lunes, 8 de enero de 2018

Rol de la mujer y el trato del hombre hacia ella


La equidad bíblica al valor del hombre y la mujer

La primera idea de equidad entre el hombre y la mujer se halla desde la Creación en el primer capítulo de la Biblia (Génesis 1:27-28): "Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra"

El pecado humano es el que trajo como consecuencia un duro castigo de parte de Dios, tanto para el hombre (Génesis 3:19) como para la mujer; "A la mujer dijo: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti" (Génesis 3:16). La relación jerárquica de subordinación de la mujer hacia el hombre no fue el propósito original de Dios en la creación sino un castigo por el producto del pecado.

Pero la cuestión ha sido real. Por décadas, el hombre ha dominado sobre la mujer y muchos hombres han sido duro con ellas. En muchas sociedades antiguas y aún en algunos pueblos contemporáneas, la mujer ha sido despreciada, maltratada y menospreciada, como alguien inferior, sin derecho a opinar, o a votar, o a tener educación, o a trabajar. Pero en medio de todo esto, Dios usó al hombre más sabio del Antiguo Testamento, Salomón, para honrar a la mujer creyente (Proverbios 31). Curiosamente, el mismo capítulo donde se escribe esto, se advierte a todos los demás que debían "levantar la voz por los que no tienen voz y defender los derechos de los desprotegidos!" (Proverbios 31:8)

En el Antiguo Testamento, Dios proveyó leyes para proteger a la mujer en caso de quedar viuda (Deuteronomio 25:5-6); Dios respaldó por medio de David la decisión de una mujer creyente que se vio obligada a no hacer caso de la decisión de su esposo y actuar en la voluntad de Dios, aunque ésta tuvo que dejar de la voluntad de su esposo para hacerlo en ese caso específico (1 Samuel 25:1-38). Y también Dios a través de los profetas enseñó que la desigualdad socioeconómica (pobres, humildes), de género (viudas), generacional (huérfanos) e intercultural (extranjeros) es contraria a su voluntad (Is. 1:17-18, 23; 10:1-2; Jr. 7:5-7; 22:3; Ez. 22:7; Zac. 7:10; Mal. 3:5).

Cristo trató a las mujeres con una estima muy alto y consideración especial. Aunque éstas no fueran creyentes, Jesús mostró afecto, compasión, misericordia y suavidad al tratar con ellas, como se ve en el evangelio al tratar con la mujer samaritana (Juan 4), con la mujer adúltera que fue atrapada en medio de su maldad (Juan 7:53-8:11), la mujer que había padecido flujo de sangre por años (Mateo 9:18-26, Marcos 5:21-43, Lucas 8:40), la mujer encorvada a la que sanó (Lucas 13:10-17), las dos mujeres que ungieron sus pies (Juan 12; Marcos 14) y sus seguidoras cercanas Marta y María, hermanas de Lázaro (Lucas 10:38-42) y otras mujeres que también le seguían y acompañaban junto a los doce apóstoles (Lucas 8:1-3). 

Cristo defendió el valor y la situación de todas éstas mujeres contra la condición de menosprecio con las que otros las veían, y reivindicó su valor, mostrándoles respeto e infundiéndoles confianza en Dios, a la vez que también les enseñaba. Y luego, dio su vida por todas ellas incluídas. Si Cristo trató así a las mujeres, cabe recordar que todos estamos llamados a seguir el ejemplo de Cristo en todo y que si decimos creer en Él, debemos andar como Él anduvo.

Pablo enseñó que todos los cristianos, sin importar, género, tienen una posición de equidad espiritual al ser herederos de las promesas de Dios sin distinción de género: "...Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos sois uno solo en Cristo Jesús(Gálatas 3:28). Si todos los miembros, hombres o mujeres, todos son hechos partes del cuerpo de Cristo, todos heredan las promesas, y también todos heredan la obligación de obedecer el Evangelio. "Es decir, la justicia de Dios [es] por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen; porque no hay distinción;" (Romanos 3:22)

Dios dijo que en los últimos días, las mujeres también serían llenas del Espíritu Santo de Dios: "Y aún sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días" (Joel 2:29). Éste evento se inauguró en el Día de Pentecostés, donde todos los primeros seguidores de Jesús (incluyendo María y otras mujeres) fueron llenas del Espíritu de Dios. Y a nosotros se nos recuerdan las palabras de Pedro: "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros descendientes, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare(Hechos 2:39).

El rol de la mujer como congregante

En el tiempo de Pablo, algunas mujeres (al igual que algunos varones), se estaban saliendo de control. En una de sus cartas, Pablo lamentaba que las viudas más jóvenes estaban aprendiendo “a ser ociosas… y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran” (1 Timoteo 5:13). No sólo esto, sino que contra las personas habían personas que manipulaban a las “mujeres débiles” en la fe, las cuales se dejaban “llevar por toda clase de pasiones” (2 Timoteo 3:6)Por esto, Pablo enseñó que él no permitía a las mujeres hablar desordenadamente y les pidió que permanecieran aprendiendo calmadamente cuando todas las familias se congregaban: 
“9 En cuanto a las mujeres, quiero que ellas se vistan decorosamente, con modestia y recato, sin peinados ostentosos, ni oro, ni perlas ni vestidos costosos. 10 Que se adornen más bien con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan servir a Dios. 11 La mujer debe aprender con serenidad,* con toda sumisión [humildad]. 12 No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él; debe mantenerse ecuánime.* 13 Porque primero fue formado Adán, y Eva después. 14 Además, no fue Adán el engañado, sino la mujer; y ella, una vez engañada, incurrió en pecado (1ª Timoteo 2:11-12, NVI).
Este versículo ha sido usado por líderes religiosos para argumentar que las mujeres no deben predicar dentro de la Iglesia. El argumento es correcto. Lo que el versículo prueba es que las mujeres, por orden paulina, no podrían tener la función de ser pastoras o tener autoridad como líderes dentro de una Iglesia. El siguiente capítulo de la carta (1 Timoteo 3) también restringe a muchos hombres de participar como líderes de la iglesia, lo que prueba que esta orden no es meramente una cuestión de género sino de roles en la Iglesia. 

Ciertamente Pablo restringió a las mujeres de servir en roles de autoridad espiritual sobre otros hombres dentro de la congregación. La predicación, enseñanza o autoridad espiritual sobre otros hombres varones adultos, por orden paulino, es dada solamente por hombres meticulosamente seleccionados. Esto no quiere decir que la mujer o los demás queden relegados. Hay otras funciones que las mujeres y los demás hombres deben desarrollar por igual. ¡Ojo! Hablamos de funciones, no de posiciones. Hablamos de papeles, no de jerarquías. Ninguno es más importante que otro, porque somos un cuerpo en Cristo con miembros que tienen el mismo valor: 
"12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. 13 Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. 14 Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 15 Si el pie dijera: Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. 16 Y si el oído dijera: Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo, no por eso deja de ser parte del cuerpo. 17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo fuera oído, ¿qué sería del olfato? 18 Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó. 19 Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? 20 Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo. 21 Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito. 22 Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles, son los más necesarios; 23 y las partes del cuerpo que estimamos menos honrosas, a éstas las vestimos con más honra; de manera que las partes que consideramos más íntimas, reciben un trato más honroso, 24 ya que nuestras partes presentables no lo necesitan. Mas así formó Dios el cuerpo, dando mayor honra a la parte que carecía de ella, 25 a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. 26 Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él. 27 Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él" (1 Corintios 12:12-27). 
La Biblia enseña que las mujeres que son esposas tienen el deber de enseñar los caminos de Dios a sus hijos (¡junto al padre, por su puesto!). Proverbios 22:6 muestra que ambos deben instruirles en el camino del Señor. En la Biblia también se muestra que las mujeres llenas del Espíritu de Dios pueden estudiar, aconsejar o dar a conocer asuntos espirituales no sólo a sus hijos, sino también a otras mujeres más jóvenes en la fe, a aquellos que no son creyentes, o a otros niños. No hay nada que prohíba esto. Pablo escribió que las mujeres experimentadas pueden ser de ejemplo y enseñanza a las mujeres jóvenes: 
"2 Que los hombres mayores sean sobrios, serios y prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia. 3 Asimismo, que las mujeres mayores sean reverentes en conducta, no calumniadoras ni esclavas del mucho vino, maestras de lo bueno, 4 de manera que encaminen en la prudencia a las mujeres jóvenes: a que amen a su marido y a sus hijos(Tito 2:2-5). 
La Biblia también menciona un ejemplo de mujeres profetisas en la Biblia: tres siervas de Dios que la Escritura llama profetizas fueron: Hulda (2 Reyes 22.14-20; 2 Crónicas 34.22), quien por palabra de Dios anunció juicio contra la impiedad gubernamental; Débora, profetiza verdadera y jueza femenina que gobernaba a Israel (Jueces 4:4-6)y Ana, hija de Fanuel (Lucas 2:36), quien oraba en el templo de Jerusalén y reconoció de inmediato que Jesús era el Mesías Salvador en cuanto lo vio. 

Mas aún, las siervas de Dios también pueden desempeñar funciones clave de la iglesia, por ejemplo, ser diaconisas, como Febe (Romanos 16:1). Éste es un papel distinto del pastorado, pero no menos importante. 

El rol de la mujer como discípula de Jesús

Aunque las mujeres, por consejo de Pablo, no deberían ejercer autoridad espiritual en la congregación o la reunión de la iglesia, ciertamente el mensaje bíblico en conjunto muestra que las mujeres, no solo "pueden" sino que DEBEN predicar el Evangelio a su alrededor en su vida diaria, porque esto es lo que Cristo mismo lo mandó a sus seguidores:
"Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15) 
"Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;. 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén." (Mateo 28:19-20).  
Este mandato, al igual que su promesa, no sólo es dado a unos cuantos sino a todos. Recordemos que Jesús había dicho a sus discípulos: "Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos" (Marcos 13:37). Si creemos en el sacerdocio de todos los creyentes ante el mundo, no podemos de ninguna forma excluir a las mujeres de obedecer el mandato que Jesucristo dio a todos, en el Sermón del Monte y en el resto de los Evangelios. 

Después de todo, después de la resurrección de Jesús, a excepción del discípulo amado, fueron mujeres discípulas las que estuvieron siguiendo a Jesús durante su viacrucis (Lucas 23:27-28) y las discípulas que estuvieron en su crucifixión (Marcos 15:40-41), fueron mujeres discípulas las que ungieron su cuerpo para la sepultura (Lucas 23:56) fueron mujeres las primeras que se enteraron de que Cristo ya no estaba en el sepulcro (Mateo 28:1-8. Marcos 16:1-8. Lucas 24:1-6) donde encontraron a un ángel que les dijo: “Váyanse deprisa, díganle a sus discípulos y a Pedro que Él ha resucitado de entre los muertos...”. Fueron mujeres discípulas las primeras en dar las buenas noticias de que Jesús había resucitado y aunque los doce apóstoles pensaban que estaban diciendo locuras (Lucas 24:1-11), Jesús claramente aprobó la acción de las mujeres y les mandó a ir y predicar las buenas nuevas a quienes no las sabían:
"8 Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 9 Jesús les salió al encuentro, diciendo: —¡Hola! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies y lo adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán." (Mateo 28:8-10). 
¿Por qué Dios escogió a mujeres para anunciar las buenas nuevas antes que los hombres? Quizá para romper un estereotipo, porque es evidente a la luz de estos versículos que Dios aprueba que lo hagan. El mandato que Jesús dio es el mismo para las mujeres de hoy en día. Las mujeres fieles a Cristo pueden ser de gran testimonio para la gente que aún no conoce las buenas nuevas. 

El Libro de Hechos, que nos habla de la forma en que vivían los primeros cristianos, tiene un excelente en la figura de un judío llamado Aquila y su esposa Priscila (Hechos 18:1-3). Ambos viajaron junto a Pablo en su camino a Siria (Hechos 18:24-28). Al estar dentro de una sinagoga en Éfeso, ambos, el esposo y la esposa escucharon a un judío llamado Apolos exponer de forma valiente las Escrituras, sin embargo, "lo llevaron aparte y le explicaron el camino de Dios con aún más precisión(Hechos 24-28). La Escritura habla en plural, implicando que, habiendo salido de la sinagoga, tanto el hombre como su mujer le prepararon para explicar con mayor exactitud el papel de Jesús como Mesías (v.27-28). Este testimonio de un matrimonio que predicaba conjuntamente fue aprobado y su trabajo fue honrado por Pablo, que más tarde les reconoció como una pareja que servía a Dios para avance el Evangelio:
"Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, 4 que expusieron su vida por mí, a los cuales no sólo yo doy las gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles" (Romanos 16:3-4)
Así de felices nos deberíamos sentir los creyentes cuando cualquier cristiano, sea varón, mujer, o ambos, expone con exactitud el camino de Dios a un mundo caído por el pecado que espera la redención del Salvador. 

Muchas mujeres también superan a los hombres en los dones de la hospitalidad, misericordia y asistencia. Mucho del ministerio de la iglesia depende de las mujeres. Las mujeres en la iglesia no están restringidas para oración pública o para profetizar (1ª Corintios 11:5), solamente para tener autoridad en las enseñanzas espirituales sobre los hombres. La Biblia en ninguna parte restringe a las mujeres de ejercitar los dones del Espíritu Santo (1ª Corintios capítulo 12). Así como los hombres, las mujeres, están llamadas a ministrar a otros, para mostrar el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), y para proclamar el Evangelio a los perdidos (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8; 1ª Pedro 3:15).

El rol laboral de la mujer

Es una visión cultural pensar que el hombre es el que debe suplir las necesidades de su caso; pero también es un principio bíblico: el esposo tiene la obligación de trabajar para proveer a su esposa e hijos "pues quien no se preocupa de los suyos, y sobre todo de los de su propia familia, ha negado la fe y es peor que los que no creen" (1 Timoteo 5:8). 

Algunas denominaciones con líderes machistas han tomado este versículo y lo han torcido para enseñar que las mujeres tienen prohibido trabajar. Gran error. Ninguna parte de la Biblia dice que la mujer tenga prohibido trabajar. Lo que más bien enseña la Biblia es el que el varón tiene la obligación (deber) de proveer a su esposa e hijos (sea que la esposa trabaje o no). La mujer tiene la opción de trabajar si ella quiere, aunque no es obligatorio. El ejemplo de Priscila y Aquila nos sirve dado que se nos dice que este matrimonio trabajaba como "fabricante de carpas" (Hechos 18:1-3)

Lo que muchos piensan es que la esposa con hijos debe cumplir su deber de criar a sus hijos. Esto es cierto ¡claro la mujer no debe abandonar o desatender a sus hijos, pero tampoco el hombre! ¿Y qué tan cierto es decir que la mujer sólo debe quedarse en casa?


Si el hombre suple para las necesidades pero la mujer aún quiere trabajar, nada en la Biblia dice que la mujer tenga prohibido hacerlo, mientras no descuide su papel como madre, pero de la misma forma, el hombre no debería descuidar su papel como padre y esposo por trabajar. Lo que se puede ver entonces es que la mujer no tiene la obligación de tener un trabajo si su esposo creyente cumple con su obligación. Por eso Pablo escribió que "15 La mujer [esposa] se salvará siendo madre y permaneciendo con sensatez en la fe, el amor y la santidad" (1 Timoteo 2:15)En este versículo la palabra mujer es sinónima de esposa, como en muchos otros. Cuando Pablo enseña esto, de ninguna manera dice que la esposa vaya a ser salva "sólo por ser madre". Pensar tal cosa sería contraria al Evangelio de Cristo y a lo que Pablo mismo escribió cuando dijo "por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don [regalo] de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9). Obviamente la mujer, al igual que el hombre, es salva sólo por la fe en Jesús, pero lo que Pablo enfatiza en este versículo es que la esposa que tiene hijos estará cumpliendo con su deber si cumple su responsabilidad como madre y esposa, y si permanece viviendo en una verdadera conducta cristiana de santidad, como discípula de Cristo. 

Esto de ninguna manera quiere decir que la mujer deba casarse y tener hijos para ser aprobada por Dios. Pablo mismo enseñó en la Biblia que para aquél que tiene el don de la continencia y se siente apto para la soltería, es preferible quedarse soltero o soltera porque así podrá centrar toda su atención. Este consejo paulino de soltería fue explícito tanto para hombres como para mujeres: 
"...Quiero que estén libres de preocupación. El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señora. 33 Pero el casado se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer, 34 y sus intereses están divididos. La mujer que no está casada y la virgen se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu; pero la casada se preocupa por las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido" (1 Corintios 7:32-35).
"6 Esto digo a modo de concesión, no como mandamiento. 7 Que mas quisiera que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don procedente de Dios: uno de cierta manera y otro de otra manera. 8 Digo, pues, a los no casados y a las viudas que les sería bueno si se quedasen como yo. 9 Pero si no tienen don de continencia, que se casen; porque mejor es casarse que quemarse 10 Pero a los que se han casado mando, no yo, sino el Señor: que la esposa no se separe de su esposo 11 (pero si ella se aparta, que quede sin casarse o que se reconcilie con su esposo), y que el esposo no abandone a su esposa" (1 Corintios 6:7-11).
Evidentemente Pablo reconoce que la soltería no es para todos, pero recuerda que es una opción aprobada por Dios cuando la persona dedica su vida al Señor y sabe mantenerse en pureza sin caer en pecados sexuales como la fornicación. Jesús habló de lo mismo cuando advertía en contra del divorcio: 
"Entonces se le acercaron los fariseos, tentándolo, y le preguntaron: "¿Es permitido que el marido repudie a su mujer por cualquier causa?”, pero Él, respondiendo, les dijo: "¿No han leído que el que los creó al principio, los creó como hombre y mujer y dijo: ‘Por tanto, el hombre dejará a su padre y a su madre, y se juntará a su mujer, y los dos serán hechos una misma carne?.’ Así que, ya no son dos, sino una carne. Por lo tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el ser humano”. Ellos le dijeron: "¿Entonces por qué Moisés decretó darle carta de divorcio y rechazarla?". Jesús les dijo: "Fue por la dureza del corazón que ustedes tienen que Moisés les permitió divorciarse de sus esposas, pero en el principio de la Creación no fue así. Y yo les digo que si no es por causa de adulterio, cualquiera que repudie a su mujer y se case con otra, adultera; y el que se casa con la divorciada, adultera”. 
Sus discípulos le dijeron: “Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse”. Entonces Él les dijo: ‘‘No todos pueden recibir este precepto, sino aquellos a quienes les ha sido dado. Porque hay eunucos que así nacieron desde el vientre de su madre; y hay eunucos que son hechos así por los hombres; y hay eunucos que se hicieron así por causa del Reino de los cielos. El que pueda recibirlo, recíbalo” (Mateo 19:3-12. Marcos 10:2-12. Lucas 16:18)
El rol de la mujer en el matrimonio

Uno de los pasajes más controversiales y malinterpetados de la Biblia es el siguiente escrito originalmente por el apóstol Pablo: 
"22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor. 23 Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo. 24 Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo" (Efesios 5:22-24)
Los editores de las versiones Biblia de las Américas y Nueva Biblia de los Hispanos que tradujeron el versículo 22 diciendo: "las mujeres estén sometidas a sus propios maridos...", parece que no tomaran en cuenta la connotación sumamente negativa que la palabra tiene en la época contemporánea, donde "estar sometida" al marido es interpretado por conservadores e incrédulos como una subordinación humillatoria, una vejación o maltrato; y si no, al menos una obediencia incuestionable al esposo o una aprobación de todo lo que un esposo machista ordena. Esa clase de "sometimiento" sería correcto e inconsistente con lo que la Biblia enseña en conjunto porque se nos ha dicho que "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29). 



Es curioso ver que en el manuscrito original, la palabra "sujetas" no aparece como tal en este versículo sino que se intuye como subsecuente del versículo anterior. De cualquier forma, hay un problema en el orden moderno de las Biblias corte el capítulo de manera que parece estar separado de lo que se dice antes, porque el Nuevo Testamento originalmente no tenía separaciones por capitulo. Efesios 5:21, el versículo que precede habla a la iglesia en general y nos dice que debemos estar "sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo" y esto debe interpretarse junto a Efesios 5:22. ¿Porqué enfatizan algunos la sujeción de la mujer y ni si quiera mencionan el versículo anterior donde claramente se habla de estar sujetos "unos a otros". Y en dado caso, ¿qué implicaciones tiene esta sujeción?

En el contexto de la carta, primero que nada, "sujetarse" puede tener relación con la fidelidad marital, la lealtad de que la esposa deba seguir a su esposo y el esposo deba seguir a su esposa en vida. Esto se puede percibir en una carta de Pablo donde se lee:
"Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, ella es libre de la ley del marido" (Romanos 7:2 RV1960)
Si una mujer enviuda, bíblicamente es libre de la unión que tenía con su marido; puede casarse otra vez con otro creyente, ya no está "sujeta" al marido. Ya no está ligada a la relación marital que tenían. En otros sentidos también se aplica la fidelidad pues la Biblia nos pide también que los hijos estén sujetos a su padre y madre, los congregantes a los pastores y toda la iglesia a Cristo Jesús.

El sujetarse al esposo también tiene que ver con que la mujer no se pase el tiempo rebelándose contra las peticiones de su marido, oponiéndose a él o contradiciéndolo en todo lo que decide. El marido espera correspondencia y apoyo de parte de su mujer, no críticas incesantes que tendrían el potencial de irritarlo o estresarlo. Asimismo, la mujer espera correspondencia y comprensión por parte de su esposo, no desinterés por parte de él ni ordenes duras o peticiones de lograr. En Tito se nos explica más al respecto:
"2 Que los hombres mayores sean sobrios, serios y prudentes, sanos en la fe, en el amor y en la perseverancia. 3 Asimismo, que las mujeres mayores sean reverentes en conducta, no calumniadoras ni esclavas del mucho vino, maestras de lo bueno, 4 de manera que encaminen en la prudencia a las mujeres jóvenes: a que amen a su marido y a sus hijos, 5 a que sean prudentes y castas, a que sean buenas amas de casa, a que estén sujetas a su propio marido para que la palabra de Dios no sea desacreditada" (Tito 2:2-7)
Pedro también escribió respecto a esta relación mutuamente respetuosa en beneficio de la educación de los hijos creyentes y para ser de buen testimonio cristiano:
"Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a su marido para que, si algunos no obedecen a la palabra, también sean ganados sin una palabra por medio de la conducta de sus mujeres, 2 al observar su manera de vivir reverente y casta. 3 Su adorno no sea el exterior, con arreglos ostentosos del cabello y adornos de oro ni en vestir ropa lujosa; 4 sino que sea la persona interior del corazón en lo incorruptible de un espíritu tierno y tranquilo. Esto es de gran valor delante de Dios. 5 Porque así también se adornaban en tiempos antiguos aquellas santas mujeres que esperaban en Dios y estaban sujetas a su propio marido. 6 Así Sara obedeció a Abraham llamándolo señor. Y ustedes han venido a ser hijas de ella si hacen el bien y no tienen miedo de ninguna amenaza. 7 Ustedes, maridos, de la misma manera vivan con ellas con comprensión, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coherederas de la gracia de la vida, para que las oraciones de ustedes no sean estorbadas. 8 En fin, sean todos de un mismo sentir: compasivos, amándose fraternalmente, misericordiosos y humildes. 9 No devuelvan mal por mal ni maldición por maldición sino, por el contrario, bendigan; pues para esto han sido llamados, para que hereden bendición" (1 Pedro 3:1-9)
Nada de esto significa que el hombre tenga permiso de mandonear arbitratiamente a la mujer o ni que ella tenga que hacer ciegamente todo lo que un esposo controlador y pecaminoso le dice. Pablo en ningún momento expresa tal situación porque cada vez que se habla de los deberes de la esposa en su matrimonio, habla del deber del hombre de respetarla, valorarla, amarla y tratarla con sumo respeto. 

Con toda seguridad llegamos a una conclusión certera sobre el matrimonio y el rol de la mujer en estos versículos. Por un lado, que la Biblia desaprueba el matriarcado: Dios no quiere que la mujer mande ordene al hombre. Por otro lado, que la Biblia también desaprueba el machismo: Dios no quiere que el hombre controle todo como dictador y le de órdenes arbitrarias a la mujer sin darle el respeto y el amor que se merece. 

Mas aún, llamemos la atención a este pinto: que este llamado "orden familiar" en realidad no es una jerarquía de superioridad o inferioridad sino una forma de organización matrimonial. Visto desde un punto de vista neutral, el hecho de que el marido sea llamado la cabeza del hogar en la mayoría de traducciones bíblicas le otorga al varón la función de administrar, dirigir, tomar decisiones finales o ser líder espiritual de su hogar, pero sigue siendo líder de un equipo formado de dos partes. El hombre tiene una función matrimonial, no una posición jerárquica. No quiere decir que el hombre sea más inteligente tampoco ni que tenga más valor. En un equipo de trabajo, el director o coordinador no puede considerarse mejor que sus compañeros maestros. El coreback puede ser la cabeza de un equipo de fútbol pero no por eso es superior a los demá: ambos deben estar sujetos a las instrucciones del coach. Si el hombre está para ser líder del equipo, debe recordar que el equipo está conformado por los dos; que él sea líder significa que él debe ser el que tome la iniciativa, el que haga propuestas, el que guíe a su equipo al camino de Dios, pero nunca debe ser un dictador y siempre debe buscar acordar o tener una relación perfecta con su par. Un líder que es mandón y no considera lo que piense o siente su compañero tarde o temprano fracasará y se quedará sólo. Aunque un cuerpo tenga cabeza, no funciona si no tiene corazón que bombee la sangre al cerebro. Y ninguna parte del cuerpo sobrevive si no comen el Pan de Vida que les da aliento y fuerzas desde el cielo.

Algunos comentaristas defensores del valor de la mujer insisten que la interpretación de los versículos en cuestión debe profundizarse en relación al significado original de las palabras usadas en el manuscrito bíblico. En este caso, se nos recuerda que en español la palabra “cabeza” tiene muchos significados. En el griego koiné en el que se escribió el Nuevo Testamento, la palabra traducida como cabeza es "kefalé" que también tiene significados metafóricos que varían según el contexto; algunas veces como "líder", otras veces como "fuente". En hebreo, la palabra “cabeza” se expresa con el término rosh que simbólicamente puede significar líder al igual que en el español, pero también origen o principioKenneth Bailey hace una interesante observación: 
"El año nuevo judío es celebrado como rosh hashanah, “la cabeza del año”. El primer día del año no tiene “autoridad sobre” el resto del año. Más bien, el año “fluye desde” ese primer día. En el Antiguo Testamento “El temor del Señor es la cabeza (rosh) de la sabiduría” (Sal. 111:10). Las traducciones al español usualmente dicen “El temor del Señor es el principio de la sabiduría” 
[Kenneth E. Bailey, Paul Through Mediterranean Eyes: Cultural Studies in 1 Corinthians (Downers Grove: InterVarsity Press, 2011) 302]
Pablo es el único escritor bíblico en decir que la kefalé de la mujer es el hombre, y ésto lo dice en dos ocasiones: 1 Corintios 11:3 y Efesios 5:23. Siendo los únicos dos versículos bíblicos que ocupan esta terminología, debemos interpretarlo de forma cuidadosa, congruente con el mensaje de toda la Biblia. Que la Biblia llame al hombre la "cabeza" del hogar es aún controversial en el mundo dado que en la mente de muchos teólogos conservadores la cuestión tiene que ver con ejercer autoridad arbitraria. Pero hemos visto que hay otra vertiente de la teología que también aboga por una interpretación distinta. En el contexto de Efesios, J Lee Grady (2011), nos recuerda que Pablo insta claramente a los esposos a amar y cuidar abnegadamente a sus esposas. Ofreciendo al respecto una reinterpretación igualitaria construída a base de una revisión etimológica y de pasajes bíblicos, nos advierte: 
"El lector casual podría suponer por la lectura de este pasaje que Dios estableció el matrimonio como una jerarquía. Sin embargo, la palabra griega usada para denotar 'cabeza' en ambos pasajes es 'kefalé', una palabra que no tiene nada que ver con la autoridad severa. Si Pablo hubera querido implicar una sumisión ciega autocrática habría usado una palabra más común: arjón. La palabra kefale puede significar tanto "fuente" (con la fuente de un río), o 'uno que conduce a la batalla" (como un precursor). Ninguna definición original de esta palabra da lugar al control, al abuso o a un dominio dictatorial. 
El liderazgo, en esencia, no consiste en "quien es el jefe". Realmente consiste en "quien es la fuente". El esposo es la "fuente" de la esposa porque la primera mujer se originó del primer hombre, y como resultado fue conectada íntimamente con él en una unión mística que no se parece a ninguna otra relación humana. 
Cuando Eva fue tomada del costado de Adán y luego le fue presentada, él recitó lo que parece ser un poema acerca de esta hermosa nueva creación. Dice en Génesis 2:23: "Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada hembra, porque del hombre fue tomada". 
Muchas Biblias resaltan este pasaje como poesía, pero algunos eruditos creen que en realidad es una canción. ¡Considere la posibilidad de que la primera canción de la Biblia sea una canción de amor de un esposo para su esposa! Hubo un serio romance en el Jardín del Edén y el primer hombre tuvo un caso grave de enamoramiento. Observe además que lo que celebra en este cántico es el hecho de que la mujer provino de él. Adán encuentra especial el que esta criatura de cautivante hermosura llamada "mujer" tuviera su origen en la costilla del hombre. 
El hecho de que él sea la "cabeza" de ella, o su "fuente" u "origen", hace que la relación con ella sea romántica, única y además profundamente espiritual. Los ue como compañeros para siempre. Comparten una santa y mística conexión que se realza todavía más cuando tienen relaciones sexuales. Pero su vínculo trasciende lo sexual; es una unión espiritual que fue creada y bendecida por el mismo Dios. Éste es el verdadero poder del liderazgo. Se trata de conexión, vinculación y correspondencia. Cuando un hombre se considera la cabeza de su esposa, eso le recuerda que ella es su igual, que provino de él, y que comparten una conexión especial, de pacto, que fue diseñada para durar toda la vida. Cuando una mujer considera a su esposo como su cabeza, se deleita en la protección que él le brinda y valora el aliento y el afecto de su río de amor. Y ella reconoce que esta conexión es un vícnulo de por vida. El matrimonio, como fue diseñado desde el principio, es una oportunidad para que un varón y una mujer compartan la sorprendente profundidad del amor de Dios durante toda su vida. 
El liderazgo también nos recuerda que el vínculo entre un esposo y su esposa es más importante que cualquier otra relación humana. De hecho, cuando Dios le dio Eva a Adán, le dijo que él tendría que cortar su conexión principal con sus padres. Dios dijo en Génesis 2:24: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne". Esto es verdadero también para la mujer. Cuando se une a su esposo en matrimonio, ya no considera a sus padres como su fuente principal. Dios crea una nueva familia con cada vínculo matrimonial. En la antigüedad, los padres a veces exigían derechos sobre los esposo de sus hijas o sobre sus posesiones (como intentó hacer Labán cuando Jacob huyó con Raquel y Lea en Génesis 32:22-23). Pero Dios no admite ese arreglo. El padre no es la cabeza de la hija casada, y los suegros no tienen derecho a exigir reclamos sobre la pareja recién casada... 
Nunca se dispuso que el hombre se interpusiera entre su esposa y la relación de ella con Dios, ni que el hombre estuviera sobre ella como una especie de policía establecido por Dios. El plan original siempre ha sido que el esposo y la esposa caminen en unidad divina como uno y juntos coloquen al Señor en el centro de su pacto". 
[Grady J. Lee (2011). 10 mentiras que los hombres creen: La verdad sobre las mujeres, el poder, el sexo, Dios y por qué importan (2011). Charisma Media, pp. 86-88]
Para ayudarnos a entender mejor esto hay que señalar que el único pasaje del Nuevo Testamento que menciona explícitamente la palabra para autoridad (exousia) en el contexto del matrimonio es en 1 Corintios 7:4 donde se toca el tema de la intimidad marital y se enseña que la autoridad del esposo sobre su propia carne está compartida con una autoridad maritual que la esposa también tiene hacia él: 
"2 ...que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 Que el marido cumpla su deber para con su mujer, e igualmente la mujer lo cumpla con el marido. 4 La mujer no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino el marido. Y asimismo el marido no tiene autoridad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No se nieguen el uno al otro, a menos que sea de acuerdo mutuo por algún tiempo, para que se dediquen a la oración y vuelvan a unirse en uno, para que no los tiente Satanás a causa de su incontinencia. 6 Esto digo a modo de concesión, no como mandamiento. 7 Más bien, quisiera que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don procedente de Dios: uno de cierta manera y otro de otra manera..." (1 Corintios 7:2-5). 
Vemos en esto una relación horizontal de mutualidad (peticiones y apelaciones recíprocas), y no ninguna una toma decisiones vertical, lo cual nos ayuda a confirmar que la unión y humildad ante el otro debe ser recíproca.

Cuando Dios dio a conocer que crearía a la mujer, dijo de Adán: No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea” (Génesis 2:18), lo cual muestra que en el matrimonio, la esposa es la ayuda perfecta. El esposo, a su vez, debe ser el protector que le corresponda arar la tierra (Gén. 2:5; 1:28). Ambos se complementan. Ambos esperan compañía, fidelidad y respeto, el uno del otro, por lo cual siempre deben cuidar la comunicación, o, como dice la Biblia, "el consentimiento mutuo" para no tomar una dirección arbitraria. La mujer en su papel de esposa debe buscar la voluntad de Dios y escudriñar las Escrituras aprendiendo junto a su marido, y los dos deben estar unánimes juntos y pedir dirección de Dios. Ambos deben llegar conjuntamente a un acuerdo mutuo, pues ambos se han hecho "una misma carne". 

Dios mandó al mismísimo Abraham, padre de la fe, a no desatender a las inquietudes de su esposa en el problema que surgió con Agar e Ismael: "..Dios dijo a Abraham: "No te angusties por el muchacho ni por tu sierva. Presta atención a todo lo que Sara te diga porque por Isaac será llamada tu descendencia..." (Génesis 21:12)

Si el mismo Abraham no lo hizo, un esposo cristiano tampoco puede desechar groseramente las preocupación de su mujer o menospreciar sus palabras si ella busca tranquilidad o quiere hacer la voluntad de Dios. El hombre no debe de escuchar a la mujer si ésta le induce a pecar (como tampoco la mujer debe escuchar al hombre si él le induce a pecar contra Dios). Pero en una relación sana, ambos esperan ser escuchados y tanto el hombre como la mujer deben someterse al Señorío de Cristo y buscar la voluntad de Dios en lo que decidan hacer como matrimonio.


Si con ser cabeza de la mujer, pensamos en liderazgo y una función de autoridad, distinguir autoridad del autoritarismo. Consideremos lo que algún estudioso de la materia ha reflexionado sobre concepciones básicas del liderazgo que encajan bien dentro del esquema moral del matrimonio y nos recuerdan que el esposo debe ser un líder compañero y no un jefe absoluto:
"Un jefe es quien da órdenes incuestionables; un líder da el ejemplo y nunca pierde la humildad ante su equipo. Un jefe manda a los demás esperando absoluta obediencia; un líder administra al equipo y si encarga cosas es para lograr un mejor rendimiento. Un jefe infunde miedo; un líder inspira entusiasmo. Un jefe culpa a los demás; un líder trabaja para ayudar a reparar el daño y entender lo que pasó para que no vuelva a ocurrir. Un jefe se limita a su propio punto de vista y posición; un líder considera lo que ven y viven los demás. Un jefe exige que la contraparte aprenda a hacer las cosas que no sabe; un líder exhorta con respeto y no exige cosas que él desconoce. Un jefe depende de su propia autoridad; un líder depende de la fuente de su confianza. Un jefe condena y se deslinda de culpas; un líder comparte la responsabilidad mutua. Un jefe usa a la gente; un líder se interesa en que la otra persona se desarrolle. Un jefe se lleva todo el crédito; un líder da crédito a los demás. Un jefe siempre quiere que le obedezcan; un líder se interesa por preguntar y escuchar; un jefe indica el camino que hay que seguir; un líder es el primero en acompañar a los demás. Un jefe dice, "ve"; un líder dice, "¡vamos!". 
La pareja debe recordar que el esposo está llamado a ser un líder, ambos son compañeros, y el único en el Universo digno de ser el Jefe Supremo de ambos y de todos es Dios. El jefe es servido. El líder es el primero en servir. ¡Y sin embargo Jesús vino a servir, porque aunque era el jefe, se volvió el líder servidor! Y nos llamó a servir también a todos:
"25 Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos.  26 No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, 27 y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; 28 así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos" (Mateo 20:25-28).  
"13 Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. 15 Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho. 16 Les aseguro que ningún servidor es más que su señor, y que ningún enviado es más que el que lo envía. 17 Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos" (Juan 13:13-16). 
Por orden de Cristo, el esposo no debe exigir que "todos les sirvan" incluyendo su esposa y sus hijos. El esposo debe buscar seguir el ejemplo de Cristo... al igual que la esposa. 



El trato del hombre a la mujer

El esposo debe amar a su esposa como a sí mismo, con el amor de Cristo, dispuesto a dar su vida por ella: Así continúa nuestro pasaje: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efesios 5:25-27). 

Ambos deben consentir mutuamente, comunicarse y recordar que son un mismo cuerpo: "28 Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, 29 pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo. 31 «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo». 32 Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia." (Efesios 5:28-32). 

Las esposas deben ser tratadas con el más sumo respeto a su persona e integridad física. El varón debe tratar a la mujer como él quiere ser tratados (con amor, respeto, fidelidad, consideración, etc...), nunca debe una parte menospreciar a la otra porque se caería en pecado (Proverbios 14:21). El hombre debe tratar a la mujer con la mayor delicadeza posible. Recordemos esa parte ya citada de la carta de Pedro: "Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas" (1 Pedro 3:7). 

Lo que éste último versículo sugiere es que si un hombre trata mal a su esposa, Dios no escuchará las oraciones de ese hombre y desaprobará a tal persona; pero si el hombre trata bien a su esposa, no habrá en ello ningún impedimento para que Dios le escuche. Por supuesto, las enseñanzas de Jesucristo también reafirman que el varón debe serle fiel a su esposa, tanto en sus actos, como en su corazón y pensamientos, y el deber de mantenerse en pureza o de lo contrario terminar en el infierno. La mujer salió de la costilla del hombre, no salió de los pies para ser pisoteada, ni de la cabeza para ser superior, sino del lado para ser igual; debajo del brazo para ser protegida y a un lado del corazón para ser amada. 


Los varones en general no sólo deben tratar bien a su madre o esposa, sino también a todas las demás mujeres, pues la misma Biblia nos dice que debemos tratar a los demás como queremos ser tratados, que todas las cosas que hagamos a los demás, son las cosas que se nos hará a nosotros, y que debemos exhortar a las mujeres siendo siempre sumamente respetuosos: "a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza" (1 Timoteo 5:2). 

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