viernes, 24 de marzo de 2017

"Esperanza Bíblica" (por Travis Freeman)


Travis Freeman es un ejemplo de esperanza bíblica. Cuando era joven y fuerte, y todo parecía ir bien en su vida, él era un gran jugador y capitán del equipo de fútbol americano. De forma repentina, una infección cerebral llamada meningitis bacteriana lo llevó al hospital y lo dejó inconsiente por un tiempo. Su madre rogaba a Dios para que no muriera, y así fue. Dios le permitió vivir más tiempo, pero cuando Travis abrió los ojos, se dio cuenta de algo que le cambió la vida: Travis había perdido la visión y había quedado ciego de por vida.

Naturalmente, su historia ha captado la atención de muchas personas y el 2014 fue llevada a la pantalla grande bajo el nombre de la película "23 Blast" (disponible en Netflix). Siempre es edificante escuchar lo que gente de fe tiene que decir respecto a sus luchas más grandes, y esta no es la excepción. Especialmente cuando la persona en cuestión alcanza grandes logros y termina volviéndose predicador de Cristo. 

Como egresado del Seminario Teológico Bautista el Sur y fundador de la "Fundación Freeman", Travis es ahora un pastor cristiano que asegura que "La discapacidad no significa inabilidad" y la dificultad no significa incapacidad. El mundo tiende a confundir los términos y por ello, muchos terminan derrotados, pero no aquellos que están en Cristo de su lado. Así argumenta Travis, en su sermón "Esperanza Bíblica" (Biblical Hope), basado en el pasaje de Marcos 4:35-41, donde se narra lo siguiente: 
35 Aquel día, al anochecer, [Jesús] les dijo: —Pasemos al otro lado. 36 Y después de despedir a la multitud, lo recibieron tal como estaba, en la barca. Y había otras barcas con él. 37 Entonces se levantó una gran tempestad de viento que arrojaba las olas a la barca de modo que la barca ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal, pero lo despertaron diciendo: —¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos? 39 Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar: —¡Calla! ¡Enmudece! Y el viento cesó y se hizo grande bonanza. 40 Y les dijo: —¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe? 41 Ellos temieron con gran temor; y se decían el uno al otro: —Entonces, ¿quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen?  (RV, 2015)
No sólo Travis, sino todos tenemos circunstancias y asuntos en nuestras vidas que llamaríamos tormentas... ya sean pruebas, tribulaciones, persecuciones, muertes inesperadas de seres queridos. Todas estas cosas se nos presentan en algún momento de la vida. La pregunta es, ¿cómo tener esperanza en medio de las tormentas de las vida?

Primero que nada, Travis nos recuerda que si queremos superar las tormentas, debemos empezar por tener la actitud correcta. La Biblia dice en Filipenses 2:5 "La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús". Esto es algo que los discípulos olvidaron cuando estaban en el bote, y en medio de la tormenta, tuvieron una perspectiva equivocada. 

Hubo dos suposiciones erróneas en el pensamiento de los discípulos. La primera fue asumir que Dios no tenía cuidado de ellos. Asumieron que a Dios no le importaba. Expresaron, ¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?, Tenían la mira en sus circunstancias. Tenían la mira en su situación y automáticamente asumieron que a Dios no le importaba que murieran. 

¿Dónde estaba su fe? ¿No sabían que Dios tiene cuidado incluso de los pajarillos?  Jesús se los enseñaría más tarde para darles una lección, y Dios hizo una gran obra en Pedro, por medio de quien escribió más tarde: 
"6Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte a su debido tiempo, 7echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros. 8Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:6-7, RV, 1960)
La segunda suposición -- la peor -- que los discípulos hicieron fue temer que Dios los dejaría morir allí. Tenían miedo pero ¿dónde estaba su fe? ¿No esperaban la liberación? ¿No esperaban la resurrección?

Imagínense que Abraham, cuando Dios le pidió a su hijo, le hubiera dich ¿No te importa que muera?  Abraham sabía que sí, así que la pregunta no venía al caso. Pero Abraham creyó en Dios y le fue contado por justicia, y dijo a sus siervos: "Espérenos aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allá, y adoraremos, y volveremos a ustedes"(Génesis 22:5; en plural). Abraham ya sabía que Dios le había pedido sacrificar a su hijo. Pero incluso, pasando eso, Abraham sabía que Dios podría resucitarlo; de alguna forma, sabía que Dios "provería el cordero", y que si él le rogaba, no dejaría que su hijo se quedara en muerte.
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Nuestro Señor Jesucristo, que es el Cordero, ha tenido esa victoria sobre la muerte, y aunque estemos en cadenas o prisiones, como Pablo, podemos confiar que sea en vida o sea en muerte, tendremos una liberacion en Cristo Jesús (Fil. 1:21-26). Jesús mismo lo dejó muy claro cuando dijo:
"51En verdad, en verdad os digo que si alguno guarda mi palabra, no verá jamás la muerte" (Juan 8:51, RV 1960)
Tenemos una tendencia a mirar la actitud de los discípulos en aquél pasaje, y reprenderlos por su falta de fe. Pero la realidad es que muchos de nosotros hemos respondido de la misma forma que los discípulos. Y no deberíamos. Después de que Jesús se levanta y reprende la tormenta, Él va a sus discípulos y los reprende a ellos por su actitud. 

¿Cómo debieron haber respondido los discipulos? Por segunda vez, la Biblia lo dice en Filipenses 2:5 "La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús". Los discípulos deben actuar como su maestro e imitarlo en medio de la tormenta. Debieron haber tomado una almohada, y tomar una siesta, quietos, confiando y sabiendo que Dios tenía el control por sobre todo. Salmos 45:10 dice así: "Quedaos tranquilos, y sabed que yo soy Dios".

Y al quedarnos quietos, debemos tener la actitud correcta, recordando las dos grandes verdades que los discípulos olvidaron en ese ejemplo. La primera es que Dios tiene todo el poder y toda la autoridad en los cielos y la Tierra para detener todas las olas y todos los gemidos de la Creación que amenacen nuestra vida o la pongan en peligro. Tenemos de nuestro lado a el mismo que ejerció tremenda autoridad sobre las olas, y los mares, y a quienes les dijo: "Cállense y enmudezcan". 

Esa es la autoridad de Cristo a nuestra defensa. ¿Y cómo sabemos que está en nuestra defensa? ¿Cómo sabemos, con seguridad, que Dios sí tiene cuidado de nosotros? Como cristianos, debe bastarnos con mirar a la Cruz, y no a las circunstancias. Basta con ver a Jesús, crucificado por nosotros, y no a las olas. Esta demuestra sin lugar a dudas que a Dios le importamos. Dios pudo haberse quedado cómodo en su Reino, pero confiando en la cruz es como recordamos que Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo Unigénito, despojándose de sí mismo, para que todo aquél que en Él crea, NO PEREZCA, sino que tenga vida eterna. Cuando estemos en medio de tribulaciones y persecuciones, no miremos a las circunstancias. Miremos a la Cruz. El que resucitó y dejó la tumba vacía es el mismo que nos puede resucitar. En esto radica nuestra esperanza bíblica. 

Esforzémonos porque Dios nos dice que no debemos temer a las olas, sino a acudir con confianza al trono de gracia de Dios, donde nuestra vida está segura en las manos de nuestro Creador, Padre y Redentor eterno. Y si Él dijo que estará con nosotros hasta el final del mundo. ¿Quién estará contra nosotros o qué nos quitará su amor?

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