martes, 15 de mayo de 2018

La Reforma que necesita el cristianismo contemporáneo

El problema del denominacionalismo

En la época moderna, se estima que existen más de 30,000 denominaciones que oficialmente se consideran cristianas alrededor del mundo: católicos,  ortodoxos, bautistas, reformados, luteranos, calvinistas, presbiterianos, anglicanos, metodistas, adventistas, pentecostales, carismáticos, apostólicos, testigos de jehová, mormones, son sólo algunas de las más conocidas. Lo contradictorio es que todas dicen basarse en la Biblia y nada más que en la Biblia, pero todas enseñan cosas contrarias entre sí y muchos, faltos de autoexaminación, no logran ver que se han construido en base a fundamentos ajenos a la palabra. De esta forma, pocos practican el Evangelio consistentemente y muchos lo malinterpretan debido a doctrinas y enseñanzas no bíblicas que fueron añadidas posteriormente en algún momento de la historia.

La teología de personas sabias en sus propios ojos hace que el significado de la vida espiritual se vea muy distorsionada. Los que asisten a una iglesia y se sientan en su culto dominical, miran alrededor y se forman una idea de cómo es ser cristiano. A menudo creen que están haciendo bien las cosas, porque se comparan con el hombre y hacen lo que los otros miembros de su grupo también hacen. Pero si van a otra iglesia, de otra denominación, verían otra imagen de lo que otros piensan que es ser cristiano, y así sucesivamente.

La gente religiosa suele suponer que, por estar escuchando a alguien que sabe mucho de la Biblia, está en el lugar correcto, pero todas las denominaciones tienen gente que conoce la Biblia y todos creen que lo que están enseñando es la verdad. El problema común es que los líderes religiosos interpretan la Biblia a través de sus propios lentes religiosos, más para defender sus propios puntos de vista teológicos, que para buscar y conocer la verdad de Cristo tal y como es enseñada por el Espíritu Santo. En consecuencia, mucha gente hoy en día tiene un mal entendimiento del evangelio y una mala interpretación de Dios.

El denominacionalismo que vemos hoy en día no es un reflejo de una verdadera vida cristiana. Mucho de lo que hacemos hoy en día en las iglesias cristianas no está basado en la Palabra de Dios, sino en tradiciones que fueron establecidas por el hombre mucho tiempo después, enseñanzas planteadas desde fundamentos ajenos a la Palabra, en algunos casos, hasta enviadas por el enemigo (2 Corintios 11:13-15). Los líderes religiosos nos dicen que ellos enseñan la interpretación correcta y definitiva de las Escrituras, pero en muchos casos no es así: los más conservadores se aferran a resguardar tradiciones que no provienen de la Biblia, y los más liberales enseñan que toda la gente que profesa la fe en Cristo está en paz con Dios e irá al cielo, pero esto también es falso de acuerdo a las Escrituras (Mateo 7:22-24; Lucas 13:23-25). A menudo, los líderes de denominaciones no dejan ser usados para edificar el Reino de Dios; en su lugar, usan las palabras de Dios para defender sus propias tradiciones y lo que han estado haciendo por siglos. Pero Dios no nos mandó a hacer o defender denominaciones.

Por su puesto que Dios no discrimina y Él se agrada de todo aquél que lo busca de verdad (Hechos 10:35). Muchas veces Dios se manifiesta en la vida de creyentes de distintas denominaciones, no porque estén haciendo ellos bien las cosas, sino por su gracia, por su amor y por su misericordia hacia aquellos que invocan su nombre de verdad. Pero Él nos pide que nos examinemos a nosotros mismos y vivamos con amor, humildad, obediencia y fe, y que no sigamos a los hombres. El poder de Dios es ilimitado y Él es soberano para actuar de maneras mucho más grandes de lo que nuestra teología denominacional lo percibe. Y esto ocurre porque Dios no habita en edificios hechos por las manos del hombre (Hechos 7:48, 17:24), sino en los corazones de sus hijos, quienes le siguen de corazón y de hecho.

Mucha gente dentro de las iglesias denominacionales anhela de verdad la intervención de Dios en sus vidas, pero por causa de una teología errónea que los encierra en un edificio y limita su fe a la teoría, la vida espiritual encuentra tropiezos y dificultades que no son propias de la voluntad de Dios. Muchos congregantes, pastores y sacerdotes también quieren ver una reforma porque sienten que la vitalidad se les está yendo poco a poco. Muchos se sienten apagados, cansados de la religión ritualista, y de estar sentados. Concuerdan con lo que dijo Steven Hill: que "si seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho, siempre obtendremos los resultados que siempre hemos obtenido". Quieren ver un cambio, pero son partícipes de las estructuras y modelos que impiden su llegada. Debemos entender que Dios bendice y confirma su palabra pero no tiene el más mínimo interés de confirmar nuestras tradiciones religiosas. Dios ama su palabra y ama cuando le obedecemos y lo honramos y hacemos lo que Él dijo. Él no bendice la necedad ni la la obstinación al modo humano de ser.

La religión creada, manejada y manipulada por el hombre es como estar encerrados en una caja y querer que Dios quepa en ella. El funcionamiento de las denominaciones hace que la vida espiritual se convierta en una religión (un culto en el que la presión social de hace que los miembros imiten a los demás en lo que hacen, piensan o dicen). En vez de tener una relación íntima y personal con Dios (lograda a través de la práctica la del amor, la obediencia al Evangelio y la constante oración), el denominacionalismo ocasiona que no seamos efectivos, ni en nuestro conocimiento de Dios, ni a la hora ser y hacer discípulos de Jesús. El Espíritu Santo es apagado (1 Tes.5:19-20). La vida espiritual  se les va porque construyen en base fundamentos que no son la Palabra.

Debe llegar un momento en la vida del cristiano haga una pausa y deje que solo la Palabra de Dios le muestre lo que en realidad significa ser cristiano y la verdad original de las doctrinas que se le han enseñado. El cristiano cuenta con un libro sobrenatural que sólo puede entenderse con una interpretación sobrenatural porque la Escritura no es un asunto de interpretación personal: el Espíritu Santo es el único que puede entregar al hombre el mensaje verdadero de parte de Dios (2 Pedro 1:20). Dios nos llama a humillarnos y entender que las respuestas no vienen de nuestras percepciones, sino de Su Espíritu. La vida cristiana no se desarrolla con base a una teología infructífera, sino con verdadera libertad en Cristo. La vida cristiana no se encuentra aferrándose a las tradiciones religiosas, sino a la verdadera doctrina bíblica. La vida cristiana no se aprende imitando a los otros creyentes, sino imitando a Cristo y a los apóstoles que seguían su ejemplo.

Mientras lea este tratado, deténgase por un momento, escuche y reflexione para oír lo que le dice su conciencia dada por Dios. Mire en la Palabra de Dios para ver si esto es verdadero, ore, y pida guía a Dios, y se sorprenderá de ver que mucho de lo que nos hemos desviado, pues mucho de lo que hemos estamos haciendo "en la iglesia" no está basado en la palabra de Dios, sino en tradiciones de hombres.

El cristianismo de los primeros cristianos

Para ser y hacer discípulos de forma bíblica, no hay fórmulas nuevas debajo del sol. Debemos volver a las sendas antiguas del cristianismo primitivo, romper con las tradiciones religiosas que no son bíblicas y llegar a tener una vida cristiana normal de acuerdo a los estándares de Dios. Debemos despegarnos de la rutina de nuestra vida diaria y dar un paso de fe, más allá de nuestra caja denominacional. Para hacer esto tenemos que ir al Libro de los Hechos.

Si bien, en el Antiguo Testamento se aprende muchísimo del ejemplo espiritual de los patriarcas hebreos y profetas judíos, allí todavía no había ningún cristiano seguidor de Jesucristo como tú o como yo, pues ellos vivían en la época antes de la primera venida del Mesías, antes de la cruz. Muchas iglesias todavía quieren hacer las cosas como en el Antiguo Testamento, sin percatarse de que en aquellos días la vida era muy diferente y se vivía bajo un Antiguo Pacto que estaba próximo a desaparecer (Jeremías 31:31-32, Hebreos 7:13, 8:8-9, 8:13).

Los cuatro evangelios son sumamente importantes, pero tampoco muestran en plenitud la imagen completa y madura de un discípulo de Jesús. En ellos aprendemos a imitar a Jesús, a conocer las palabras de Jesús, a entender lo que Jesús nos llama a hacer hoy en día, lo qué les enseñó a sus discípulos a obedecer, cómo se dio en sacrificio para nuestra salvación, cómo resucitó, cómo convenció a sus discípulos, cómo ascendió, y todo lo que enseñó en el transcurso. Pero en los Evangelios los discípulos no eran totalmente maduros espiritualmente, aún no había seguidores en las mismas circunstancias que tú o que yo, porque ellos seguían a Jesús en persona, Él aún no había ascendido (sino hasta el final), y el Espíritu Santo aún no había sido dado o derramado en ellos (Juan 7:39). En los cuatro evangelios encontramos también muchos aspectos de transición del Antiguo al Antiguo Pacto, que son necesarios diferenciar, porque el Nuevo Pacto entró en vigor hasta la cruz (Hebreos 9:15-17). 

En las cartas del Nuevo Testamento escritas por Pablo tampoco vemos específicamente todo lo que un cristiano debería hacer o vivir en la vida diaria. Las cartas nos enseñan muchas cualidades generales que debemos tener, nos dan muchas advertencias, aclaran muchas cuestiones teóricas y hacen muchos llamados de diverso carácter espiritual y colectivo, pero todas las cartas estaban dirigidas a personas que ya eran creyentes. Tampoco vemos en las cartas del Nuevo Testamento acerca de las nuevas conversiones, pues los editores y destinatarios de las cartas, Pablo, Pedro, Timoteo, Santiago u otros, ya eran salvos: santos escribiendo a los santos. Los cristianos no sólo debemos estudiar los evangelios o las cartas paulinas sin considerar uno de los libros más importantes de la Biblia: el Libro de los Hechos.

El Libro de los Hechos es el único libro de la Biblia donde podemos, en términos prácticos, ver cómo luce la vida diaria de un discípulo de Jesucristo, cómo se da la conversión de los gentiles, cómo era la predicación de los discípulos en el primer siglo, cómo era la obediencia de la Iglesia primitiva en términos prácticos y cómo crecían diariamente en Cristo. Es allí donde se muestra de forma más descriptiva la clase de vida que Dios ha preparado para nosotros los cristianos; allí se ve un verdadero reavivamiento espiritual, allí se ve cómo actúa una vida llena del Espíritu Santo y una vida de verdadera práctica bíblica, allí se ve cómo se entrena o se equipa a los creyentes a ser discípulos de Cristo eficientes. Es allí donde leemos cómo los discípulos que amaban a Jesús, estaban dispuestos a tomar la cruz, a ayudar a su prójimo y a seguir a Cristo, hasta la persecución o el martirio que sufrieron bajo sanguinarios líderes romanos. Es allí donde leemos cómo el Espíritu Santo los guiaba y cómo Dios los usaba de maneras distintas para edificar su iglesia. Es allí donde empezamos a ver en términos prácticos el comienzo de la vida cristiana para pecadores que eran nuevos conversos.

La vida de los primeros cristianos influyó al mundo entero y lo puso de cabeza porque ellos ponían en práctica el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo y ese fue el resultado. El movimiento cristiano del Libro de los Hechos era una verdadera revolución espiritual que rompió con esquemas antiguos y modernos. El tema no era tanto la vida de los apóstoles, sino el poder del Espíritu Santo obrando en la vida de ellos. Esto es porque ellos sometidos a Él y le buscaban de todo corazón. Allí vemos cómo Dios les hablaba a los discípulos, cómo ellos testificaban y cómo sanaban enfermos y echaban fuera demonios. Allí vemos que los primeros cristianos vivían de forma bastante distinta a los cristianos modernos y que eran guiados por Dios de formas maravillosas. En el Libro de los Hechos vemos cosas radicalmente distintas a lo que estamos acostumbrados en la iglesia moderna:

Los cristianos:
  • Se reunían en las casas para orar o para enseñar y anunciar las buenas nuevas de que Jesús es el Mesías (Hch. 2:2, 2:46, 5:42, 9:43, 10:27-32; 16:15, 16:32, 16:34, 16:40, 17:7; 18:7, 20:20, 21:8, 21:16, 28:7, 28:23, 28:30)
  • Estaban todos juntos, en un mismo sentir, dedicándose a la oración y permaneciendo unánimes, en una misma mente (Hch. 1:14, 2:1; 2:44, 2:46, 4:24)
  • Hacían las mismas obras que Cristo, saliendo a predicar el Evangelio y practicando la imposición de manos para la sanidad enfermos o para echar fuera demonios con señales y prodigios (Hch. 3:1-11; 5:16; 6:8; 8:6-7; 9:12, 9:17-18, 13; 14:3; 16:16-18; 19:11-12; 20:9-10; 28:8)
  • Seguían mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, apegándose a la misma doctrina de Cristo, sin estorbar la obra sobrenatural de Dios (Hch. 2:42, 4:11, 11:17, 28:31)
  • Se ayudaban entre sí, teniendo todas las cosas en común y los que tenían varias tierras vendían sus posesiones para dar a los pobres o para repartir con los que tuvieran necesidad; no había ninguno que se quedara necesitado entre ellos porque se lo distribuían a cada uno según su necesidad (Hch. 2:45, 4:34-35, 11:29-30). Los apóstoles no tenían riquezas de oro ni de plata (Hch.3:6-8).
  • Se reunían para comer juntos (el partimiento de pan) con gozo sincero y generosidad de corazón (Hch. 2:42; 2:46; 20:11). Había una distribución diaria de alimentos
  • Alababan a Dios cuando se reunían entre ellos, o públicamente, en la calle, por los milagros que se hacían entre ellos (Hch. 2:46-47, 3:8-9, 4:21, 10:46, 11:18, 21:20)
  • Tenían discernimiento y apartaban a falsos profetas y falsos maestros y sus enseñanzas, reprendiéndolos por el Espíritu Santo (Hch. 8:18-23; 13:6-12, 18:24-28)
  • Sufrían persecución y eran acusados falsamente por gente del pueblo, líderes religiosos y por gobernantes, a veces enviados a la cárcel, azotados y en algunos casos hasta apedreados (Hch. 4:3, 5:18, 5:21, 7:58-59, 12:4-6, 14:5; 14:11, 14:19; 16:23, 26:10) 
El Espíritu Santo:
  • Los bautizaba (sumergía) con el poder de lo alto (Hch. 1:5, 1:8, 2:1-4, 2:17-18, 2:33, 4:31, 10:44-45, 8:12-17, 9:17-18, 10:44-45, 11:15-16, 44:47, 19:1-6)
  • Traía temor de Dios sobre toda persona (Hch. 2:43; 5:5, 5:11; 9:31, 19:17)
  • Les hablaba personalmente (Hch. 8:29, 10:19, 11:12, 13:2)
  • Les hablaba a través de visiones (Hch. 2:17, 9:12, 10:3, 10;17-19, 11:5, 16:9, 16:10, 18:9: 26:19)
  • Les decía a dónde debían ir o no ir (Hch. 8:29, 8:39-40, 13:4; 16:6-7; 16:10)
  • Les daba dones sobrenaturales de hablar en lenguas e interpretación (Hch. 2:3, 2:4-7; 2:11-12, 10:46, 19:6)
  • Les daba profecía sobre cosas que ocurrirían a ellos o a su comunidad (Hch. 11:28; 13:9-12; 19:6, 20:23; 21:4-11)
  • Les enviaba ángeles que guardaban su camino en la voluntad del Señor y les anunciaban cosas importantes (Hch. 5:19, 8:26, 10:3, 10:7, 10:22, 11:13, 12:7-11, 12:15, 23:9, 27:23)
A los gentiles:
  • A todos los inconversos se les predicaba el arrepentimiento primero que nada (Hch. 2:38, 3:19, 5:31, 17:30, 19:4, 20:21, 26:20)
  • A todos los conversos se les bautizaba en agua por inmersión al mismo tiempo de su conversión o tan pronto como pudieran, después de creer en el Señor (Hch. 1:20, 2:41, 8:12, 8:16, 8:36-38, 9:18, 10:47, 10:48, 16:15, 16:33, 18:8, 19:5). El bautismo en agua era visto como una sepultura, una petición a Dios de buena conciencia delante de Él para remisión de pecados (Hch. 2:38, 22:16; cf. 1 Pe.3:21), donde se invocaba el nombre Dios (Hch.22:16)
  • Se les decía que esperaran el bautismo en el Espíritu Santo (Hch. 1:5, 1:8, 2:17-18, 2:38, 11:16, 18:25, 19:2-6) 
  • Se les imponían las manos en algunos casos para que fueran bautizados en el Espíritu Santo (Hch. 8:15-18; 16:2-9)
  • No se les exigía guardar los ritos religiosos del Antiguo Pacto (Hch. 15:28-29)
Considerando que ésta era la forma de vida de los primeros cristianos, encontramos un gran problema: que si la comparamos la condición actual de las típicas iglesias locales, especialmente en cuestión de estructura y funcionamiento, la triste realidad es que casi todo lo que vemos es diferente de lo que leemos en el Libro de Hechos.

Por supuesto que los cristianos también se reunían en el templo de Jerusalén (Hechos 2:46), pero éste fue destruído cerca del año 70 d.C. y desde esa época la Biblia señaló que habría un nuevo templo hecho de piedras vivientes: nosotros. Cristo también profetizó que vendría la hora en que ya no se adoraría en el templo de Jerusalén, sino en cualquier lugar, en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24).  

Si reconocemos las diferencias clave, la conclusión lógica es que nuestras vidas deberían parecerse o ser iguales a la que muestra la Biblia para los discípulos de Jesús en el Libro de los Hechos de los apóstoles. Pero, ¿porqué no es así? ¿En qué momento se apartaron las iglesias de los aspectos esenciales de las verdades bíblicas y en cómo preservaron tantos de los desvíos que ocurrieron en la época medieval en la cristiandad?

La formación del catolicismo


Es imposible comprender la situación actual de las iglesias sin revisar los hechos concretos sobre la historia eclesiástica y la formación de la Iglesia más popular e influyente hasta nuestros días: la Iglesia Católica Romana, institución cuya organización y funcionamiento ha permeado las instituciones religiosas occidentales por siglos.

En el año 313 d.C., Constantino emitió un decreto llamado el Edicto de Milán, donde informó que la difusión del cristianismo sería tolerada (los cristianos dejarían de ser perseguidos) y la autoridad de los obispos y líderes religiosos que se encontraban en Roma sería reconocida oficialmente por el Estado. Constantino convocó al Primer Concilio de Nicea (325d.C.) una reunión ecuménica a la que invitó a todos los obispos del Imperio. Con sólo un tercio de los asistentes invitados presentes, Constantino acordó cerca de veinte “nuevas leyes inmutables” (canons) de la religión aprobada por el Emperador. Una de estas reglas establecía que el Obispo de Roma se convertiría en el líder “primus” (primero) por sobre todos los demás líderes religiosos. Esto originó desacuerdos y rencillas entre religiosos y obispos romanos que se descocieron mutuamente y se proclamaron obispos únicos de la ciudad de Roma en diversas ciudades como Italia, Antioquía, Constantinopla, Alejandría y Jerusalén.

La variedad predicadores en Roma se apaciguó cuando un obispo llamado Dámaso I (ca. 304) fue favorecido por Constantino, quien le reconoció como el único verdadero Obispo de la Iglesia Romana. Entre el año 324 y 330, Constantino ordenó la construcción de la ciudad de Constantinopla como nueva capital del imperio y construyó nuevas iglesias católico-romanas. Hizo al Palacio de Letrán, la primera residencia papal para el Obispo de Roma, y comenzó la construcción de la Antigua Basílica de San Pedro que originalmente era llamada "la Basílica Constantina". Aliado y ayudado por la autoridad del poder civil, Dámaso enseñó acerca de la supuesta supremacía o superioridad de la Iglesia de Roma sobre las demás iglesias y se adjudicó a sí mismo una línea de sucesión apostólica que trazó desde Pedro hasta él, tachando a sus rivales obispos u otros líderes religiosos de ser herejes o falsos obispos. Dámaso fue el primero en la historia en hacerse llamar “Papa” y el primero en ser reconocido por un jefe de Estado político (el emperador) como el líder legítimo y aprobado del “cristianismo” (catolicismo). Desde el s. XIV, los líderes que trataron de predicar en Roma sin consentimiento del obispo en función, comenzaron a ser llamados  “antipapas”, "herejes" o usurpadores.

El catolicismo romano, en su afán de ser "universal" y suplantar el judaísmo atribuyéndose su prestigio histórico y una supuesta similitud de pasajes bíblicos, también imitó algunas de las prácticas que éste había tenido anteriormente:
  • Hizo que cada templo católico se convirtiera en centro principal de la ciudad y que se erigieran grandes catedrales (imitando el modelo de "grandeza" que se había seguido con el gran templo de Jerusalén)
  • Hizo que los líderes fueran llamados "sacerdotes" y estuvieran todo el tiempo en el templo (como lo habían hecho en su momento los sacerdotes levitas)
  • Se adjudicó, de esa manera, la autoridad de tener sacerdotes por encima de los creyentes
  • Se adjudicó la facultad de declarar el derecho divino de gobernantes y reyes en la Tierra
  • Se adjudicó la autoridad de hacer guerra santa en nombre de Dios, supuestamente bajo  (de ahí surgieron las cruzadas)
  • Se adjudicó la facultad de determinar leyes de pena de muerte, en supuesta imitación de la teocracia en tiempos del tabernáculo (así justificaría la existencia del orden de la inquisición, y el asesinato de miles de indígenas y protestantes a lo largo de la historia)
  • Se adjudicó la autoridad de dar la única interpretación posible de las Escrituras
  • Enseñó que se debían dar diezmos a los líderes católicos o de monasterios (supuestamente imitando el diezmo de los antiguos judíos habían hecho con los levitas)
  • Comenzó a oficiar ritos religiosos, añadiendo el uso de incienso, que se usaba antiguamente en el tabernáculo de Moisés
  • La aceptación "deuterocanónica" de libros apócrifos antiguos ajenos y desconocidos a la Biblia hebrea
  • El enriquecimiento de la iglesia a través de la acumulación de oro, plata, riquezas y tesoros terrenales en templos católicos alrededor de todo el mundo
Evidentemente, quien ha leído la Biblia sabe que nada de estas cosas tenía verdadera justificación en la moral bíblica, y nada de ello era practicado por los cristianos en el Libro de los Hechos; pero la iglesia católica, corrompida como Constantino, quiso instaurar una teocracia que le diera el poder a él como líder detrás de la Iglesia. Noam Chomsky, historiador, lo resume así: «Jesús mismo, y la mayor parte del mensaje de los Evangelios, es un mensaje de servicio a los pobres, una crítica de los ricos y poderosos, y una doctrina pacifista. Y siguió siendo así, eso fue lo que hizo el cristianismo, hasta Constantino. Constantino lo cambió para que la cruz, que era el símbolo de la persecución de alguien que trabajaba para los pobres, fuera puesta en el escudo del Imperio Romano. Se convirtió en el símbolo de la violencia y la opresión». El cambio de una religión a otra fue muy dramático al conformarse en el catolicismo como una religión estatal: «En los tres primeros del siglo del cristianismo, era una religión radical pacifista, razón por la cual fue perseguida: era la religión de los pobres y los que sufrían; Jesús era el símbolo de los pobres y de los que sufrían, y ahí está la encrucijada. En el siglo IV fue tomada por el imperio romano... que convirtió a la iglesia en la religión de los perseguidores». 

La iglesia católica encontró muy poca oposición, en parte, porque la reputación y el poder se le habían otorgado por Constantino como líder del imperio romano, en parte, porque durante la baja Edad media, a nadie del pueblo se le permitía leer la Biblia en su propia lengua. Pocos, de hecho, sabían leer, y sólo los sacerdotes tenían "permiso" de citar porciones seleccionadas, censuradas y descontextualizadas de las Escrituras, en lengua latina. De esta manera, muchos creyeron de verdad que Constantino se había vuelto "cristiano" y que hacía un buen trabajo, pero en realidad él fue responsable de causar un enorme desorden y confusión que permanece hasta hoy en día.



Uno de los peores cambios de la Iglesia Católica Romana fue que combinó sus ideas pseudocristianas con tradiciones que provenían del paganismo, buscando un sincretismo con otras religiones antiguas (simbología babilónica, simbología romana de adoración solar dentro de los templos, sincretismo de la imagen de santos y vírgenes con ídolos paganos, el incienso en la liturgia, la ostia en forma solar durante la eucaristía, etc.). Además de esto, se añadieron nuevos mandamientos de hombres y dogmas tergiversados...

El catolicismo romano introdujo:
  • La idolatría y veneración a esculturas de santos o personajes bíblicos o estatuas que representaban a Cristo o sus apóstoles. Se comenzó a rezar a personajes ya muertos, a ángeles, a imágenes religiosas, a hacer crucifijos y cruces, y muñecos. 
  • El endiosamiento y adoración de la virgen María, una idolatrización de su figura como madre de Dios, siempre santa, que ascendió al cielo y reina en el cielo, que responde a los rezos, mediadora entre Dios y el hombre, y madre de todos. Además, una exigencia de estas creencias para ser miembros de la iglesia. 
  • La doctrina de sucesión apostólica de la iglesia de Roma, la superioridad del Papa, supremacía de Pedro, el máximo poder del pontificado, los sacramentos indicados por el papa, y la idea de que el líder católico es "nuestro Santo Padre" y el representante de Cristo en la Tierra, y que él tiene facultad de absolver los pecados de los que él quiera, y que todo lo que él diga es infalible (infalibilidad papal).
  • Tradiciones anti-bíblicas como el bautismo de infantes (o bebés), el bautismo por rocío en la cabeza, el bautismo forzado de incrédulos por casamiento o por presión estatal, las indulgencias (venta de una salvación), las bulas (permisos para pecar, otorgados por el papado), la recitación de rezos memorizados, el rosario, el llamarle "padres" a los sacerdotes, la confesión de pecados ante los sacerdotes, el pago de sacramentos, la realización de misas en latín (lengua desconocida), el rito de la eucaristía, el ritualismo de las mismas, el miércoles de ceniza, la cuaresma, la semana santa y la beatificación y canonización de personas.
  • Enseñanzas anti-bíblicas como el celibato de los obispos, la transubstantación, la tergiversación de los 10 mandamientos y la enseñanza de que éstos son la salvación, la enseñanza de que los sacramentos son para salvación, el limbo para infantes, el catecismo católico, la obtención de méritos o gracia de Dios, la salvación por obra, la idea de que sólo los líderes católicos puede dar la interpretación correcta de las Escrituras, la introducción de monjes y monjas.
  • La dogmatización de doctrinas falsas como el concepto de purgatorio, la salvación por medio de obras, la penitencia católica, la idea de que sólo los católicos irán al cielo ("no hay salvación fuera de la Iglesia"), la tolerancia de una vida pecaminosa, el agua bendita.
  • La legitimación de supuestas manifestaciones extrañas como los estigmas, las falsas apariciones de vírgenes y santos, estatuas católicas que lloran y revelaciones místicas
Aunque todo esto ocurrió hace siglos, el modo de funcionamiento y la organización eclesiástica de la Iglesia Católica Romana sigue siendo muy popular e influyente hasta nuestros días a penar de que nada de ello tiene fundamento en el libro de los Hechos. La influencia histórica del catolicismo medieval y la preservación de tradiciones ha sido tan fuerte, que, tristemente, a tantos años después de su formación, muchos grupos del llamado protestantismo o cristianismo evangélico han adoptado, sin darse cuenta, tradiciones del catolicismo en muchos aspectos.

El iglesianismo 



Empezando por la percepción común de muchas personas de que la única manera de acercarse a Dios es yendo a la iglesia (a un templo de ladrillos), y que ésta es el centro de la vida espiritual, la cristiandad occidental ha seguido el mal ejemplo de la Iglesia Católico.

Hoy en día, la vida de muchos creyentes promedio se ha convertido más en un "iglesianismo" que en un cristianismo. Las grandes diferencias entre ambos principios se hacen evidentes si se comparan una por una:
Iglesianismo,
según la religión:
Cristianismo,
de acuerdo a la Biblia:
Estructura y conformación interna
Se ve a la iglesia como una organización, una agrupación, un club social o una institución religiosa para hacer actividades religiosas. 
El templo es visto como un edificio o lugar santo que funciona como casa de Dios. 
Es visto como un lugar al que se tiene que ir los domingos para sentarse, guardar silencio y estar escuchando un sermón. Se piensa que uno va a la iglesia.
Se percibe a la iglesia como el cuerpo de Cristo, en sentido espiritual conformado por cada uno de los que en verdad creen en Él (1 Cor.12:12-27). Dios no habita en templos hechos por las manos del hombre (1Re.8:27; Hch.7:48, 17:24). Nosotros somos el templo de Dios, un templo hecho de piedras vivientes (1Pe.2:4) y su Espíritu mora dentro de nosotros (1Cor. 3:16-17, 6:19-20). Uno no va a la iglesia; uno es la iglesia.
El sacerdocio es un exclusivo de un pastor, un sacerdote, un obispo, un presbítero o un anciano en cada grupo religioso: una persona especial es la que actúa como si fuera la cabeza de la iglesia, intermedia entre Cristo y el hombre.
Se considera que ellos deben tener autoridad, prevalencia y privilegios porque han recibido adoctrinamiento, porque han sido ordenados por otro ministro, porque han estudiado en un seminario o porque tienen educación formal escolar. Sienten que quien no tiene educación no puede ser capaz de entender la Biblia.
Se cree que a ellos solo les compete tomar las decisiones o encargarse de todo; se acepta tácitamente que ellos son los que están aptos para predicar, profetizar, reprender o hacer llamados a los demás miembros de la congregación, pero no se cree que los miembros "comunes" (el laicado) pueda llegar a hacer nada de lo que sólo a ellos les corresponde.
Sólo ellos pueden realizan los bautizos, orar por enfermos o expulsar demonios. Se cree que sólo debe haber un único líder, que otorgue permisos o tenga la última palabra y que a veces delegue funciones a otros cercanos a su jerarquía. Sólo unos cuantos pueden tener este papel en una localidad.
Se enseña el sacerdocio de todos los creyentes como una doctrina fundamental (2Cor.3:6, 1Pe.2:9, 5:8; Ap.1:4-6, 5:6-10). Esto implica que todos los creyentes son considerados sacerdotes en sentido espiritual. Por lo tanto, hay una pluralidad de líderes, ya sea ancianos, diáconos u otros (Hch 2:6-4; 11:30, 14:23, 15:2, 4, 6, 22, 23, 16:4, 20:17, 28, 21:18, 1 Cor.12:4-5, 12:14, Ef.4:11, Fi.1:1, 1Tim.5:17, Ti.1:5, 1:5-9 St.5:14, 1Pe.5:1-2). Cada uno debe esforzarse por escudriñar las Escrituras y obedecerlas; todos están llamados a ser ministros de Dios y a prepararse para predicar a Jesús ante el mundo. Jesús es el Pastor de todos, único intermediario entre Dios y los hombres y Sumo sacerdote de todos. Cristo es la única cabeza de todos y las decisiones son tomadas por medio de concilios con base en las enseñanzas de Cristo (Hch.15). El Espíritu Santo enseña a todos personalmente y fuera de Él no hay necesidad de enseñanza humana (1Jn.2:27). Todos los creyentes pueden predicar a Cristo ante el mundo, bautizar a nuevos creyentes, imponer sus manos para sanar enfermos o echar fuera demonios en el nombre de Cristo, pues son mandatos y promesas de Cristo para todos sus discípulos (Mt.28:19; Mc.16:15-20)
Enseña que se debe tener fe en los líderes de la iglesia o la propia denominación porque ellos son nuestros “guías espirituales”.
Se les considera los indicados para llevarnos al camino de Dios y los congregantes siempre deben someterse pasivamente a los pastores en todas las cuestiones que ellos indiquen.
Se debe tener fe solamente en Dios; Cristo es el único camino que nos puede llevar a Dios y el único que es guía de todos (Col.1:18).
No se puede confiar totalmente en los hombres (Jer.9:4, 17:5, Mi.7:5, Mt.10:17); Si los líderes no se quieren someter a la enseñanza de Cristo, hay que apartarnos de ellos (2Jn.1:9-11).
Se ve al liderazgo como una posición jerárquica donde se ejerce autoridad y superioridad eclesiástica porque la religión está basada en un sistema piramidal. Las iglesias como máquinas o corporaciones con un liderazgo que imita el modelo del marketing, la política, o los grupos criminales.
Los líderes se adjudican la exclusividad de sus congregantes como si fuesen propiedad suya o “sus ovejas”. Se enseñorean de las ovejas y toman las decisiones ellos sólos o únicamente con sus favoritos, y dicen a los congregantes qué hacer o no hacer, cómo hacerlo y cuando hacerlo. Exigen a las ovejas un salario por su labor, a pesar de que no les cuidan del maligno (Jn.10:12-13). Les enseñan cosas que desean oír, no queriendo reprobar ni reprender el pecado, no siguiendo toda sana doctrina, apartándose de la verdad (2Ti.4:1-5). Los líderes se comportan como amos y se piensa que los congregantes deben estar al servicio de los líderes, pedirles permiso para hacer cosas. Se cree que todo lo que sale de sus bocas viene de Dios, por lo cual, nadie es quien para poner en tela de juicio su veracidad. Los líderes son gloriados o aduladoss siguiendo un culto a su personalidad porque son considerados más importantes que los otros y se jactan de sabios.
Se ve al liderazgo como una función de servicio en igualdad (Ga.3:28-29; 1Cor.12:12-27). Su propósito particular es cuidar a los hermanos (1Ti.3:5), apacentar la grey (Jn.21:15-17) y hablar la palabra de Dios (Heb.13:7) con conocimiento (Jr.3:15), trabajando principalmente en la predicación y enseñanza (1Ti.5:17). Las enseñanzas de los líderes deben examinarse a la luz de las Escrituras para verificar que sean verdaderas (Hch.17:11). Los pastores verdaderos no apacientan a las ovejas por dinero (Mt.10:8) y no deben tener señorío o dominio de ellas, sino que son servidores (Mt.20:25-26) y ejemplos del rebaño (1Pe.5:1-3). Ellos “tienen cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho supervisores para pastorear la iglesia de Dios, la cual El compró con Su propia sangre” (Hch.20:28). Todos deben ser humildes y servidores de todos (Mc.9:35, Mt.20:26). También deben permanecer irreprensibles (1Ti.3:10). Como líderes incentivan la comunión y hermandad, pero la autoridad de Cristo siempre se pone por encima de ellos, y siempre deben tener buen testimonio para no caer en lazo del diablo (1Ti.3:7).
La estructura de la iglesia es esta: Cristo es la vid, y cada seguidor es como las ramas, que están pegados a su tronco y permanecen en Él (Jn.15:5)
La identidad de los líderes depende de las puestos ministeriales que desempeñan en su círculo religioso al servicio de su denominación. Los mismos son presentados como grandes servidores como dones exclusivos. Son puestos en un pedestal y se les da preeminencia por encima de los demás creyentes porque se piensan que ellos cuentan con una posición que sólo les corresponde hacer a ellos.
Las funciones de servicio indicadas en la Biblia (Ef. 4:11) son llevadas a cabo con la mayor humildad. Nadie es visto por encima de nadie porque todos son servidores mutuos de todos tratando a los demás con mayor estima (Lc.14:11, Fi.2:3-11, St.4:6). La edificación mutua del cuerpo de Cristo consiste en usar los dones para equiparar a todos los santos a que aprendan a servir a Cristo haciendo las mismas cosas que Él mandó (Ef.4:12; Mt.28:20).
Se considera que los miembros de la iglesia son los que se han registrado, los que se han hecho miembros oficiales o los que son asistentes regulares de la misma. Se piensa que sólos los bautizados se hacen miembros oficiales de la denominación.
Son miembros de la iglesia todos aquellos en el mundo que han nacido de nuevo y que siguen a Cristo (Ef.5:30, 1Cor.12:13-27). El tener familia en la iglesia o ser asistente no le hace a uno cristiano, sino la fe verdadera en Jesucristo.
Sólo los miembros de la denominación se ven como hermanos. La membresía es vista como una forma de compromiso para siempre estar en el mismo lugar o templo. Se espera que estén participando en las mismas actividades que los demás miembros de la misma denominación. Su enfoque es guardar la tradición y mantener las cosas tal y como están.
Todos los que siguen a Cristo en el mundo se ven entre sí como hermanos de una misma familia de hermanos (Mt.23:8, Jn.1:12-13). Su enfoque al reunirse con otros es adorar a Dios, amar, madurar juntos, ayudarse juntos, hacer discípulos y poner la Palabra en práctica. Sin embargo, no siempre se quedan donde están. Como nacidos de nuevo, son como el viento (Jn.3:8).
Hay una cobertura denominacional: los líderes locales deben someterse y rendir cuentas a los líderes mayores de su denominación y no separarse de ellos. Se les dice que si no se hace esto, las cosas se podrían salir de control.
Hay una cobertura celestial: todos tienen que rendir cuentas directamente a Dios (Ro.14:12). Dios es el que reprende y castiga a sus hijos y a quien todos deben someterse. Nadie debe estar bajo el yugo espiritual de ningún hombre (Gá.5:1, 5:13).
Funcionamiento y comportamiento
La vida espiritual gira en torno a las actividades que se realizan dentro de la iglesia y el programa o itinerario del culto dominical.
La vida espiritual gira en torno a conocer a Dios a través de Jesucristo (Jn.17:3); en glorificar y adorar a Dios en todo tiempo y lugar (Is.43:7, Jn.4:23-24).
La agenda principal religiosa es el culto o servicio dominical: un momento especial, en un día especial donde hay un comportamiento especial, con una alabanza especial que consiste en música que agrade a la gente . El momento clave es sentarse y quedarse callado para escuchar el sermón de los pastores, tratando de recordarlo después.
Reunirse como cristianos consiste en vivir como discípulos viviendo todos los días con el mismo estándar santidad. La alabanza es diaria para agrado de Dios y no sólo es música. Se hace conocer Jesús a toda criatura y se busca cumplir la comisión de hacer más discípulos con todo lo que hacemos (1Co.10:31; Col.3:17, 3:23). El momento clave es poner en práctica la Palabra.
La comunión en congregación se define como un acto de asistir regularmente los domingos a “la iglesia”. “La congregación” es vista como un grande grupo de creyentes. Se duda de la firmeza de aquellos que no siempre asisten a ese gran grupo o “no se están congregando” .
La comunión entre hermanos se define en términos de Jesucristo: “donde hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18:20). Esto es sin importar lo pequeño del grupo, sin importar el día, el momento o el lugar.
Servir se entiende como tener un “ministerio” en la iglesia local y estar haciendo cosas dentro de la iglesia para agradar a los otros hermanos: el culto dominical, una oración exhibicionista, reuniones de tipo club social de hombres, mujeres o jóvenes; conferencias, estudios bíblicos puramente teóricos, grupos de alabanza, ensayos, control de funciones técnicas, mercadería de “talentos” o venta de comida, venta de libros o sermones, limpiar o barrer, poner o quitar sillas, cuidar coches, recibir las visitas, etcétera.
Servir consiste en agradar a Dios, obedecer las enseñanzas de Jesucristo, en testificar a otros sobre Jesús, en ayudar a los necesitados, en amar al prójimo de forma práctica, en perder la propia para entregarla como sacrificio vivo a Dios y en vivir en servicio total dedicado a Él (Hch.20:23, 2 Co.4:1-18, 6:3-19; 2Ti.2:15, 4:1-5).
Los creyentes actúan como manos y pies de Jesús en todo lugar y no sólo los domingos de culto congregacional. No comprometen el Evangelio tratando de hacer las cosas a su manera: el fin no justifica los medios.
La identidad del creyente radica en ser miembro de la denominación y en su propio entendimiento de la teología.
La identidad del creyente se halla sólo como hijo de Dios y como seguidor de Jesucristo (1Jn.3:1-3, Gál.2:20, 1Cor.3, 2Cor.5:17)
La iglesia adquiere una prioridad absoluta que lleva a descuidar totalmente a los propios miembros de la familia biológico. La ofrenda física o de tiempo a Dios (‘corbán’) es usada como pretexto para no ayudar a la propia casa.
Se reprueba duramente la acción de no honrar a los padres y no cuidar de ellos en su vejez o en su necesidad (Mc. 7:9-13). Asimismo, quienes que no proveen para su propia familia han negado la fe y son considerados peor que incrédulos (1Ti.5:8).
Se busca a Dios a su propia manera con intereses personales y egoístas (St.4:3): en busca de riquezas materiales, éxito, pura felicidad, una vida con los propios deseos y sueños realizados, o con el fin de tener experiencias místicas o sobrenaturales.
Los motivos de buscar a Dios son incorrectos: evadir las consecuencias propias del pecado y el juicio de Dios, querer escapar de la condenación del infierno y ser eximidos, sin arrepentirse ni alejarse del pecado(Mt.3:8-10).
Se busca a Dios con sinceridad, humildad, y arrepentimiento, a través de Cristo por los motivos genuinos de hacer lo correcto, de obedecer a Dios, de encontrar la vida eterna con Él en el Reino de Dios, para conocer su voluntad, para tener la libertad del pecado (Jn.8:34-36), la sanidad del cuerpo y del alma (Mt.2:17, 9:12), la justicia (Mi.6:8, Mt.6:33), el perdón de pecados (2Cr.7:14), la verdad (Jn.14:6) y la paz verdadera y el descanso del alma (Mt.11:24). Se busca por encima de todo al Dador, no solo las cosas que Él da.
Los líderes religiosos enseñan que los congregantes o la gente que asiste a la Iglesia debe dar el diezmo cada domingo. Manipulan versículos del Antiguo Pacto usados fuera de contexto para convencerles que el 10% de sus ganancias económicas o ingresos son necesarios para se pueda continuar las actividades de la propia iglesia de diversa índole. El dinero donado también es usado para mantener altos gastos de la iglesia, costos de servicios y pagar de salarios abundantes, dejando poco o nada para las necesidades de las ovejas. Usando una teología corrupta, se enseña que el que les de mucho dinero, será muy bendecido: se adjudican la facultad levítica de recibir diezmos (a pesar de que la práctica era sumamente distinta entre los antiguos judíos de la Biblia: véase el estudio sobre: Diezmos y ofrendas según la Biblia). Los líderes religiosos evidencian a quien da para saber quién no da, usan formas no bíblicas y religiosas de colectar y reúnen el dinero para ellos mismos o para sus líderes o edificios. También engañan a los congregantes haciéndoles pensar que si les dan su dinero a ellos, Dios les bendecirá, pero si no, les asustan diciéndoles que Dios los maldecirá duramente..
En ninguna parte del Nuevo Testamento se exige el diezmo. La doctrina de los apóstoles enseña que, según la posibilidad de cada uno y según lo que Dios hubieron puesto en el corazón de cada uno, se hacía una ofrenda voluntaria atendiendo a las necesidades de los que menos tienen (2Cor.9:7).
Se sigue el ejemplo de los cristianos unidos que ayudaban especialmente al sustento de los ancianos que predican y enseñan el Evangelio (1Ti.5:17-18), a las viudas ancianas de más de sesenta años que no tengan hijos se les tenía en una lista de ayuda (1Ti.5:3-4, 5:9-16) y se buscaba ayudar a los huérfanos (Is.1:17, St.1:27): se cubrían todas las necesidades de los pobres, incluso vendiendo posesiones de ser necesario (Hch. 2:45, 4:34-35, 11:29-30) y había una distribución común de la comida (Hch.6:1).
Las ofrendas de colectas debían ser dedicadas a los pobres o los santos que pasan necesidad (Ro.15:26, 1Co.16:1-2). La ofrenda se da "dentro de sus posibilidades, Dios no pide lo que uno no tiene... no se trata de que por ayudar a otros ustedes pasen necesidad; se trata más bien de que haya igualdad” (2Cor.8:10-14).
Solo se hace una oración por los hermanos en necesidad, pero no se les ofrecen las cosas que necesitan ni se hacen esfuerzos por ayudar. Se ofrece ayuda, provisión, servicio o favoritismo a los que son miembros oficiales o registrados.
Junto a la oración, se busca la manera de ofrecer las cosas que otros hermanos necesitan (Lc.3:11, 12:33, Hch.2:45, St.2:16; 1.Jn.3:17-18). Se ofrece ayuda, provisión y servicio a todos los creyentes (Mt. 25:33-46, Hch. 2:44-46).
La unción es como un poder espiritual que viene de afuera y que es necesario asistir a eventos o conferencias, reuniones especiales o quedarse estudiando la Biblia para aumentarla. Se piensa que no todos tienen la misma cantidad de unción. Se cree los pastores o líderes tienen una unción mayor o superior y que pueden impartirla a otros por voluntad propia si ellos quieren.
Todos los creyentes tienen la misma unción del Espíritu Santo (2 Cor.1:21-22, 1Jn.2:20, 2:27, Ef.1:3). La unción es una bendición espiritual de consagración para servir a Dios con su protección. La unción del Espíritu Santo ha sido dada por completo a todos los que han nacido de nuevo y además Dios ha repartido distintos dones espirituales, todos igual de importantes (Ef. 4:11).
Por un lado, se siguen dogmáticamente ciertas rígidas reglas tradicionales y regulaciones religiosas impuestas por la religión y ajenas a la Biblia.
Se busca primero el cumplimiento de los estándares de la iglesia y sus políticas. Nunca se hace una autoexaminación seria, se tolera el pecado y hay hipocresía que permanece sin que haya arrepentimiento.
Busca primero el cumplimiento de los estándares del reino de Jesucristo y su justicia. Se vive en libertad haciendo las cosas a la manera de Cristo, sin defender costumbres humanas. Se busca siempre mantener la santidad y alejarse del pecado con sinceridad y con congruencia entre lo que se predica y se hace, examinándose uno mismo cuidándose de no caer en hipocresía (Mt.16:5-23, Mc.8:14-21; 1Co.11:28, 2 Co,13:5).
Se centra en la edificación de una religión y en asuntos meramente terrenales. Hace un énfasis constante y excesivo en el crecimiento o la mejora del edificio de la iglesia.
Se centra en la edificación del alma (1 Co.14:26, 2Cor.12:19, 1Tes.5:11) y asuntos de la justicia del Reino (Mt.6:33). Hace un énfasis continuo en la comisión del Reino de los Cielos (Mt.28:18-20).
Se cree que el evangelismo y crecimiento consiste en invitar a personas de fuera e insistir a los amigos, familiares o conocidos a que visiten la iglesia. Las misiones consisten en tratar de hacer que la gente de otro lugar asista y participe a los programas de una nueva iglesia local donde se les adoctrine en las distinciones teológicas y en las estructuras de autoridad de la denominación.
El evangelismo y crecimiento se logra al salir a practicar y predicar el evangelio a los incrédulos de afuera (Mc.16:15-16, 1Cor. 15:1, Ro.10).
Las misiones consisten en ir a lugares donde Cristo no es conocido y anunciarlo a quienes no le conocen, para que invoquen su nombre y se vuelvan discípulos hacedores de sus enseñanzas.. 
Se suele estresar que la asistencia frecuente a la iglesia, la lectura o el conocimiento de la Biblia son evidencias del verdadero crecimiento espiritual.
Se enfoca en la práctica de las Escrituras, los buenos frutos del Espíritu Santo, y el carácter cristiano como evidencias del crecimiento espiritual (2 Tim.2:15, 3:16-17; Gál.5:22-23).
Pasa más tiempo en actividades de la iglesia con mensajes de tipo emocional, motivacional, psicológico, musical, social, cinematográfico o de entretenimiento. Deja muy a lado la práctica del Evangelio y la oración íntima con Dios.
Pasa más tiempo en la práctica de las enseñanzas de Jesucristo y en oración íntima y unánime con Dios (Hch. 1:14, 2:1; 2:44, 2:46, 4:24). Evita las actividades vanas que siguen las costumbres del mundo (Mt.6:22-23, Lc. 11.33-36, 1Jn2:15-16).
Se cree, desde los tiempos medievales en que regía la interpretación de Iglesia Católica, que la "santa cena" es un rito religioso que meramente simboliza una cena, pero no es una cena real sino un momento que forma parte de la "eucaristía". Irónicamente, se piensa que en este rito se come literalmente el cuerpo de Cristo y se bebe su sangre (transubstantación), aunque las iglesias protestantes difieren. El modelo de interpretar la santa cena ha sido preservado por iglesias ortodoxas, coptas, luteranas, calvinistas, anglicanas, reformadas y bautistas, algunas de las cuales les consideran "una ordenanza".
La conmemoración de la santa cena se identifica con la reunión en que los discípulos hacían el partimiento de pan juntos (Hch.2:42, 2:46); se sigue el ejemplo de Jesús que dejó con sus discípulos en la víspera de la Pascua (Mt. 26:26-30. Mc. 14:22-28. Lc. 22:14-20). Esto con amor y sumo respeto mutuo y santidad  digna de la vida cristiana (1Cor.11:17-34); y se debían reunir a comer esperándose unos a otros (1Cor.11:34), pero no de forma glotona ni desordenada sino con el propósito de conmemorar lo que hizo Cristo (1Cor.11:24, Jn.6:35), como una celebración espiritual del Nuevo Pacto (1Cor.11:25) y una proclamación del Evangelio o anunciamiento de su sacrificio hasta su regreso (1 Cor.11:26).
Considera que un gran número de asistentes en la iglesia es muestra clara de reavivamiento o crecimiento en los últimos días. Cree que quienes traen más personas a la iglesia, quienes llevan una vida exitosa, un ministerio aprobado por los hombres, o quienes hacen señales milagrosas son más maduros que los demás.
Relaciona el alto número de falsas conversiones como una señal de apostasía en los últimos días (Lc.15:10, Hch.4:10-12, Mt.7:22-23, 1 Ts.2:1-3).
Reconoce que ni la prominencia, ni el éxito, ni la reputación teológica, ni los milagros son pruebas de una vida a cuentas con Dios (Mt. 7:22-23, 16:26, 1Cor.1:25-27).
Etiqueta a los que ya no asisten a la iglesia local como creyentes tibios, reincidentes en pecado o individuos que nunca fueron creyentes.
Se piensa que quienes no siempre asisten continuamente a la iglesia no tienen alimento espiritual porque no la están oyendo. 
Sale de las iglesias que están basadas en un sistema apóstata o que se ha desviado de los fundamentos establecidos por Cristo y los apóstoles (Mt.7:22-24; Ap.3:14-19, 18:4).
Alimento espiritual es vital (Mt.4:4) pero son quienes no hacen continuamente la Palabra de Dios los que no tienen alimentación espiritual (Jn 4:34; St.1:22-25).
Enseñanzas y creencias
Predica un mensaje atractivo y centrado en el hombre que no enseña acerca del pecado, el infierno, el juicio final, el arrepentimiento, o la ira de Dios. Prefiere entretener y dar mensajes de éxito personal que evita toda negatividad y procura la mejora de la posición terrenal.
Predica el Evangelio equilibrado y sin censura. Enfatiza lo que se enfatiza el Evangelio, y no enfatiza lo que no está dogmatizado en la Biblia. Transmite la verdad bíblica tal y como es, ya sea suave o dura, sin importar los tintes de positivismo o negatividad (1Cor.1:23, 9:16, 2).
Considera que todos los que han hecho la oración del pecador confesando a Cristo de labios, son cristianos aprobados ante Dios. Mutila erróneamente un versículo diciendo que “si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo”. Se reporta un gran número de "decisión"; y se consideran exitosos casos de conversión.
En base a la repetición de esta oración declara que Dios ha escrito el nombre de la persona que la recitó en el libro de la vida. También considera creyentes a todos los que profesan creer en Jesucristo (lo que incluiría a católicos y muchos apóstoles falsos de Cristo de acuerdo a 2Cor.11:15). Estresa sobremanera la afirmación de que “por gracia somos salvos” y no ve la necesidad de distinguir entre una fe genuina y una fe muerta: considera poco o nada importante hablar de la obediencia al Evangelio porque piensa que los pecados o la desobediencia a Dios posteriores a la oración del pecador no afectan el resultado final. Considera hermanos a todos aquellos que son miembros de la iglesia o asistentes regulares. También considera las señales milagrosas como "pruebas" de que son hombres aprobados por Dios.
Reconoce que la obra de salvación es “por gracia, a través de la fe” en Cristo, en su obra en la cruz y en su resurrección (Ef.2:8). Defiende la salvación por gracia pero cita la ecuación completa al recordar que debe se debe de confesar que Jesús es el señor y creer de corazón (Ro.10:9). Distingue entre una fe genuina o verdadera, una fe que no permanece muerta y una que deriva en obediencia a Dios (Lc.6:46, Jn.8:31, 14:15, 14:21-24, Sr.2:14-17, 2Ts.1:8), y una fe basada solo en labios con un corazón lejos de Dios (Is.29:13, Mt.15:8-9). Se habla de una conversión bíblica completa donde la confesión de pecado ante Dios, el arrepentimiento de pecados y el bautismo en agua son elementos esenciales (Hch. 2:38, 16:30-34).
Conscientes de que hay falsos hermanos, cuestiona la veracidad de aquellos que profesan tener la fe pero practican el pecado o no obedecen el evangelio, o aquellos que demuestran una incongruencia entre la profesión de fe de su boca y su forma de vivir, y las enseñanzas en Jesucristo (Mt.3:10, 5:20, 7:15-16, 7:21-23, Mc.16:16, Lc.6:46, 13:21-28, Jn.3:36, 14:21-24, 2Cor.11-13-14, 1 Pe.4:17, 2Ti.2:19, 2Tes.1:7-9, 1Jn.1:6, 2:6, 3:4-16, 4:20, 5:18, 3 Jn.1:11, Ti.1:16). Reconoce que hay falsos hermanos y quienes predican a Cristo por falsedad (Fi.1:15).
Hace énfasis en aportaciones económicas, en seguir e imitar a los líderes religiosos, en someterse a los guías espirituales y aprender de ellos haciendo las cosas a su manera, aceptando y favoreciendo las preferencias doctrinales incuestionablemente y siguiendo las tradiciones del mismo grupo.
Hace énfasis en imitar a Cristo, en hacer la voluntad de Dios, en seguir sus enseñanzas, en ser discípulos de Cristo y en hacer las cosas a su manera y cuestionar al hombre cuando sea necesario, perseverando en la doctrina de los apóstoles (Mt.11:29, Jn.13:15, 13:34-35, Ef.5:1-2, 1 Pe.2:21-22, Col.1:10, 2Tes.3:7).
Hay una dogmatización de tradiciones y costumbres y un absolutismo sobre las propias interpretaciones teológica. Usan pasajes de la Biblia en formas distintas a como eran usadas en la Biblia (tergiversan el sentido de la Escritura).
Se escogen algunos versículos que se amoldan a su postura, se tergiversan otros sacados de contexto, y se desechan u omiten los que parecen no encajar con el punto de vista denominacional. Basan su interpretación en comentarios, sermones, libros o enseñanzas de líderes religiosos.
Hay un equilibrio doctrinal y una consideración cuidadosa, contextual, sistemática, sana e imparcial sobre los asuntos que suelen ser de difícil interpretación.
Hay un estudio expositivo de los diversos pasajes o versículos bíblicos difíciles y una humildad a la hora de estudiar la Biblia. La Escritura se usa fielmente y los puntos de vista o interpretación se hacen dependiendo del Espíritu Santo y solamente en base a la Biblia, comparando lo espiritual con lo espiritual (1 Cor. 2:13).
Usa la idea de “imperfección” (‘nadie es perfecto’ y de que ‘todos somos pecadores’ y lo vamos a seguir siendo siempre) como excusa para no buscar la santificación, para tolerar el pecado, para justificar la aceptación de falsas doctrinas, y perseverar la enseñanza de falsas tradiciones y falsos maestros.
Se rehúsa a aceptar las prácticas erróneas de la iglesia tradicional y las doctrinas anti-bíblicas populares, aunque sean enseñadas por los líderes religiosos respetados. Busca la santificación y la “perfección cristiana” de acuerdo al mandato ideal de Jesucristo (Mt. 5:48; Heb.6:1), el mandato de ser santos, porque Él es santo (1 Pe. 1:6).
Se cree que no hay salvación fuera de denominación; piensa que la propia es la única verdadera y se condenan todas las demás.
En casos, se admite que hay salvación fuera de la propia iglesia, pero se piensa que sólo ellos hacen bien las cosas y todos los otros están mal.
No hay salvación fuera de Jesucristo (Hch.4:12). Se hace irrelevante la pertenencia denominacional, se reconoce que el Señor tiene ovejas en otro redil (Jn.10:16), pero no se compromete la verdad. Se ora por los enemigos, por los que se han apartado de la verdad y por los que han caído en el error, esperando que vayan al arrepentimiento.
Enseña que no es bueno cuestionar las afirmaciones de los líderes, ni sus enseñanzas, ni su integridad, ni su estilo de vida, ni su riqueza, ni nada. Creen que las propias experiencias o interpretaciones de los líderes poseen la correcta e incuestionable de interpretar la Escritura. Forma una teología basada en la propia experiencia o falta de experiencia; o bien, construye una teología elevando el valor de su (in)experiencia "espiritual" por encima de la Escritura.
Promueve el cuestionamiento del hombre, la autoexaminación (Mt.7:4-5, Lc.6:42, Ro.2:17-24, 1 Co.11:28,31, 2Cor.13:5, Gá.6:4). Examina todos los espíritus (1Jn.4:1), para saber si son de Dios o no. Compara y escudriña diligentemente lo que se enseña ante las Escrituras (Hch.17:10-11).
Interpreta la Biblia en base a lo que está escrito, sin importar la propia experiencia humana (2 Pe.1:20). Toda la experiencia debe ser examinada a la luz de la Biblia (1Jn.4:1, 2Tim.3:16-17, 2Tim.4:2).
Considera la exclusión de miembros de la iglesia como algo “falto de amor” o de compasión. Tolera que hayan miembros propios de la iglesia causando desórdenes y divisiones en base a doctrina judaizantes, modernas, o falsas traiciones.
Le da la bienvenida a miembros heréticos, no importándole la influencia que puedan ejercer en otros creyentes por medio de sus enseñanzas falsas.
En cambio, evita tener relación o comunión espiritual externa con miembros de otras iglesias.
Después de varias advertencias, echa fuera a los apóstatas, a los que no se quieren arrepentir, a los que andan desordenadamente en pecado y a los que se han desviado no siguiendo la doctrina de los apóstoles (Mt.18:15-17, Ro.16:17, 1Cor.5:1-13, 6:3, 2Pe.1-2; 2 Tes.3:6, Ti.3:9-11).
Esto es necesario para no ser partícipes de pecados ajenos, para proteger al rebaño de la influencia de malvados, y “a fin de que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados" (1 Cor.11:19). Evita la relación o comunión espiritual con personas apóstatas, ya sea dentro o fuera de las iglesias.
Ante estos puntos de comparación, vemos que los primeros cristianos no tenían una iglesia como la que nosotros vemos hoy en día: los cristianos del primer y segundo siglo no tenían la clase de reunión dominical que tenemos hoy en día. Influidos por el iglesianismo que se ha heredado de la historia, la gente de hoy piensa que la religión de la cristiandad moderna consiste básicamente en reunirse el domingo por la mañana en un edificio de iglesia para cantar a Dios, sentarse a escuchar un sermón durante algunas horas, sin hacer nada más que estar pasivos, ir a la escuela dominical para aprender mucha teología que casi nunca se lleva a la práctica, seguir ciegamente la interpretación de los líderes de la iglesia local, y finalmente debatir o censurar a otros creyentes o incrédulos que piensan distinto, con el fin de defender la propia teología.

¿En cuántas iglesias se sigue fielmente la palabra de Jesús y se hacen discípulos prácticos de Jesús que viven obedientes a sus enseñanzas? El sistema religioso del iglesianismo funciona para hacer congregantes, pero no sirve a la hora de formar discípulos maduros que vivan de forma práctica el Evangelio y una vida llena de poder espiritual. Y sin embargo, ¿cuánta gente en las iglesias alrededor del mundo permanece sentada durante diez, quince o veinte años, anhelando un cambio radical que nunca logran? Quedarse sentados y escuchando todo el tiempo esperando que ocurran cosas distintas no va a cambiar las cosas. Debemos dar un paso de fe y preguntar a Dios si realmente lo que estamos haciendo viene de la Palabra de Dios y si realmente estamos siendo y haciendo discípulos.

Algunos piensan que la solución es aislarse pero Dios no nos ha llamado a estar sólos. No es suficiente cambiarse de iglesia o salir de una denominación. Una cosa es salir de lo viejo, y otra cosa es conseguir que lo vieja salga de uno mismo. Como en el caso de los israelitas: para Moisés no fue difícil sacar a los israelitas de Egipto porque dependía de Dios; lo difícil fue sacar a Egipto de ellos, porque no dependían de Él. Ellos siempre miraban hacia atrás a Egipto, tratando de reproducir de nuevo el estilo de vida que habían tenido allí. Cristo nos dice que quien hace esto no puede servirle como discípulo: el que quiere ser discípulo de Cristo debe negarse a sí mismo, tomar su cruz, y seguir su ejemplo cada día. 

Intentos reformistas


A lo largo de la historia, han habido grupos que se han percatado de algunas de las desviaciones del sistema eclesiástico y han tratado de depurarse de tradiciones religiosas y ausencias que habían habido en la religión. Muchos líderes, misioneros y evangelistas trataron de traer de regreso algunos de los principios básicos de la Biblia y el Nuevo Testamento. A estos movimientos cristianos que han tratado de restaurar el funcionamiento de la iglesia a su estado original se les conoce como movimientos restauracionistas o reavivamientos reformistas:

Movimientos reformistas y reavivamientos importantes en la historia del cristianismo
Movimientos
Exponentes
Prácticas rescatadas y doctrinas enfatizadas
Montanismo
(s. II – s. IV d.C.)
Montano, Tertuliano
Comunión íntima con Dios. Dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Guía sobrenatural del Espíritu Santo.
Movimiento valdense
(s. XII)
Pedro Valdo
Ascetismo. Autoridad de la Escritura sobre la religión. Don de lenguas. Predicación del Evangelio al aire libre. Sacerdocio de todos los creyentes.
Movimiento lolardo
(s. XIV)
John Wycliffe
Ascetismo. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Sacerdocio de todos los creyentes.
Movimiento husita
(s. XV - )
Jan Hus
Arrepentimiento. Ascetismo. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Comunión fraternal. Predicación al aire libre. Santificación. Simpleza de vida. Vida comunal.
Reformismo alemán (s.XVI - )
Martín Lutero
Justificación por fe. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición.
Thomas Müntzer
Guía sobrenatural del Espíritu Santo. Comunión íntima con Dios.
Pietismo
(s. XVII - XVIII)
Philipp Jakob Spener
Guía sobrenatural del Espíritu Santo. Oración compartida. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Sacerdocio de todos los creyentes. Simpleza de vida. Vida comunal.
Puritanismo
(s. XVII)
Richard Baxter
Arrepentimiento. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Santificación. Simpleza de vida. Vida comunal.
Anabaptismo
(s. XVII -)
Menno Simons, Jakob Hutter.
Bautismo voluntario y por sumersión. Caridad cristiana. Comunión fraternal. Pacifismo cristiano. Dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Sacerdocio de todos los creyentes. Santificación. Separación del Estado. Simpleza de vida. Vida comunal.
Movimiento moravio
(s. XVIII - )
Nikolaus Zinzendorf
Bautismo en el Espíritu Santo. Caridad cristiana. Comunión fraternal. Oración compartida. Santificación. Vida comunal.
Cuaquerismo
(s.XVI - )
Jorge Fox, William Penn
Caridad cristiana. Comunión fraternal. Guía sobrenatural del Espíritu Santo. Oración compartida. Pacifismo cristiano. Santificación. Simpleza de vida.
Disidentes ingleses
(s. XVI- s. XVII)
(Inumerables)
Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Comunión fraternal. Separación del Estado.
Congregacionalismo
(s. XVII)
(Inumerables)
Autoridad de la Escritura por encima de la tradición anglicana. Separación del Estado.
Movimiento metodista
(s.XVII -)
John Wesley, Charles Wesley,
Arrepentimiento. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Predicación al aire libre. Santificación / perfección cristiana.
John Fletcher
Dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Comunión fraternal.
Charles G. Finney
Arrepentimiento. Bautismo en el Espíritu Santo. Predicación al aire libre.
Hermanos de Plymouth (s. XIX)
Darby, Newton
Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Comunión fraternal. Sacerdocio de todos los creyentes. Simpleza de vida. Vida comunal.
Movimiento Misionero de Iglesias Indígenas (s. XIX - )
Singh, Taylor, Groves, Nevius, K. P. Yohannan,
Caridad cristiana. Pacifismo cristiano. Sacerdocio de todos los creyentes. Santificación. Separación del Estado. Igualdad social. Predicación libre.
Ejército de la salvación (s. XIX)
William Booth
Arrepentimiento. Bautismo en el Espíritu Santo. Caridad cristiana. Igualdad social. Santificación / perfección cristiana.
Movimiento de Santidad (s.XIX)
Dwight Moody, R. A. Torrey.
Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Bautismo en el Espíritu Santo. Caridad cristiana. Santificación.
Movimiento Keswick
(1858-1875)
William Boardman, etc.
Bautismo en el Espíritu Santo. Dones sobrenaturales del Espíritu. Santificación / perfección cristiana.
Reavivamiento Galés
(1904–1905)
Evan Roberts, D.P. Williams
Dones sobrenaturales del Espíritu. Ministerio quíntuple (iglesia apostólica). Sacerdocio de todos los creyentes. Santificación.
Evangelio social
(s. XX)
Gladden, Strong, MLK Jr. , etc.
Caridad cristiana. Igualdad de oportunidades y derechos. Pacifismo cristiano. Igualdad social.
Movimiento Pentecostal (s.XX )
Charles Parham, W. J. Seymour
Bautismo en el Espíritu Santo. Dones sobrenaturales del Espíritu. Ministerio quintuple. Santificación.
Movimiento carismático (1960-)
Bennet, Bredesen,
Bautismo en el Espíritu Santo. Dones sobrenaturales del Espíritu. Ministerio quintuple. Santificación.
La Última Reforma
(2011-)
Torben Sondergaard
Arrepentimiento. Autoridad de la Escritura por encima de la tradición. Bautismo voluntario en sumersión por agua. Bautismo en el Espíritu Santo. Comunión fraternal. Dones sobrenaturales del Espíritu Santo. Funcionamiento y organización conforme al cristianismo primitivo. Igualdad social. Sacerdocio de todos los creyentes. Santificación.

Hay otros grupos y líderes que también se han llegado a considerar restauracionistas y han causado revuelo y logrado hacer cambios importantes y dejar un legado a los creyentes posteriores. Siempre que se han reformado aspectos del cristianismo primitivo, ha sido porque sus líderes se basaban en sólidos fundamentos y prácticas de la Biblia. Esto no siempre es bien recibido por los líderes religiosos. Siempre hay persecución. Por ejemplo, durante la Edad Medieval Tardía, la Iglesia Católica Romana acusaba a Lutero de haber sido enviado por Satanás para destruir la iglesia. Muchos protestantes como él fueron duramente perseguidos con esta justificación, pero hoy sabemos que ellos sólo querían purgar la cristiandad de las doctrinas más engañosas de sus días.  De forma similar, muchos reformistas han sido acusados de herejes por los que quieren conservar sus tradiciones religiosas, pero la aflicción de la persecución es inevitable (Mt.10:25, Jn.16:33, 2Ti.3:12).

Sin embargo, un patrón común en muchos casos es que después de un buen inicio y vida de libertad en Cristo, tras la muerte del reformador, los herederos del movimiento en generaciones posteriores terminan volviéndolo otra caja de religiosidad, deslindándose de los ideas principales o desviándose al establecer una política centrada en interpretaciones de hombre o una red institucional.

Nunca faltan en la historia los que han caído en errores doctrinales, en falsedades claras o en desvíos no bíblicos. Algunos de los movimientos pseudo-restauracionistas más populares de la época moderna incluyen la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Ellen White, la Iglesia de los Testigos de Jehová de Charles Taze Russell y el movimiento de  la Lluvia Tardía de William Branham, etc. Otros grupos controversiales que se han dicho revivalistas cristianos e igualmente han sido objeto de mucha discusión incluyen el de las Iglesias Locales de Watchman Nee y Witness Lee de China, el movimiento neocarismático de Iglesias Vineyard de Randy Clark y John Wimber, y figuras como Bill Johnson de Bethel Church, Heidi Beiker de Iris Global, el Movimiento Apostólico-Profético sostenido por Rick Joyner de MorningStar Ministries y Mike Bickle y Lou Engle de International House of Prayer (IHOP) en Kansas City (estos últimos han incluso incorporado rasgos de misticismo, abogado por una cercanía a la religión católica y defendido abiertamente del controversial movimiento ecuménico: la unión de las iglesias evangélicas con católicas).

No conocemos a todos los que han sido cercanos a estos grupos, así que no podemos condenar ni generalizar. Dios conoce el corazón y la verdad profunda de cada quien, y Él conoce a los que le buscan de verdad en cada lugar, pero Él también sabe que hay quienes predican a Cristo por contienda y falsedad (Fi.1:15). El caos que se ha preservado en la historia hace evidente la necesidad de una reforma contemporánea en el cristianismo. 

Como dijo Torben Sondergaard: Estamos ante una nueva necesidad de Reforma en la que verdaderamente regresemos a lo que leemos en el Libro de Los Hechos. A lo largo de casi 2,000 años de historia, la iglesia ha cambiado una y otra vez. En el cristianismo primitivo, en la Iglesia del Libro de los Hechos, la iglesia era un cuerpo viviente, un cuerpo de creyentes guiados por el Espíritu Santo, un movimiento de discípulos. Pero cuando el cristianismo fue llevado a Grecia, se volvió una filosofía. Cuando fue llevado a Italia, se volvió una institución. Cuando fue llevado a Europa, se volvió cultura; y cuando fue llevado a Estados Unidos, se volvió un negocio. Si se toma un cuerpo y se hace negocio con el cuerpo, ¿acaso no es prostitución?  Los religiosos han prostituido el cuerpo de Cristo. Por esto necesitamos una reforma en la que se considere la doctrina, donde se considere el Espíritu Santo, y donde se considere el funcionamiento de la iglesia por completo. Necesitamos volver al Libro de los Hechos.

Necesidad de una reforma con una teología de sana doctrina, completa y equilibrada


En el libro de los Hechos, vemos que los primeros cristianos, los primeros discípulos de Cristo vivían el discipulado como un estilo de vida, y no solo como un estudio bíblico. Alcanzaban a la gente en sus casas y en la calle, en donde quiera que estuviesen, y el Evangelio se expandía y explotaba rápidamente a otras partes del mundo. Miles de personas se convertían en seguidores de Cristo. Pero cuando la iglesia se volvió una institución y luego una religión de Estado, se introdujo una estructura diferente. La misma estructura se preservó durante la llamada Reforma Protestante, con Lutero, Calvino, Swingli y todos los demás. Hay, por ejemplo, muchas cosas anti-bíblicas que la iglesia luterana hace igual que la católica, como las misas, los ritos, los crucifijos, el bautismo de infantes... y nunca quisieron reformar esos aspectos.

Muchos de los reformistas en verdad intentaban rescatar los aspectos que se habían olvidado y regresar a las doctrinas que se habían dejado atrás. Trataban de regresar a los principios del Nuevo Testamento, pero debido a su enfoque en un sistema religioso, fracasaron en lograr una reforma completa, porque seguían con la misma estructura piramidal dentro de un edificio, con un sacerdocio especial, reuniéndose en un templo conformado por una jerarquía de líderes, con gente que llevaba sus ganancias para tratar de obtener el favor de Dios.

Si debemos apegamos a la Biblia, debemos cambiar la manera en que hemos estado haciendo las cosas en los últimos siglos: todo, la manera de enseñar, de predicar el Evangelio y de discipular a los creyentes, se debe volver a conformar a las enseñanzas que Cristo enseñó desde un principio. Cuando se va en una dirección incorrecta, lo más progresista es regresar al principio e identificar cuál es el camino correcto. Jesús es el camino y su método es la única forma en podremos vivir la plenitud de la vida cristiana. Si no reconocemos nuestros errores y si no cambiamos nuestra manera de hacer las cosas, no vamos a poder ser efectivos a la hora de hacer discípulos de Jesucristo.  Debemos hallar un balance bíblico entre nuestras doctrinas y nuestras formas de actuar y predicar que considere:

30 puntos de balance necesarios en la vida cristiana
1 Tener presente que Dios es Amor Tener presente que Dios es Justicia
2 Caminar con el amor de Dios
(considerar su perdón)
Caminar con la santidad de Dios
(considerar su justicia)
3 Predicar la gracia y la misericordia de Dios (que lleva al agradecimiento) Predicar del Juicio y la ira de Dios hacia el pecado (que lleva al arrepentimiento)
4 Confiar en que su gracia perdona nuestras fallas y errores arrepentidos Temer a Dios, recordando que siempre debemos permanecer fieles hacia Él
5 Ser libres de la enfermedad Ser libres del pecado
6 Procurar la sanación física total Procurar la sanación espiritual total
7 Recibir sus bendiciones terrenales Recordar sus bendiciones espirituales
8 Recordar nuestros deberes como siervos de Dios y enviados por Él Recordar nuestros derechos como hijos de Dios y escogidos de Él
9 Compartir sus enseñanzas Aprender de sus enseñanzas
10 Hablar de Su verdad Hacer (practicar) Su verdad
11 Predicar en base a Su palabra Actuar en base a Su palabra
12 Leer y escuchar Su verdad Hablar y compartir de Su Verdad
13 Recordar que Él ama a los demás Recuerda que Él nos ama
14 Ser humildes hacia los demás Ser humildes ante Él
15 Ser sinceros hacia los demás
Ser sinceros ante Él
16 Crecer en obediencia (obras) Crecer en conocimiento (palabras)
17 Creer por fe (una correcta teoría) Actuar por fe (una correcta práctica)
18 Hablar con Dios en la oración Escuchar a Dios con la oración
19
Recordar que Él nos ha elegido
Recordar que Él nos da a elegir
20 Recibir las bendiciones que nos da Dar de sus bendiciones que nos da
21 Hacer obras de caridad en Cristo Predicar sobre la cruz de Cristo
22 Darle pan a los hambrientos Darle Palabra de Dios a los que esperan
23 Recibir la Palabra de Dios Enseñar la Palabra de Dios
24 Tener una relación personal con Jesucristo, siguiéndole fielmente Enseñar a otros a ser discípulos de Jesucristo y seguirle fielmente
25 Recordar sus promesas
de salvación y de gracia
Recordar sus advertencias
de juicio y de ira
26 Recordar que Él recompensará
a sus siervos que en verdad le aman
Recordar que Él castigará
a los pecadores y desobedientes
27 Orar por uno mismo
conforme a la voluntad de Dios
Orar por los demás
conforme a la voluntad de Dios
28 Buscar en Dios en tiempos buenos Buscar a Dios en tiempos malos
29 Buscar a Dios en decisiones grandes Buscar a Dios en cosas pequeñitas
30 Confiar en las Escrituras (la Biblia) Confiar en el Consolador (Espíritu Santo)

Entre los aspectos que se dejaron de lado por religiosos que profesaban ser cristianos pero eran más celosos de sus propias denominaciones se encuentran los puntos en el plan de salvación. Lo primero que Jesús hacía era predicar sobre el arrepentimiento; Él también bautizaba y prometió a discípulos el empoderamiento del Espíritu Santo para lograr testificar su nombre hasta los confines de la Tierra. Si leemos el capítulo seis de Hebreos vemos que este es el mismo fundamento de la conversión completa como creyentes. Es un modelo de tres puntos clave: 
  • 1) El arrepentimiento de las malas obras (alejarse del pecado), dirigirse a la santidad 
  • 2) La fe en Jesucristo como único Salvador, por su sacrificio en la cruz y resurrección
  • 3) El bautismo de sumersión en agua para remisión de pecados en una consciencia limpia
Estos fundamentos doctrinales presentes en los Evangelios y en el Libro de los Hechos se perdieron de vista en el tiempo de la Iglesia Católica, pero Dios ha usado a muchos de sus hijos para volver a llamar la atención a su importancia y traer abajo los rastros de iglesianismo. El modelo falso heredado por el imperio romano debe acabarse por completo en el pueblo de Dios antes de que Cristo regrese.

No se trata de estar en contra de la Iglesia. Se trata de tener un concepto bíblico sobre lo que es la iglesia. Se trata de quitar los fundamentos equivocados. Se trata de tener verdadero amor por la Iglesia: el amor reprende y es celoso de la verdad y no tolera la injusticia. Se trata de dejar que el juicio corra como torrentes de agua y la justicia corra río impetuoso (Am.5:24). Se trata de que los valles sean elevados y los montes bajados (Is.40:4). El celo y el temor de Dios nos debería hacernos aborrecer las tradiciones eclesiásticas que no están fundadas en la palabra. Necesitamos ver una reforma.

Las iglesias cesacionistas conservadoras creen que ya no necesitan la misma ayuda del Espíritu Santo que los primeros cristianos. Las más liberales creen que no necesitan la doctrina. Son los extremos los que debemos evadir. La gente de diversas denominaciones sí puede aprender cosas buenas acerca de los miembros de otros grupos. No decimos que haya una denominación mejor que otra porque los bautistas pueden aprender algo bueno de los metodistas cuando se trata de santidad y sanidad. Los pentecostales pueden aprender algo de los bautistas cuando se trata de santificación. Los anglicanos pueden aprender de los cuáqueros en cuestión de simpleza y separación del Estado. Se puede aprender de los anabautistas acerca de la ayuda mutua y la simpleza de vida, y así con otros casos... En efecto, se puede tomar lo bueno, pero igual de importante es el deber de desechar lo malo. Si un grupo sólo tiene una parte de la verdad, y rechaza la otra parte de la verdad, ¿acaso no se equivoca? Necesitamos de la santidad, tanto como de la gracia. Necesitamos del don del Espíritu Santo, tanto como de la comunión. Necesitamos tanto de la autoexaminación propia, como de la confianza en Dios.

Un verdadero avivamiento no se encuentra en la reunión de denominaciones. Regresar a las tradiciones del hombre o defenderlas no es la respuesta. La manera de ver un verdadero avivamiento es ir de nuevo a lo que vemos en la Biblia, especialmente, al libro de los Hechos. El verdadero avivamiento es aquél en el cual la gente se sale de sus cajas y no da favoritismo a nada ni a nadie aparte de a Cristo. Un avivamiento en el que no solo se ocupan los versículos seleccionados o favoritos, sino que se considera la totalidad de la Palabra. Reunirse bajo la autoridad y la dirección de una denominación es engañoso porque siempre hay un sesgo y parcialidad, pero si uno se reúne en la calle o en las casas como muestra el modo bíblico, nadie se pone una etiqueta en la frente que diga con orgullo "pentecostal" o "bautista". Cristo no vino a construir denominaciones. En efecto, somos justificados por la fe, pero Jesús no nos mandó a justificar a los demás. Él dijo que fuéramos a hacer discípulos que obedezcan sus enseñanzas. Dios quiere que su pueblo se una en humildad (2 Cr.7:4). Sólo entonces se puede estar reunidos como cuerpo de Cristo, unidos como discípulos de Jesús.

La humildad se halla en ser como niños que confían plenamente a su Padre y no tergiversan sus palabras. Pero la iglesia moderna hace lo contrario. Si tomáramos a un niño de 12 años y le diéramos una Biblia, ¿podría ir entendiendo lo fundamental con la única ayuda del Espíritu Santo? Y si tomamos a 10 niños llenos del Espíritu, y les damos a leer el Libro de los Hechos, y les preguntamos ¿cuándo se debe bautizar una persona?... ¿qué responderían? Dirían que ¿el primer domingo después de convertirse?, ¿que después de un mes?, ¿que después de recibir una larga enseñanza en la iglesia? o ¿después de mucho tiempo como miembros de la iglesia, hasta que se sientan listos? Ninguno de ellos respondería nada de eso, sino que concordarían en que el mismo día de su conversión. ¿Porqué? ¡Porque allí está demasiado claro! La fe de 10 niños puede verlo claramente porque no tiene kilos de conocimiento envanecido. Pero si en cambio trajéramos a 5 personas sabiondas de distintas denominaciones, y si son personas que pueden leer en griego y en hebreo y han estado estudiando teología por años, y les hiciéramos la misma pregunta, ¿acaso no nos darían cada uno cinco respuestas diferentes, dependiendo de donde estudiaron y bajo qué les enseñaron sus maestros de la denominación? ¿Quién de ellos bautiza conversos el mismo día de su conversión? ¡Ni uno sólo! ¿Porqué? Porque no encaja en ninguna de sus cajas.

Hay gente muy inteligente dentro de cada denominación, pero cuando se trata de actuar en concordancia con las verdades teológicas y morales de Dios, ni el mismo Salomón escapó de caer en el error. Si de exámenes escolares se tratara, muchos teólogos prominentes obtendrían la máxima calificación y excentarían algunas materias, pero saldrían reprobados en otras. ¿Porqué? Porque su teología es muy mala y falsa en algunas cuestiones básicas sobre la vida cristiana. Tienen puntos fuertes, pero también puntos muy malos que no quieren corregir.

¿Por qué no quieren corregir? Porque si un sacerdote o pastor cambiara su postura teológica respecto a cuestiones de credo denominacional, se pondría en una posición peligrosa para sí mismo. Perdería su trabajo y su reputación en el grupo religioso, perdería el favor de sus antiguos amigos, perdería su posición ministerial o su dinero y perdería su credibilidad ante los fieles simpatizantes de la religión... de pronto lo perdería todo.


Doctrinas que han causado mayor división en el cristianismo
1.
El calvinismo: La depravación total del hombre hasta la muerte y ausencia de voluntad humana en el universo, la elección incondicional (sin necesidad de fe), el sacrificio limitado o particular (solo para los electos), la imposibilidad de resistirse a la gracia de Dios, y la perseverancia de todos los santos.
vs.
El arminianismo: La libertad de elección del hombre e incapacidad de ser salvos sin la influencia del Espíritu, la elección condicional (por fe prevista), el sacrificio ilimitado (disponible para todos), la resistencia del hombre hacia la gracia de Dios, la preservación condicional de los santos (seguridad condicional).
2.
La doctrina de permanencia del pecado: Señala que el pecado original permanece en todo creyente y no se puede dejar de pecar mientras se viva en la tierra. El creyente pecará menos que antes, pero seguirá haciendo pecados que no quiere hasta que vaya al cielo. Percibe una imposibilidad de vivir en santidad de obras.
vs.
La doctrina de santidad (Perfección cristiana): Señala que Cristo equipara a los creyentes para que guardarlos de pecar, y hace que éstos puedan vivir en completa santidad y vivan totalmente apartados de la esclavitud al pecado, libertados en Cristo, preparados para vivir en la tierra como en el cielo. Percibe que vivir en completa santidad es posible en Cristo.
3.
La creencia fácil (Easy Believism): Señala que la salvación es muy fácil: sólo hay que ir a Cristo y confesar la creencia con la boca. Dice que todos los que profesan la fe en Jesucristo, sin importar su estilo de vida, serán salvos. Enfatiza la justicia que Cristo les imputa como elemento de la salvación.
vs.
El señorío de Cristo (Lordship Salvation): Señala que la salvación es difícil y que en los grupos del cristianismo hay muchos falsos conversos que piensar ser salvos, pero no lo son. Enfatiza el arrepentimiento absoluto del pecado, la creencia de todo corazón, el tomar la cruz cada día, el morir al pecado propio, y la justicia impartida por Cristo en la santificación.
4.
El cesacionismo: Enseña que los dones y experiencias milagrosas y prodigiosas que vivían los apóstoles y discípulos en el primer siglo del cristianismo “cesaron” cuando se terminaron de escribir los libros de la Biblia.
vs.
El continuacionismo: Enseña que los dones y experiencias milagrosas y prodigiosas que vivían los apóstoles y discípulos en el primer siglo siempre han continuado disponibles para todos los creyentes que creen en la Biblia.
5.
Teología judaizante: Dice que es necesario guardar aspectos de la ley judía del Antiguo Pacto, tales como días de reposo (ya sea sábado o domingo, según la denominación), leyes alimenticias y fiestas judías. Suele defender el unitarianismo.
vs.
Teología del Nuevo Pacto: Afirma que el Antiguo Pacto debe ser entendido a la luz de Nuevo Pacto. El enfoque es Cristo-céntrico: la ley de los israelitas era para los antiguos judíos; la ley de Cristo es para todos los creyentes de ahora (judíos o gentiles).
6.
La seguridad eterna de salvación (O.S.A.S.): Afirma que quien una vez fue salvo por Cristo, siempre será salvo, porque fue elegido desde el principio. No importa que el creyente se aparte de Dios y viva en el pecado: si alguna vez profesó verdadera fe en Cristo, nada puede separarle de la salvación. Enseña que aquellos que abandonaron a Dios y nunca regresaron, es porque nunca tuvieron una fe verdadera.

La seguridad condicional de salvación: Afirma que hay personas que creyeron de verdad, pero después de un tiempo, cayeron de la gracia y fueron separados de Dios otra vez. Estresa que quien abandona a Dios y no se arrepiente, no heredará el reino de los cielos. Enseña que si el creyente sigue pecando deliberadamente o si regresa al mundo y muere en esa condición, ya no habrá salvación disponible para él.

Cristo dijo que el que ama su vida, la perderá, y el que la pierda por causa de Él y del Evangelio, la encontrará. Muchos religiosos no quieren perder su vida así que se resisten a la crítica, al cambio y la autoexaminación a la luz de la Biblia. Se engañan a sí mismos y se sienten afortunados de estar en "la Iglesia correcta" o la "denominación correcta"; la que tiene "la verdad y solo la verdad". A menudo, el lugar donde escucharon acerca de Jesús por primera vez es donde quieren permanecer el resto de sus vidas. La primera persona que les habló de Dios es a la que quieren permanecer fiel. Siguen al lugar, o al hombre, en vez de seguir al Salvador. Buscan la manera de discutir teología y no están dispuestos a escuchar con humildad al Espíritu Santo ni a considerar argumentos bíblicos distintos a los que les enseñó a interpretar el hombre. Es lamentable su situación y es preferible sacudirnos el polvo de aquellos que no reciben la Palabra como es. La reforma no se trata de debatir o discutir teología. Se trata de quitarse los lentes religiosos de encima y dejar que el Espíritu Santo nos enseñe a interpretar la Escritura. Se trata de conocer a Dios tal y como es, y no como queremos que sea, ni como más cómodos nos sintamos. Cuando sacamos las vigas de nuestros ojos, se puede ver con más claridad, pero esto sólo se logra si en verdad se busca a Dios con todo el corazón. 

Necesidad de una reforma continuacionista conforme al ideal del cielo en la Tierra


La forma en que Jesús enseñó fue bastante simple. Le dijo a sus discípulos que lo siguieran y luego fue, actuó, y le dijo a sus discípulos que hicieran lo mismo. Jesús nunca dijo que la vida para los cristianos venideros debía ser distinta a la de los primeros cristianos; más bien, nos dio advertencias de lo contrario (Mc.13:37; Mt.7:24-27). Los discípulos experimentaron prodigios y vidas extraordinarias en el Libro de los Hechos porque siguieron las pautas que Cristo había indicado.

Hoy en día, muchos hemos escuchado que esa clase de vida ocurre solo en casos extraños, quizá solo entre misioneros en regiones remotas y aisladas de China o de África, pero ese razonamiento no concuerda con la verdad bíblica. Jesucristo es el mismo aquí y en China, en Oriente o en Occidente, ayer, hoy y siempre. Algunos sienten que Dios ha cambiado. Profesan creer que Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre, y dicen creerlo, sobre todo cuando se trata de la salvación, pero ¿por qué no piensan igual cuando se trata de la vida sobrenatural, del Espíritu Santo, de la conversión de gentiles o de los milagros?  Si Dios no ha cambiado, el Espíritu Santo no ha cambiado. Dios puede hacer hoy en día lo mismo que hacía en tiempos bíblicos y lo que leemos en el Libro de los Hechos puede ocurrir hoy mismo, porque Él no ha cambiado.

En la Biblia, vemos Jesús dio autoridad a sus seguidores para predicar el Evangelio y el mismo Dios que confirmaba el Evangelio con poder de señales y prodigios:
Marcos 16:20"Y ellos salieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor con ellos, y confirmando la palabra por medio de las señales que la seguían". 
Hechos 2:21: "Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de El, tal como vosotros mismos sabéis...".
Hechos 4:29-31: "Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra; Que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús. Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza" (Oración de Pedro y Juan) .
Hechos 14:3"Con todo, se detuvieron allí mucho tiempo hablando valientemente confiados en el Señor que confirmaba la palabra de su gracia, concediendo que se hicieran señales y prodigios por medio de sus manos".
Romanos 15:19-20"Porque no me atreveré a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, en palabra y en obra, con el poder de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén y por los alrededores hasta el Ilírico he predicado en toda su plenitud el evangelio de Cristo".
1 Corintios 2:4: "ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios". 
1 Corintios 4:20: "Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder".  
2 Corintios 12:12: "Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios, y milagros"
Gálatas 3:5: "Aquél, pues, que les suministra el Espíritu y hace milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o por el oír con fe?".
1 Tesalonicenses 1:5: "pues nuestro evangelio no vino a vosotros solamente en palabras, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción; como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros".  
Hebreos 2:4: "¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual, después que fue anunciada primeramente por medio del Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, tanto por señales como por prodigios, y por diversos milagros y por dones del Espíritu Santo según su propia voluntad". 
El Dios de los discípulos de aquellos días es el mismo Dios que puede confirmar el Evangelio en la obra de aquellos que tienen fe en Él y hacen las cosas a Su manera. Si a la luz de estas Escrituras es claro, ¿porqué entonces el Evangelio sólo se ha convertido en un mensaje de palabras? Esos versículos muestran que el Reino de Dios no sólo consiste en palabras y no se trata de convencer mentalmente a las personas y presionarlas a responder a algo de lo que no están seguros. El Reino de Dios no sólo son palabras sino poder. Pero la religión, de alguna manera, le ha quitado ese poder a la Palabra, por causa de las tradiciones.

El mundo necesita conocer que Jesucristo salva el alma y el cuerpo por igual. Al menos una cuarta parte de lo que los Evangelios hablan de Cristo haciendo sanidades y prodigios. En total, hay más de 40 historias en las que Jesús hizo milagros: cerca de 20 historias de sanidad, 11 expulsiones de demonios, 10 casos en los que demostró su autoridad sobre la naturaleza y 3 muertos resucitados. A muchos líderes religiosos modernos no les gusta hablar en absoluto acerca de milagros porque sienten que "es malo". Se justifican señalando los desvíos en los que han caído algunos grupos neopentecostales han caído. Por ello muchos dudan. Pero, independientemente de las falsificaciones, no podemos negar las palabras de los Evangelios, ni generalizar la situación de todos.

La sanidad es parte del corazón del Dios, de su voluntad hacia el ser humano. No hay un solo pasaje en que Jesús haya negado la sanidad a aquellos que se la pedían o que les haya echado fuera. Cuando Jesucristo se ponía en acción, Él siempre predicaba el Evangelio con doctrina de arrepentimiento y santidad, pero al mismo tiempo, con doctrina de fe y sanidad. No se separaba una cosa de la otra. Lo mismo mandó a hacer a sus discípulos. No conozco un sólo caso en que que Cristo haya enviado a sus discípulos a predicar sólamente, o a sanar sólamente. Ambas cosas, tanto el bienestar del alma, como el bienestar del cuerpo, eran igual de importantes para Él.

El predicador Martin Luther King Jr., que hablaba de la importancia de cuidar la condición social de las persona, llegó a explicar muy bien esta necesidad:
"Ciertamente, las preocupaciones por el otro mundo tienen un profundo e importante significado en todas las religiones dignas del nombre. Cualquier religión que sea completamente terrenal vende su primogenitura por un plato de lentejas naturalista. 
La religión, en lo mejor de sí, no sólo trata con las preocupaciones preliminares de hombre, sino de su inevitable cuidado final. Cuando la religión pasa por alto este hecho básico, es reducida a un mero sistema ético en el que la eternidad es absorbida con el tiempo y Dios es relegado a una especie de quimera sin sentido de la imaginación humana. Pero una religión fiel a su naturaleza también debe estar preocupada por las condiciones sociales del hombre.  
La religión trata tanto de la tierra como del cielo, tanto del tiempo como de la eternidad. La religión no sólo opera en el plano vertical, sino también en la horizontal. No busca solamente integrar a los hombres con Dios, sino también integrar a los hombres con los hombres y a cada hombre consigo mismo. 
Esto significa, en el fondo, que el Evangelio cristiano es un camino de dos vías. Por un lado, busca cambiar las almas de los hombres, y por lo tanto, reunirlas con Dios; por otro lado, busca modificar las condiciones ambientales de los hombres para que el alma tenga una oportunidad después de que ser cambiada. 
Cualquier religión que profese preocuparse por las almas de los hombres y no se ocupe de los barrios pobres que les condenan, de las condiciones económicas que les estrangulan, y de las condiciones sociales que les paralizan, es una religión tan seca como el polvo. Tal religión es de la clase que a los marxistas les gusta ver: un opio del pueblo[Martin Luther King, Stride Toward Freedom, New York: Ballantine Books, 1958, pp. 28-29.].
Esto nos debería hacer reflexionar la condición actual de nuestra predicación. Si sólo predicamos con palabras todo el tiempo, nuestro modelo de Evangelio estaría incompleto. Si sólo sanamos a enfermos, sigue incompleto. Si predicamos pero no oramos, nuestro modelos está incompleto. Si solo oramos pero no ayudamos a los pobres, nuestro modelo es incompleto. Si solo ayudamos a los pobres pero no entregamos el Evangelio de Cristo, sigue incompleto. Si solo hablamos de Cristo, pero no seguimos su carácter ni tenemos los los frutos de su Espíritu, sigue incompleto. Es necesario un balance integral en todo bajo la dependencia total de Dios.

Por un lado, se debe romper esa tendencia moderna a centrarse solo en milagros y no predicar el Evangelio completo; por otro lado, también esa tradición de solo enfocarnos todo el tiempo en hablar de pura doctrina teórica en la que se carece de fe para creer que una sóla persona puede ser sanada al momento de orar por ella. Ambos casos son extremos que caen en el error. Jesucristo dijo a sus discípulos:
"En cualquier ciudad donde entréis y os reciban, comed lo que os sirvan; sanad a los enfermos que haya en ella, y decidles: ``Se ha acercado a vosotros el reino de Dios" (Lucas 10:8-9).
"Y estas señales acompañarán a los que han creído: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien" (Marcos 16:17).

Debemos encontrar un equilibrio donde no se descuiden los mandatos que Cristo dio y las promesas que nos ofreció si teníamos fe. El único propósito es este: que la gente que no ha sabido, conozca que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías de las Escrituras, que Él está vivo y Él es el Dios encarnado Omnipotente, aquél Salvador de la humanidad que dio su vida por nosotros.
Cristo también dijo: "recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1:8)
Muchas iglesias se han llevado este poder y Dios quiere que la predicación del Evangelio vuelva a hacerse con la manifestación de poder como lo fue alguna vez. Hay que abrir nuestros ojos y quitarnos nuestros anteojos religiosos y volver a empezar como los pioneros del Evangelio. Muchos han estado enfermos por veinte o cuarenta años sin ver un solo milagro y sin experimentar nada sobrenatural, pero después de estudiar el Libro de los Hechos de los apóstoles, se dan cuenta de que esa vida aún pueden ocurrir y su vida sufre un cambio dramático que les hace caminar en novedad de vida. No tenemos que pasar años dentro de la iglesia para aprender a vivir como discípulos de Cristo. Podemos aprender en cuestión de minutos u horas, pero hace falta una enseñanza práctica. 

Muchos líderes religiosos modernos han hablado "teniendo apariencia de piedad, pero han negado su poder" (2 Timoteo 3:5). Su forma de enseñar ha sido en base a teoría con bibliografías seleccionadas a su favor (imitando el modelo de enseñanza prusiano de la escuela secular). Muchos de estos lugares de supuesta preparación, en realidad no entrenan obreros, sino profesionales expertos en mantener y expandir una institución. Pero Cristo no formó discípulos erigiendo seminarios ni escuelas bíblicas ni usando métodos meramente humanos. ¿Fueron los cristianos del libro de los hechos a una escuela bíblica? ¡No! ¿Conocían ellos a Jesús? ¡Sí! ¿Tenían mucho conocimiento? ¡Sí! Pero no es porque hubiesen tenido un curso bíblico en línea sino porque estaban en permanente comunión con Jesús. Él no estaba interesado en la "profesionalización" de la religión: Él reprendió, maldijo y generalmente confrontó la actitud de los profesionales religiosos de su época (Mateo 23 es un excelente ejemplo). Él enseñó que si alguno hace la voluntad de Dios, sabrá si la doctrina es proveniente de Dios o no. La apariencia de piedad hace es solo profesar creer en ciertas verdades, sino vivirlas. La Biblia es un libro de vida, pero no se vuelve real cuando lo estudiamos, sino cuando lo vivimos.

Jesús fue el más grande líder que ha caminado sobre la faz tierra, el más inteligente del planeta, y el más influyente que se ha visto en la historia. ¿Qué nos hace pensar que nuestros métodos son mejores? Sus discípulos, en su mayoría, granjeros, ciudadanos simples y pescadores del pueblo, aprendió a tener una fe sobrenatural. Jesús los entrenó en el mismísimo campo de trabajo. ¡No hay mejor método que el suyo! Ellos eran de "lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia" (1 Cor. 1:28).

Nada de esto quiere decir que estudiar en una escuela bíblica sea malo. Escudriñar las Escrituras es algo vital; pero hay un problema serio cuando la persona que la termina, la aprende a leer con unos lentes religiosos que le cambian el sentido a lo que decía el Autor. Estudiar la Biblia es insuficiente. La gente puede llegar a saberse la Biblia por completo, y seguir sin comprenderla y sin conocer en persona el poder de su autor. La Escritura tiene todo lo necesario para instruirnos en la salvación, pero si no salimos y vivimos lo que leemos, de nada nos habrá servido leerlo, porque nada vale sin el amor, y el amor actúa. Mateo 22:29 dice que "Jesús respondió y les dijo: Están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios". También dijo de los fariseos: "Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de mí! Pero no quieren venir a mí para que tengan esa vida. Yo no recibo gloria de los hombres..." (Juan 5:39-41).

La forma de enseñar de Cristo fue en la vida diaria. Su ejemplo y sus palabras fueron tan poderosos, que hicieron que quien tuviera dudas terminara hablando a sus amigos y conocidos del mensaje de Jesús, y que quien tuviera el alma destrozada, pudiera ser liberado, y luego salir y decirle a los de su casa las grandes cosas que Dios había hecho. Si usamos las herramientas que Dios ha dado para hacer discípulos, podremos ver las cosas grandes y sorprendentes que Él dijo que pasarían. Jesucristo dijo: "En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo" (Juan 14:12). 

Los discípulos en el Libro de los Hechos eran guiados personalmente por el Espíritu Santo. Pero la iglesia moderna rechaza la guia personal del Espíritu Santo, y prefiere la guia de diccionarios bíblicos publicados por editoriales denominacionales y los escritos de teólogos que gocen de buena reputación en nuestro circulo denominacional. Es un gran error depender del hombre porque la Biblia dice que no tendríamos necesidad de que ningún hombre nos enseñara: si permanecemos en Cristo, todo nos lo podría enseñar personalmente el Espíritu Santo por medio de su unción (Juan 16:13, 1 Juan 2:27). ¿En qué iglesia se predica esto, y cuántos están dispuestos a salir de la caja del denominacionalismo? ¿Preferimos a Jesús, o preferimos a la religión?

Es tiempo de volver al cristianismo del Libro de los Hechos. Esa es la clase de vida que Dios ha preparado para sus discípulos. Esa es la vida cristiana bíblica. Dejemos de imitar las cosas que hay alrededor de nosotros. La Palabra de Dios debe ser la vida cristiana normal. 


Este artículo está basado en una adaptación y extensión de la Lección 1 y la Lección 2 de La Escuela del Pionero, una serie de estudios bíblicos producidos por Torben Sondergaard del movimiento de La Última Reforma o La Reforma Final (The Last Reformation) originado en Dinamarca. Asimismo, se incorporó parte del mensaje del Manual de Lucas 10 de Steve y Marilyn Hill, y de la película documental "La Última Reforma: El comienzo" disponible gratuitamente en Youtube con subtítulos en español.