viernes, 13 de octubre de 2017

Ilustración de la enfermedad desconocida


Estaba un hombre en la calle esperando el autobús cuando de pronto se acerca tras de él una mujer que con un frasco en la mano le saluda y le dice: "Mire usted, vea esta medicina. Esta la cura para la "sinitis vascular aguda". Tome usted este tratamiento un sola vez, una sóla tableta cada día hasta que se termine el frasco y será sanado de esa terrible enfermedad mortal". El hombre, al oír a la mujer, desconfió de ella pensando que estaba loca o que le quería venderle algo, así que se dio la vuelta y respondiendo bruscamente le dijo: "¡No, gracias!, ¡ahorita no!". Se subió al autobús y murió una semana después. 

Tiempo después, aquella mujer se enteró de lo ocurrido y lamentó la pérdida, reflexionando en lo qué había hecho mal y en que tendría que cambiar la siguiente vez que viera un hombre en esa condición. 

Volvió la mujer a ver a otro hombre similar al primero, sentado en un parque, y acercándose le saludó, diciéndole "¿Quiere usted estar sano?". "¿Que si quiero? ¡Pues claro que sí!", le respondió el hombre. "Muy bien", le dijo la mujer, "pues mire, tome esta medicina durante una semana, lea las instrucciones: una sóla tableta cada día hasta que se termine el frasco, y usted estará sano de "sinitis vascular aguda". "Oh, bueno, gracias señora", le contestó el hombre, "no sé que es eso, pero lo voy a leer cuando tenga tiempo". Una semana después, el hombre murió sin haber tomado el tratamiento que le había regalado aquella mujer.

Tiempo después, aquella mujer se enteró de lo ocurrido y lamentó la pérdida, reflexionando en lo qué había hecho mal y en que tendría que cambiar la siguiente vez que viera un hombre en esa condición. Hablando con el doctor y diciéndole éste que ningún médica da una cura sin que el paciente esté convencido de que está enfermo, la mujer decidió conseguir un libro de medicina que llevó a todas partes.

Al ver a un hombre como los primeros dos, se acercó con su libro y le dijo: "Buenas tardes señor. Disculpe, ¿sabe que usted está en peligro de morir muy pronto?". El hombre, aunque llevaba un poco de prisa, se detuvo y le dijo consternado: "Vaya, pero ¿porqué lo dice o cómo lo sabe?". Ah mire, pues es que aquí tengo un libro de medicina donde se habla de esta enfermedad llamada "sinitis vascular aguda". Aquí dice que quienes la tienen, presentan manos y nariz hinchadas de rojo como usted, los ojos se le cierran y lagrimean como a usted, la boca se les abre demasiado y se les alarga la lengua como a usted. Yo misma tuve la enfermedad y por eso la reconozco, pero sé que que hay una cura, la cual muchos que se dicen doctores no conocen o niegan. Yo la conocí gracias a el doctor que hizo este libro; Él regala esta cura de forma gratuita. Su Hijo, que la descubrió, tuvo que dar su vida para que esto llegara a sus manos, porque muchos doctores le persiguieron y quisieron silenciar el hecho de que existe para seguir persiguiendo ganancias. Pero usted sólo crea y siga las instrucciones, haga lo que dice allí, y será sanado". 

El hombre le contestó: "¡Vaya! Precisamente vengo del hospital y me dirijo al laboratorio. Me han dicho que hay que hacer más pruebas para ver qué más sale, pero otros me han dicho que no se puede hacer nada para curarme. Mas ahora usted me ve y me da esto. "¿Cómo podré agradecerle?". "No me lo agradezca", respondió la señora. "Sólo recíbala y tómela".

Habiendo empezado ese mismo día, una semana después, aquél hombre contactó a la mujer para ayudarla a repartir más de esos frascos a otros conocidos que estaban igual que él.

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Así como los pacientes sólo pueden recibir un tratamiento o la cura cuando ya han sido propiamente diagnosticados, el pecador sólo está en condiciones de recibir la salvación cuando se da cuenta de su necesidad del Salvador y cuando es consciente de su condición de pecado, convencido de que si sigue así, irremediablemente va a morir a menos de que encuentre una cura que le salve. 
Si el paciente no cree que está enfermo, no va a apreciar la cura ni aunque la tenga frente a él. Por ello, el que predica debe asegurarse de que primero que nada el paciente es consciente de su seria condición. Si el paciente no quiere aceptar que está enfermo, no está en condiciones de recibir la cura de salvación que el Señor nos da. Es una ilusión creer que el paciente será salvo si no toma el frasco y no sigue las instrucciones del doctor. Aquél que cree en la cura, sin embargo, la toma al pie de la letra.  
De forma similar, lo que la iglesia ha hecho con el mensaje del "cristianismo" moderno es decirle a la gente: "Venga a Jesús y Él le dará paz, amor, alegría, felicidad y todo lo bueno que necesita". Muchos no lo entienden ni lo entenderán porque están cómodos y felices en su pecado y no creen que tengan una enfermedad del alma que les vaya a enviar a la muerte eterna. Por esto, tratar de decir decirles que Cristo va a mejorar su vida no es efectivo para ellos.  
Lo que debemos hacer es hacer ver al pecador su condición pecaminosa con la Palabra de Dios; hacerles ver su necesidad de no morir en el infierno, su necesidad de perdón, salvación y vida eterna. Esto se hace con la ley de Dios, el estándar moral de Jesucristo, con las enseñanzas del Salvador, cuya palabra les confrontará y mostrará que si han mentido, robado, idolatrado, se han airado, han adulterado, han desobedecido, odiado o han hecho cualquier otra maldad ante Dios, la suma de su pecado les ha separado de Dios y son dignos de ser declarados culpables ante los ojos de Dios y dignos de ser juzgados en el juicio justo de Dios. 
Como dijo el profeta: "Vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escuchar os. Porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira, vuestra lengua murmura maldad. No hay quien clame con justicia ni quien abogue con honestidad. Confían en la confusión, y hablan falsedades; conciben malicia, y dan a luz iniquidad…"
Si entienden esto, será síntoma de que su corazón está preparado para escuchar el mensaje de la cruz, recibir al Salvador y apreciar la cura que Él ofrece y el llamado al arrepentimiento y crecimiento que Él nos hace de esa enfermedad. 
Basado en una ilustración de Kirk Cameron y Ray Comfort, del ministerio Living Waters (Aguas Vivientes).

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