facultades en (todos) nosotros, lo estético y lo ético, el sentido de la belleza y el sentido de deberes, y Cristo llama a ambos." Y siempre hay un peligro constante de que estemos tan envuletos en el canto de nuestros hermosos himnos acerca de Cristo, y admirando nuestra hermosa arquitectura y rituales, que nuestra religión acaben siendo solamente adoraciones emocionales que dicen: "¡Señor, Señor!".

Vemos en nuestro mundo de hoy a incontables millones de personas que alaban a Cristo emocionalmente, pero no moralmente... Mi amigos, permítanme decir que un cristianismo que alaba a Cristo emocionalmente, y no le sigue éticamente, es una farsa convencional. Aunque estemos bien resguardados en medio de nuestras hermosas iglesias y en nuestra arquitectura encantadora, Cristo está más interesado por nuestra actitud hacia el prejuicio y la guerra, de lo que está en nuestras largas procesiones. Él está más interesado en la forma en que tratamos a nuestros prójimos, que en la fuerza con la que cantamos sus alabanzas. Cristo está más interesado por nuestra forma de vivir una vida altamente ética, que por nuestro conocimiento altamente detallado sobre los credos de la cristiandad. No todo, ninguno, que meramente diga: "¡Señor, Señor!", sino el que haga la voluntad del Padre.

Hay una historia muy interesante que nos viene de la pluma del Dr. Price Hughes [pastor cristiano de Gales]. Se las contaré tal y como lo hizo el Dr. Howard Thurman: 


La historia tiene lugar en "la ciudad de todas partes". Es la historia de un hombre que pude haber sido yo, porque una vez soñé que viajaba a esa ciudad. Llegué temprano una mañana. Hacía frío, había copos de nieve en el suelo y cuando me dirigía al tren hacia la plataforma, me di cuenta de que el hombre que cargaba las maletas y el mozón de estación estaban ataviados cómodamente con gruesos abrigos y con guantes, pero por extraño que parezca, no usaban zapatos . Al mirar más allá, me di cuenta de que nadie en la estación llevaba zapatos. Me subí al tranvía, y vi que mis compañeros de viaje también estaban descalzos, y al llegar al hotel, encontré que tanto al botones como al trabajador, les faltaban zapatos. Incapaz de contenerme por más tiempo, le pregunté al gerente insinuante que era lo que significaba la costumbre. 
"¿Qué costumbre", dijo él."¿Porqué...?", le dije, señalando sus pies descalzos, "¿Porqué no usan nada de zapatos en esta ciudad?""Ah", dijo él, "así es esto. "¡Quien sabe!""Pero, ¿qué es lo que pasa? ¿No cree usted en los zapatos? ""¡Que si creemos en los zapatos, mi amigo! Debo decirle que sí creemos. Ese es el primer artículo en nuestro credo: zapatos. Son indispensables para la humanidad.""Bueno, entonces, ¿porqué no los usan?", le dije, perplejo."Ah", dijo él, "así es esto. ¡Quien sabe!" 
Después de que me registré en el hotel, me encontré con un caballero que quería enseñarme la ciudad. Lo primero que vimos al salir del hotel fue una grandísima estructura de ladrillos, de proporciones impresionantes.
A ésta, él señaló con orgullo:"¿Ve eso?", dijo él, "¡esa es uno de nuestros maravillosos establecimientos de manufacturación de zapatos!""¿Un qué?", pregunté con asombro. "¿Quiere decir que ustedes fabrican zapatos allí?"
"Bueno... no exactamente," dijo él," allí hablamos de hacer zapatos, y créame, tenemos uno de los jóvenes más brillantes que haya escuchado jamás. Él habla conmovedoramente y convincentemente cada semana sobre este tema de los zapatos. Él tiene una manera de lo más convincente y atractiva de hablar de eso. Precisamente ayer el conmovió al pueblo profundamente con su exposición de la necesidad de usar zapatos. Muchos se acongojaron y rompieron en llanto. Fue realmente maravilloso".
"Pero, entonces ¿por qué no los usan?", le dije insistentemente."Ah," dijo él, "así es esto. ¡Quien sabe!" 
Y saliendo de "La ciudad de todas partes" en el "Aquí", una y otra vez esa pregunta resonaba en mis oídos: "¡Quien sabe!, ¡Quien sabe!, ¡Quien sabe!"
Amigos míos, decimos que creemos en usar el camino de Cristo. Construimos bellas iglesias en las que predicamos y cantamos con elocuencia conmovedora acerca de la necesidad de seguir su ejemplo. Pero ¿por qué no lo hacemos?




"¿Por qué me llamáis, 'Señor, Señor', y no hacéis lo que yo os mando?" 
"¡Quien sabe!, ¡Quien sabe!, ¡Quien sabe!"



Traducido de:

Ralph Luker, Penny A. Russell. 2007. The Papers of Martin Luther King, Jr: Advocate of the social gospel, September 1948-March 1963. University of California Press, pp. 173-174

jueves, 17 de julio de 2014

Por Cristo se debe renunciar a todas las iniquidades ~ John Bunyan

Por John Bunyan


"Tal vez haya algunos que pregunten ¿cuál es la iniquidad de la que nos debemos apartar, si llamamos a eso nombre religioso, el nombre de Cristo?

Respondo, PRIMERO, en general. Aquellos que profesan religiosamente el nombre de Cristo, deben apartarse de TODA INIQUIDAD. Deberían dejar de lado toda pesadez; deberían huir de toda apariencia de maldad. Hebreos 12:12, Tesalonicenses 5:22. Hay muchos que están dispuestos a deshacerse de algunos pecados, de algunos placeres, de algunas ganancias injustas, con tal de que puedan ser salvos, pero el vender todo, el ceder todo, el deshacerse de todo, es un capítulo muy duro.Y sin embargo el Señor Jesús está aquí, diciéndonos del mismo modo "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo." (Lucas 14:33).

Cristo, por estas palabras, requiere más de aquellos que son suyos, que olvidaran toda su iniquidad: Por tanto es seguro que eso incluye a cada pecado. No menos que la obediencia universal probará que un hombre es sincero. Un corazón dividido es culpable. Oseas 10:2. Aquél que no abandona cada pecado, es "parcial en la ley," y no tiene respeto por todos los mandamientos de Dios. Donde hay reservas, no puede haber verdadero amor a Cristo: aquél que esconde cualquier pecado dentro de su pecho, o que lo mantendrá, como dice la frase, es, bajo su propia lengua, un enemigo secreto de Jesucristo. Job 20:13; Juan 14:21-24. No ama a Cristo aquél que no guarda sus palabras. Poner un pie entre dos cosas es inútil; y ningún hombre puede servir a dos amos o señores. Cristo es un señor, y el pecado ciertamente es un señor, y son señores tan opuestos, que aquél que de inmediato se una a uno de ellos, ante el otro será contado como su enemigo. Si algo del pecado se consintiese, Cristo se encontrará siendo rechazado. ¿Qué hombre se consideraría a sí mismo como amado de su esposa, si sabe que ella está de adúltera con otro? "No te prostituirás, ni serás de otro hombre", dijo él, "y yo seré para ti" (Oseas 3:3).

¿El rey contará como súbdito leal a aquel que se esconde en su casa, se sostiene de su cama, y come de su mesa, aquél que implacablemente odia y busca asesinar a su majestad? Porque, si el pecado es ese enemigo del Señor Jesucristo, por tanto, como los reyes mandan a que los traidores sean entregados a justicia, de la misma manera, Cristo manda a que nos apartemos de la iniquidad. "Aparta toda la iniquidad," es una buena oración, y asimismo: "resistir hasta la sangre, luchando contra el pecado" es una buena batalla; y aquél que pone "todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristoobtiene una espléndida victoria. Oseas 14:2; Hebreos 12:4; Corintios 10:5. La gracia crece como levadura en el alma, y consecuentemente, todas sus partes. Ahora bien, en donde todo completo es hecho levadura, el sabor debe necesariamente ser el mismo en todo. La gracia no da poder, facultad o pasión al alma que no permanece santificada; por lo cual, no hay esquina del alma santificada donde el pecado esconda su cabeza para encontrar descanso y morar sin control. En consecuencia, aquél que reciba a tal o cual pecado, de modo que éste pueda encontrar un escondite, y morar en su corazón, no es ningún hombre cristiano. Por lo tanto, que los que profesan ser cristianos en el nombre de Cristo, manifiesten que no lo hacen fingidamente, al apartarse de la iniquidad. 

Pero, en segundo lugar, y muy particularmente, que aquellos que invoquen el nombre de Cristo, como los anteriores, se aparten de su constitución pecaminosa, es decir, del pecado al que está inclinado su temperamento. Todos los hombres no están igualmente inclinados al mismo pecado, sino que hay algunos inclinados a uno y otros inclinados a otros. Ahora bien, que todo hombre que profesa el nombre de Cristo religiosamente, considere dentro de sí: ¿A qué pecado o vanidad estoy más inclinado? ¿al orgullo?, ¿as la codicia? ¿a la lujuria carnal? Y que pongan manos a la obra, por todos los medios, para renunciar y apartarse de eso...

No puede aparecer un gran cambio en ti, sin importar la profesión de Cristo que hagas, a menos de que eches fuera el pecado de tu pecho. La constitución pecaminosa de un hombre, como se me permite llamarla, su pecado visible, [a menudo] está en aquello por lo que tus vecinos te conocen o te describen; ya sea orgullo, avaricia, ligereza o mentira...  Una vez más, aquellos que invoquen el nombre de Cristo deben apartarse de su constitución pecaminosa, así como se deben apartar también de los pecados del temperamento de otros hombres. 

No sea que habiendo huido de tus propios pecados, seas atrapado por los pecados de otros. "No participéis de otros pecados de los hombres" es el consejo y la advertencia de que Pablo da a Timoteo, si éste quiere mantenerse puro. 1 Timoteo 5:22. 1. 

¿Profesas el nombre de Cristo, y pretendes ser un hombre que abandone la iniquidad? Entonces ten cuidado de no engañarte a ti mismo, cambiando un mal camino de pecado, por otro malo camino de pecado...." 


Bunyan, John. "Works of John Bunyan — Vol. 2". 2014. Book

Arrepentimiento real - A. W. Tozer


"El arrepentimiento más verdadero y más aceptable es revertir los actos y actitudes de las que nos arrepentimos. Nos arrepentimos mejor de nuestra negligencia o descuido al no ser negligentes o descuidados ante Él nunca más. 

Pensemos en Él como Aquél que debe ser adorado y obedecido. Abramos cada puerta e invitémoslo. Rindamos a Él cada habitación en el templo de nuestros corazones e insistamos en que Él entre y pase como Señor y Maestro dentro de su propia morada."
~ A. W. Tozer, 
Tozer on the Almighty God: A 366-Day Devotional


"El hombre que cree, obedecerá; el no poder obedecer es la prueba convincente de que no hay verdadera fe presente. Para intentar lo imposible, Dios debe dar la fe, o no va ha haber nada, y Él da la fe sólo al que es obediente de corazón. Donde hay arrepentimiento real, hay obediencia, porque el arrepentimiento no sólo es penar por los fracasos y pecados del pasado, sino también una determinación para comenzar ahora a hacer la voluntad de Dios como Él nos revela que la hagamos."
 ~A. W. Tozer
The Best of A. W. Tozer Book One, Book 1

¿Eres cristianio real o nominal? - William Wilberforce

Por William Wilberforce
Un fragmento de su libro "Cristianismo real" 

"En la mente de los cristianos más nominales aparece una idea profundamente inadecuada sobre la culpa y la maldad del pecado. Es como si suponieran que la religión no es más que un asunto policiaco. Ven las ofensas como daños a la sociedad, pero no hacia Dios. Incluso diferencían los vicios. Cuando los ven en los bajos estratos de la sociedad, los ven como algo ofensivo. Se hacen excusas de los mismos pecados en los rangos altos de la sociedad, porque atraen más prosperidad, o ánimo ánimo, o civismo enaltecido. ¡Cuán injusto es ver los males sociales en las clases bajas de la sociedad, y sin embargo, aceptarlos entre clases altas de expresivo librepensamiento, galantería, jovialidad, y mil cosas más con términos y adjetivos lisonjeros!  
Pero la Palabra de Dios estima las acciones por medio de un estándar mucho menos complaciente. Allí no leemos sobre pecados "pequeños". En el Sermón de la Montaña, no se hace distinción entre los pecados de los ricos o de los pobres. No se hacen referencias a la escala moral de las clases altas o bajas de la sociedad. La idolatría, la fornicación, la lascivia, la embriaguez, las orgías, y afecciones desenfrenadas: el Apóstol las clasifica a todas con el robo y con el asesinato. La menciona en una manera en que se afirma de estos pecados, "que todos aquellos que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios" (Gálatas 5:21).  
La perspectiva de los cristianos nominales revela la ausencia de un principio que es la fundación de la verdadera religión. Sus escasas nociones sobre la culpa y la maldad del pecado revelan una completa falta de reverencia por la majestad divina. Este principio es justamente referido en la Escritura como "el principio de la sabiduría". Tal vez no hay otra cualidad significantes que los escritores sagrados hayan enfatizado tanto e intentado tanto inculcar en el corazón humano (Job 28:28, Salmos 111:10, Proverbios 1:7-9). La Escritura considera el pecado como rebelión a la soberanía de Dios. Cada acto distinto de pecado viola igualmente Su ley. Si se persevera en él, se niega Su soberanía. 
Al que es jovial y descuidado, esto le puede parecer duro. Vanamente revoloteando bajo el resplandor del éxito mundano, se apaciguan a sí mismos en una falsa seguridad. "Pero el Señor vendrá como ladrón en la noche" (1 Tesalonicenses 5:02). "Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de tal manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad!" (2 Pedro 3:11). "Los malos serán trasladados al infierno, Todas las gentes que se olvidan de Dios." (Salmos 9:17). Uno debería observar cuidadosamente que estas terribles declaraciones sobre el futuro castigo del pecado derivan de la consideración de que son no sólo una sentencia judicial, sino que surgen a partir del orden establecido de las cosas. Tanto el reino de Dios, como el reino de Satanás están establecidos en el mundo, y debemos pertenecer a uno o al otro.  "Los justos han pasado de la muerte a la vida" (Juan 5..: 24). "Son librados del poder de las tinieblas, y trasladados al reino del amado Hijo de Dios" (Colosenses 1:13). Sobre los pecadores que no han sido perdonados, las Escrituras declaran, por otro lado, que "son de su padre el diablo" (Juan 8:44). Mientras que, en la tierra, los hijos de Dios son llamados "sus siervos", y se dice que ellos "hacen sus obras.". . .



El cristianismo no es un término geográfrico, sino un término moral. No es propio de un país cristiano, es una condición del alma. Además deesto, no es un estado en el que hemos nacido de forma natural. Es un estado en el que Dios nos ha de convertir.  
¡Nacer de nuevo! Por un lado, es la obra de la gracia inmerecida de Dios. Por otro lado, Dios nos encomienda a "trabajar por nuestra salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12). La Escritura representa a los cristianos reales como aquellos cuyos nombre son "dignos para participar en la herencia de los santos en luz" (Colosenses 1:12). Así pues, consciente de la necesidad indispensable y la ardua naturaleza de servicio al que se involucra, el verdadero cristiano se fija en la obra con vigor y la busca con diligencia."   
La Biblia describe un estado asó como el de alguien que es un peregrino y forastero. Todas las otras figuras e imágenes son dadas para dar un significado preciso. De ellas, nunca se visualiza más frecuentemente en las Escrituras sino aquella en la que se trata de un viaje. El cristiano no es sino un viajero. Se prepara para todas las dificultades de la vida. Sabe que debe esperarlas un un clma tormentoso e incierto del mundo. Pero va a viajar "a un mejor país" de luz sin tinieblas y de serenidad. Si el viaje es un poquito desagradable, será menos probable que el pierda el tiempo en otro camino, y también puede disfrutar lo que es hermoso y examinar lo que es curioso. El agradecimiento lo refresca.... Es de un valor infinito establecer en nuestras mentes un sentido fuerte y habitual del primer y gran mandamiento "Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Deuteronomio 6:5). 
¡Mirando hacia Jesús! ¡De ahí podemos aprender a crecer en el amor de Dios! Ciertamente ahí es demostrada por completa Su piedad y amor hacia los pecadores que se arrepienten. Ahí nos animamos al perdurar en la disposición de tratar de agradar a nuestro gran Benefactor, quien ya se ha probado a Sí mismo como alguien que está dispuesto con bondad hacia nosotros.. 
¡Mirando hacia Jesús! De ahí nos hacemos conscientes de lo muy indignos que todos somos de Su maravilloso amor, y nos avergonzamos de nuestro servicio más activo. Reduce nuestro orgullo y disminuye nuestras opiniones sobre nosotros mismos. Nos volvemos menos dispuesto a requerir el respeto de los demás y sentimos menor resentimiento cuando se nos ofende [o insulta]. Cuando vemos la humillación de nuestro Señor, y que "el siervo no es mayor que su Señor" (Juan 15:20), nosotros también recibimos humildad.  Si realmente crecemos en la gracia, creceremos en la humildad.... 
¡Mirando hacia Jesús! De ahí lo seguiremos a Él como el Autor y cumplidor de nuestra fe. Porque "Él vive perpetuamente para interceder" por Su gente (Hebreos 7:25). Ahí buscamos nuestras labores y cumplir nuestra mayordomía. Ahí nos conducimos en la medida que se nos determina por nuestro bendito Señor, cuya comida y bebida fue para hacer la voluntad del Padre Celestial. La comprensión de esta perspectiva le da al cristiano un alivio para la adoración y el servicio del mundo celestial. Por lo tanto, no deberíamos olvidar que la principal diferencia entre el cristianismo real y el sistema de la masa de cristianos nominales consiste principalmente en el lugar distinto que se le da al Evangelio. Para los nominales, las verdades del Evangelio son como estrellas distantes que brilllan con un destello vano e inactivo. Para los cristianos reales, éstas doctrinas distintivas constituyen el centro en el cual gravitan, como el sol en su sistema, y la fuente de su luz, afecto y vida. Incluso el mismo Antiguo Testamente, aunque es una revelación del cielo, brilla con rayos temporales y escasos. Pero el Evangelio devela a nuestros ojos sus benditas verdades, y somos llamados a contemplar y disfrutar "iluminación del conocimiento de la claridad de Dios en la faz del Cristo Jesús." (2 Corintios 4:6) 
~ William Wilberforce
Real Christianity: Discerning True Faith from False Beliefs
(Cristianismo real: discerniendo entre la verdadera fe y las falsas creencias)