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viernes, 6 de agosto de 2021

¿Cómo explico, como cristiano, la pandemia del covid?

Recientemente, editaba un artículo que publiqué en 2015, titulado "¿Por qué enferman los cristianos? ¿y cómo sanar?" , que comprende un estudio bíblico y perspectivas de médicos sobre el origen de las enfermedades en relación a la Biblia, y habla de cómo encontrar la solución o la sanidad a las mismas, cuando me di cuenta de un comentario de una lectora que amablemente me preguntaba:

"¿Cómo explica esta pandemia y el tema de covid? Al principio la gente no creía, pero la realidad es que hay muchos cristianos que se han contagiado incluso algunos han partido con el Señor... Hay cristianos trabajadores de salud que han fallecido también".

Pues, bien, este tratado será mi respuesta a este comentario, y primero que nada, quiero decir que lamento las pérdidas humanas y expreso mi profundo pésame a las familias de cualquier lector, sea cristiano o no, que hayan perdido miembros o seres queridos en la pandemia. Un par de cercanos míos también fallecieron y sé que es duro pero quiero decirles que hay consolación en Dios, y su palabra nos da las respuestas .

Antes de eso, si tú aún no tienes una relación con Jesús o tienes dudas acerca de Dios, pero quieres saber más o conocer cómo puedes estar seguro de ir con Dios, he preparado el artículo: "¿Te estás preparando para lo que viene?" para explicarte el plan de Dios en el contexto de la pandemia. Asimismo, debes saber que, a pesar de lo que hayas pasado o estés pasando, Dios tiene un propósito para tu vida. 

Sin más como preámbulo, te comparto mi punto de vista.

La naturaleza o el génesis del covid

Respecto a la cuestión del origen o naturaleza del covid, y otras pandemias, comenté que hay enfermedades de las cuales, ni la ciencia, ni la teología, ni la experiencia han dado a conocer una respuesta de su causa específica todavía, porque nunca hemos sabido (ni sabemos) todo de todo. En los últimos días, la ciencia va a avanzar mucho pero nunca lo sabrá todo. Por supuesto, el conocimiento biológico y científico avanza, y se dice oficialmente que proviene de patógenos provenientes de animales (probablemente murciélagos) o alguna especie, mientras que otros apoyan la teorías conspirativas, diciendo que quizá fue un invento de laboratorio o algún gobierno para reducir la población.

Ciertamente no todos estaremos de acuerdo, pero independiente de tu postura, eso no resuelve la pregunta sobre el origen en términos teológicos de las infecciones respiratorias en general. Aunque probaras que el covid emergió en un mercado de China, o aunque digas que se creó por el hombre, estamos preguntando porqué resolver la pregunta sobre porqué existen los patógenos o las epidemias infecciosas en primer lugar, y por eso busco desarrollar más este tema. 

Quiero invitarte a que consideres que la Biblia menciona, por ejemplo, la existencia de enfermedades infecciosas causadas por micro-organismos o bacterias (la lepra y las infecciones son descritas en Levíticos y en otras partes de la Biblia), y se menciona también la existencia de plagas, hongos o pestes. Aunque no se especificaba que eran organismos diminutos las que la causaban (cosa que no se descubrió sino hasta el siglo XVII por el científico cristiano Anton Van Leeuenhoek a través de un microscopio), no obstante sí se mencionaban esos males comúnmente. 

Sabemos que muchas bacterias y microbiota juegan un papel benéfico dentro y fuera de nuestros cuerpos, y en la naturaleza en general, pero de todos los microorganismos existentes, solamente un porcentaje pequeño se consideran agente patógenos (es decir, causantes de enfermedades). Nos referimos a bacterias maléficas, parásitos, hongos patológicos y/o virus infecciosos (aunque los médicos se debaten si los virus son organismos vivos, o no, se les suele clasificar dentro de la misma categoría).  

No obstante, una hipótesis teológica (de interpretación) que se poco se ha postulado es que los virus y agentes patógenos sean considerados son lo mismo, similares a, o influidos por lo que los hombres de la antigüedad y la Biblia llamaban demonios. El artículo de Jonathan Wright, M.D. llamado "Demonología and Bacteriología en la Medicina", publicado en 1917 en la revista The Scientific Monthly Vol. 4, No. 6 sugería esta hipótesis que creo que es digna de considerarse. 

Jesucristo dijo a sus discípulos en Mateo 18:10, "Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, echen fuera a los demonios. De gracia recibieron, dad de gracia", y este es el versículo que más de cerca habla al mismo tiempo de lepra y de los demonios, ideas separadas por una sala coma, que podría ser explicativa, y no de enlistado. 

Más de una vez se ha dicho en estudios etimológicos que el término "lepra" en la antigüedad no sólo se aplicaba a la enfermedad causada por el bacilo Mycrobacterium leprae, sino a las enfermedades dermatológicas o infecciones cutáneas en general, mismas que hoy en día sabemos tienen un componente de afección inmutaria y a menudo se relacionan con bacterias. ¿Quizá se hablaba de "lepra" (como sinónimo de "infección") cuando se habla de echar fuera demonios porque las cosas van de la mano? Es una interpretación muy particular, pero el ensayo de Philip Ball, titulado "Small things" en Aeon, hace una recopilación de paralelismos en la historia que exploraron la consideración de la idea del "infra-mundo" en relación a un "infra-tamaño", idea que se llegó a discutir por el mismísimo William Thomson (Lord Kelvin), James Clerk Maxwell, y hasta por Daniel Defoe, aunque en contextos distintos. Otro autor llamado Areon Potter en su libro "From Darkness to Light: Demonic Oppression and the Christian" también estudia el tema de manera más profunda

El artículo que comparto es muy interesante, y quizá lo traduzca del inglés en otra ocasión, pero lo que quiero que consideren es que la medicina moderna con el advenimiento de la microbiología, y tras los descubrimientos de Louis Pasteur (quien, por cierto, también era creyente) ha tenido un sesgo por descartar hablar acerca de demonios, mientras que muchos téologos hoy dejan de lado el asunto bacteriano o "viruliento" de la enfermedad, cuando quizá estemos hablando de un fenómeno que tiene paralelismos terminológicos que se abordan solamente desde dos puntos de vista distintos, pero tratan un mismo asunto. 

Jesucristo habló acerca de demonios en relación a enfermedades en numerosísimas ocasiones a través de los evangelios, pero la iglesia moderna habla generalmente poco acerca de ellos. Sin embargo, ¿será posible que los virus son causados por una clase de demonios, o son en sí mismos una clase de demonios, o huestes que ahora dañan al hombre y a los animales como resultado de la caída original dell pecado? No lo sabemos a ciencia cierta aunque se sugiere esta idea porque (después de todo, los demonios eran llamados "espíritus inmundos" y criaturas malignas que los antiguos pensaban que podían andar rondando en partes de la tierra: en el suelo, en los animales, en los árboles, y en las personas (entre otras). El evangelio de Mateo 8:30-33 habla de demonios que fueron echados a los cerdos, por ejemplo.

La palabra demonio proviene del término "daimōn" (δαίμων) del griego antiguo,  que según Merriam Webster a su vez proviene de "daiesthai" que significa "dividir" o "distribuir". Los agentes patógenos hacen esto: se dividen, dividen células, se distribuyen en el cuerpo, causando enfermedades. Hay más paralelismos de los que pensamos: un demonio en las Escrituras es una especie de ser que habita en un lugar que no podemos ver a simple vista, y son espíritus malignos que afligen de diversos males y causan males. Jesús, el doctor de doctores, liberaba a sus víctimas y los echaba fuera evitando que volvieran, con la medicina de la fe y el poder de Su nombre.

Ahora bien, el coronavirus es una enfermedad infecciosa causada por un virus. Pero ¿qué es un virus? Como dije, hasta el día de hoy la comunidad científica tampoco se pone de acuerdo en cuanto a si es un ser vivo; hay un debate abierto, y no hay una opinión consensuada entre médicos, pero podría tratarse de algo más que relacionado. En Job 2:7, se relata cómo Satanás, con permiso de Dios, "hirió a Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la coronilla de su cabeza". Hoy se sabe que la sarna es causada por diminutos parásitos clasificados como "sarcoptes scabiei", pero lo que el relato bíblico nos muestra es que esa enfermedad cayó sobre Job, no por voluntad, pero con permiso de Dios. 

Incluso si los agentes patógenos no fuesen demonios, al menos la Biblia nos da pistas de que al menos son influidos, movidos o dirigidos por el reino de las tinieblas. "Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza" (Efesios 6:12-13).

¿Quizo Dios la pandemia, o sólo la permitió? ¿y porqué?

También los teólogos están divididos en cuanto a esta interpretación. ¿Fue esta pandemia del Covid causada por Dios y usó él al diablo como su instrumento de castigo, o fue solamente permitida por Dios y se origina en la voluntad del diablo? (hablamos de dos enfoques posibles). Unos niegan una postura, otros la afirman. 

Como ejemplos, el pastor calvinista John Piper en su libro “Coronavirus y Cristo” fundamente asevera que el coronavirus fue enviado por Dios, una idea que a muchos les parece difícil de aceptar.  Por su lado, el apologista John Lennox, en su libro "¿Dónde está Dios en un mundo con coronavirus?", atribuye el coronavirus al sistema natural de cosas caídas y expresa que Dios no es el autor del mal, implicando que, aunque profetizada, no fue causada por él. Lo que sabemos es que Dios no desea la muerte del malvado, pero aún así a veces Él la ordena cuando "ya fue suficiente". 

Yo personalmente me inclino a creer que ambas interpretaciones en mayor o menor medida, y déjame explicar de qué forma: El Covid es sin duda una calamidad tremenda, lo sé, y lamento mucho toda la gente que ha muerto o sufrido por causa de ella. Pero nos enfrentamos a la pregunta esencial de la existencia de mal, y hay varias clases del mal: 1) el mal moral, 2) el mal natural, y 3) el mal que es castigo por el pecado. El mal moral (la maldad, la impiedad, la iniquidad) no es causada por Dios, sino por el diablo, el maligno, los demonios, y, por su puesto, el ser humano. 

El mal moral es la injusticia, y la injusticia misma causa sufrimiento y dolor en el mundo cuando el hombre la comete; y de principio a fin de la Biblia el Dios de la Biblia está en contra de la maldad moral, contra toda la injusticia, independientemente de quién la causa, porque Él no hace acepción de personas. 

Por otra parte, el mal natural es el que vemos como consecuencia de desastres naturales: terremotos, huracanes, inundaciones, etc. Yo sí creo que Dios está en control de todo en la naturaleza (tesis principalmente afirmada en los Salmos), aunque exploro el tema más a fondo en mi artículo "¿Por qué tiembla la Tierra?". La percepción moderna es que mucho de esto es causado por el calentamiento global, una destrucción de la Tierra causada por el hombre. Pues bien, aunque sí creo que existe el calentamiento global, y estoy en contra de que el hombre destruya la Tierra, pienso que a pesar de todo la naturaleza obedece la voluntad de Dios. Reconozco que en ocasiones la naturaleza se puede revelar o verse afectada, como cuando Jesús calmó la tormenta, pero en general creo que Dios la dirige. 

Hay teólogos que piensan que Dios creó a la naturaleza de forma mecánica y luego la dejó, como si le hubiera dado cuerda a un reloj, que ahora es un mecanismo que actúa sólo. La idea es que era una creación perfecta en su origen, y si ocurre algo malo con ella es porque está algo "averiada", y por eso ocurren las cosas malas en la naturaleza: desastres y enfermedades. Yo no encuentro sustento bíblico para esa postura, y aunque respeto a quienes así lo interpretan, creo que Dios sustenta el funcionamiento de todas las cosas, desde la formación de un feto en el vientre, hasta el movimiento de las estrellas. Sin embargo, lo que me parece claro es que la naturaleza no tiene voluntad, así que, o está descontrolada y sin dirección, o es un mecanismo con algunos "daños" no reparados aún, o hay una voluntad que lo mueve.

El tercer tipo de mal es el que consiste en castigo del pecado. A casi nadie le gusta ser castigado, por eso es que se siente mal. Pero cuando otros nos han causado un mal, sentimos que el castigo es necesario: por ejemplo, un criminal que ha matado a un familiar tuyo. En mi artículo sobre el porqué de la enfermedad, mencionaba el punto 2, que creo es la respuesta principal a esta pregunta. Yo menciono cómo sí creo que es claro que Dios puede enviar males (incluyendo enfermedades) como castigo al pecado. Hay gente que dice que Dios no castiga, pero es claro que no han leído la Biblia, o no conocen a Dios. ¿Qué pensarían de un juez que no castiga? ¿o de un sistema de justicia que deja afuera a los criminales? ¿o de una institución donde no se pone límites a nadie y todos los malechores pueden hacer lo que se les de la gana para siempre y por siempre? ¿Sería justo? No verdad.

Por una parte, la Biblia nos dice que nada escapa de la voluntad de Dios: "Si se toca la trompeta en la ciudad, ¿no temblará el pueblo? Si sucede una calamidad en la ciudad, ¿no la ha causado el SEÑOR?" (Amós 3.6). De principio a fin en la Biblia (especialmente en el libro de Apocalipsis) vemos que Dios sí castiga, o castigará a los malvados, a veces en la Tierra, para darles tiempo de arrepentirse, y si no, en la siguiente vida, en el infierno, y luego en el lago de fuego. La severidad de su castigo para quienes persisten en hacer maldad y no quieren arrepentirse es infalible. A veces toma más tiempo, a veces es en mayor o menor medida, pero siempre llega. 

Pregunten a los de Sodoma y Gomorra, a las ciudades de gigantes antiguos, y a los enemigos de Israel que Dios mandaba aniquilar. "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad" (Romanos 1:18). La ira de Dios, que es el mal enviado por el castigo del pecado que se ha cometido, es al final de los tiempos, buena, porque es justa: es como la sentencia de un juez justo en un sistema de justicia. Es dolorosa para muchos, para la familia, y para las víctimas, pero por todas las cosas (incluso la muerte, incluso una pandemia) resultará para bien de aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito (Romanos 8:28). 

La Biblia también nos dice que Dios castiga a sus hijos, pero esto es para corrección, porque los ama. "Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo" (Hebreos 12:6-11). Dios también es misericordioso y busca que los suyos reconozcan lo que estaban haciendo mal, se aparten del mal, se forme su carácter, y aprendan a poner su confianza plena en Él. El alfarero moldea a su vasija, el herrero pule su instrumento, el fundidor purifica a su plata, y el oro es pasado a veces por fuego para que salgan sus impurezas. Hay a veces pruebas y enseñanzas que nos hacen mejores personas, o nos obligan a poner nuestros asuntos en orden y estar preparados para lo que venga.

Finalmente, la Biblia también enseña que en algunas ocasiones, sus hijos son heridos, sí. El mejor ejemplo es el caso de Jesucristo, que llevó sobre sí mismo todas nuestras enfermedades en la cruz, y también el caso de Job: Dios permitió que un mal (y una infección en todo el cuerpo) le ocurriera en su soberanía, y no había ningún motivo de castigo en contra de Job en absoluto, pero vaya que sí habría una gran enseñanza, para Él mismo, y para toda nuestra generación. Job llegó a sentir que Dios era ajeno a su sufrimiento o que Dios le estaba haciendo sufrir con gusto, pero terminó reconociendo que Dios estaba en control de todo, que su redentor vive y le restauraría, y que Dios sí tenía absoluto conocimiento, interés y también cuidado de Él, A PESAR de lo que le había ocurrido. Job termina diciendo "Hablaba lo que no entendía.... de oidas te había oido, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42). Job termina siendo completamente restaurado y sanado. 

A sus hijos, Dios les dice: "Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza" (Jeremías 29:11). Este versículo, en contexto, es claramente una promesa firme para sus hijos, para quienes están de su lado. Todos los cristianos tendremos que sufrir en mayor o menor medida por causa del Evangelio, para que el mensaje del amor de Dios y las buenas nuevas de Cristo sean compartidas, para dar la luz en la oscuridad, pero debemos saber, reconocer y confiar al mismo tiempo que Él tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra para guardarnos sin caída en medio de todo.

¿Porqué entonces han enfermado creyentes y muerto creyentes?

Pues bien, que sea miembro de una iglesia cristiana o ser cristiano no me excluye de morir algún día. Todos tenemos que morir tarde o temprano, por una u otra razón, incluso los cristianos que son  parte del personal médico? ¿Porqué Pablo tuvo una debilidad física en sus ojos, a manera de prueba, por un tiempo (Gál. 4:13-14), cuando en otra ocasión Dios le había quitado las escamas de sus ojos? ¿Por que los primeros cristianos murieron perseguidos y crucificados, cuando Dios había salvado a los israelitas de sus persecutores de Egipto? ¿Por qué los cristianos del coliseo murieron devorados por leones, cuando Daniel fue salvado al caer en el foso de leones? ¿Por qué los traductores bíblicos y cristianos protestantes eran quemados en la hogera por la inquisición, cuando Dios había salvado a Sadrac, Miscah y Abednego?

No tenemos el control o el conocimiento de todo, y no he conocido a todos los creyentes que murieron, ni conocía sus corazones, ni sus pensamientos, ni su experiencia ni su proceso, pero una cosa sé: Dios tiene la vida de los suyos en sus manos y Él tiene buenos planes para sus hijos. Como está escrito: "Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven" (Ro. 14:8-10). No puedo afirmar porqué han muerto cristianos en medio de la pandemia, pero lo que sé es que Dios me llama a tener una fe inquebrantable e inamovible, y que Jesús me dice que Él es el mismo ayer, hoy y siempre, que nada es imposible para Él y que todo es posible para aquél que cree. Que Él prometió estar con sus seguidores todos los días, hasta el fin. Que cuando pasen por las aguas, Él estará con ellos, y cuando pasen por el fuego, éste no los quemará. Lo que sé es que aún con esos casos y eventos, y el caos que hay afuera, aún así podemos confiar en el poder de Dios de preservar nuestras vidas, porque Él tenía un plan perfecto para cada uno de sus mártires, y porque "estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos" (Salmo 116:15). A veces, "perece el justo, y no hay quien eche de ver; y los misericordiosos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo" (Isaías 57:1). Sabemos que aquél que esté con Cristo no verá la muerte y aunque esté muerto vivirá (Juan 11:25). Con todo, lo que sé es que Él tiene un plan perfecto para cada uno de sus hijos, y que incluso si algunos han perecido, su Palabra y su fidelidad no cambia. 

Desde que comenzó la pandemia, y antes de ella, yo he oído gente e incluso hermanos que han dicho que "ninguno de nosotros está exento", e incluso oí a un pastor decir que "ninguno de nosotros tiene la vida comprada". Pero a nosotros la Biblia nos dice, por el contrario, que hemos "sido comprado por precio" de sangre, por la mismísima sangre de Cristo (1 Corintios 6:20). Dios es fiel, poderoso y tiene en sus manos mi vida, su voluntad es más alta que la mía, y Él cumplirá su propósito en mí. Pero recordemos las palabras de Jesús al ciego: "Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mateo 9:29). ¿Porqué muchas veces limitamos a Dios, pensando que Él sólo quiere preservar nuestra alma y que sólo le importa nuestra salvación espiritual, cuando Él también dice que desea nuestra salud y que busca nuestra libertad de enfermedades y dolencias, porque Él ya las llevó en la cruz? ¿Porqué se nos olvida que la cultura de tener miedo no proviene de Dios, quien mas bien nos infunde un espíritu de aliento y de fe?

Muchas veces en la Biblia, incluso Jesucristo mismo, predijo que habría pestilencias y epidemias en los últimos días (Lc.21:11, Mt. 24:6-8), que sería duro, que habrían tribulaciones, y que habría aflicción; pero está escrito también que que si nos ponemos bajo la sombra de las alas del Altísimo, "El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora" (Salmos 91) y su Palabra no miente. Cuando estás con Dios, "Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará." (Salmo 91:7). Aunque estés en valle de sombra de muerte, no temerás mal alguno porque Él te guiará y te sustentará. Debemos saber que tenemos la victoria en Cristo, y que Dios es fiel para completar la obra que Él ha comenzado en cada uno de nosotros, y que nos puede, y nos quiere preservar como cuando salvó a los hebreos en Egipto de las 10 plagas, y los primogénitos de las casas de los hebreos tampoco murieron porque la sangre del cordero estaba en el atrio de sus puertas.  Por tanto, yo creo que quienes están en Cristo, Dios tiene el poder y la voluntad de hacernos permanecer sin caída, y que incluso "cuando el hombre cayere, no quedará postrado" (Salmos 37:24), y que estas señales seguirán a los creyentes: "tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño; además pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos sanarán» (Marcos 16:18). "No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?" (Lucas 18:8). 

jueves, 9 de abril de 2020

Getting Ready For What's Coming?

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GETTING READY FOR WHAT'S COMING?


Never had we seen an outbreak disturb our modern lives so much until the arrival of the coronavirus. The pandemic has extended across the globe with an unseen speed, with more than 1 million 4 thousand infections and over 91,000 deaths in the world, in just about four months, and the numbers are increasing daily. Around half of world’s population is confined to home and millions are losing their jobs, international markets are crashing, and the world’s economy is paralyzed. According the UN, it is the worst crisis since World War II, and we don’t know when it will end!


The fear of the virus is near due to the probabilities of contracting it. It is highly contagious and potentially deadly. Truth be told, our human tendency is to fear unknown dangers beyond our control and their possible consequences. The media and social networks daily flood us with scary news, and, since they don’t give an approved solution, all that makes us feel vulnerable and threatened. Health professionals are risking their lives by working still, but they have not yet found a vaccine or medicine as the ultimate cure.

The worst epidemic in history

What would you say then if you are offered a free cure for an evil that is even more dangerous, more contagious, and more deadly than Covid-19 or any other known disease? It is 100% lethal and it has spread from the beginning of time here and in China, causing more damage and hurt than any other disease, war or catastrophe in history.

Many just do not recognize they have it, but some of its symptoms are the following (take note of the ones you’ve had!): pride, selfishness, indifference, laziness, envy, arrogance, avarice, theft, deceit, gossip, prejudice, lies, hypocrisy, rebellion, injustice, cowardice, anger, insults, enmities, quarrels, fights, aggressions, resentment, hatred, binge partying, drunkenness, addictions, sensuality, jealousy, sexual immorality, fornication, adultery, homosexuality, perversions, disbelief, idolatry, sectarianism, witchcraft, murder and many other similar things (Revelation 21:8; 22:15, 1 Corinthians 6:9-10; Galatians 5:20-21.) 

This evil is called «sin» in the Bible and it is basically the evil that comes from human beings, opposing God’s love. Sin’s immediate consequences are: deep pain in the soul, crying, affliction, lack of peace and suffering in different degrees.

Sin was never part of God’s original plan, because everything He created in the beginning was good (Genesis 1:31) and He formed us in His image and likeness to live eternally with the true love that comes from Him (Genesis 1:26-27, Isaiah 43:7; Ephesians 1:6). The point is that "God created mankind upright, but they have gone in search of many schemes" (Ecclesiastes 7:29). God gave us the freedom to decide between good and evil (Deuteronomy 30:15-19) but "we all went astray" (Isaiah 53:6) and death entered the world because of evil (Romans 5:12, 1 Corintios 15:21) because the punishment for our sins is death (Romans 5:12; 6:23) and sin separates us from God (Isaiah 59:2).

The Bible assured us that in the last days wickedness would increase and “because of the increase of wickedness, the love of many will grow cold” (Matthew 24:12, cf. Mark 13:8-18, 2 Timothy 3:1-5). Just consider the increasing number of robberies, suicides, abortions, drug trafficking, kidnappings, human trafficking, racism, among other horrible crimes and moral evils.
The chaos we see was also predicted by Jesus Christ, who announced that signs of his return would include the increase of plagues or pestilences in various places, as well as great earthquakes, wars, persecutions, famines, calamities, great signs in the heavens and the appearance of false saviors or false prophets (Luke 21:11m Matthew 24:6-8). It shouldn’t be that surprising to see the spread of current and recent epidemics in different continents: the SARS-Cov-2, measles, influenza, dengue, chikungunya, tuberculosis, malaria, hepatitis, HIV / AIDS, Zzka, H1N1 and ebola in the very 21st century. Millions of activities have been canceled by these, but what isn’t canceled is the soon return of Jesus to Earth (Revelation 22:7). The Bible also states that other signs of the end would be mass migrations, the advancement of science, and the preaching of the gospel throughout the world (Luke 21:11; Matthew 24:6-8). 

Unavoidable consequences

Although many speculate what will happen to them after they die, the Bible says that there will be a final judgment in which God, in His righteousness, will judge with the wickedness of humanity and make man pay according to all his works (Ecclesiastes 12:14; Romans 2:6-10, Colossians 3:25, Revelation 20:12-13, Hebrews 9:27; Acts 17:31).

The Bible plainly affirms that some people will go with God and rest in complete peace forever, with rewards in a heavenly place where there will be no more suffering, and they will live eternally in the light of His presence with a new body that will not wear out (Revelation 21:3-4, 22:3-5, Daniel 12:2-3, John 5:29).

But others will suffer a terrible, eternal punishment in a place full of fire that will burn and will never be quenched, staying in perpetual state of confusion, shame and torment, without rest day or night (Isaíah 1:28-31; 34:8-10, 66:24; Matthew 3:12; 25:41, 25:46, Luke 16:19-31, Revelation 14:9-12; 20:10-15, Mark 9:44-48). Jesus warned that it is much better to get rid of what makes us sin, than to be cast into that hell because of sin (Matthew 5:29-30). To those who fear death, he said: "Do not fear those who kill the body but cannot kill the soul. Rather fear him who can destroy both soul and body in hell” (Matthew 10:28).

The ultimate solution

Despite the announced punishment for the wicked, the Bible also says that God does not want us to spend an eternity without Him and it is not His desire for anyone to be lost or condemned (Matthew 18:14; Ezekiel 33:11; 2 Peter 3:9). What He really wants is for everyone to repent, believe in the message of Jesus Christ and live a different life with Him (2 Peter 2:9, Acts 2:39, 3:19, John 3:3). This is the ultimate cure for a sin-infected soul: to get to know God through Jesus Christ (John 17:3, 3:16-17). He was one with God, equal to God, but He became man and came to dwell among us (John 1:1-14), He lived a perfect, pure, spotless life (Isaiah 53:9), he humbled himself and made miracles on Earth, teaching us the way of love and justice, and then He gave His life and died on a cross in our place (John 10:16-18; Philippians 2.7; Titus 2:14). 

Though we were sinners, God showed His love for in the fact that Christ died for us (Romans 5:8); He took up our punishment on Himself and got the weight of all our sicknesses and sins (Isaiah 53:4-6). He gave His life in exchange for ours and His innocent blood was shed as a bail-bonds so that we can be forgiven from everything and live eternally with Him (Ephesians 1:7-8; 1 John 1:7; John 15:13). He resurrected, appeared with undeniable proofs and ascended to heaven, all according to more than 300 prophecies of ancient biblical scriptures. 

Protection against calamities

In ancient times, when a deadly plague struck Egypt, God prophetically announced that it would not come to the houses whose doors had the blood of the Passover lamb (Exodus 12:13, 12:22). Jesus is a figure of that Lamb of God who takes away the sins of the world and saves those who fully trust Him (John 1:29; 1 Peter 1:19; 1 John 1:9; Revelation 5:12).

In this manner, the Scripture promises that God will certainly free from the “noisome pestilence” anyone who takes refuge under the presence of the Lord (Psalm 91). Though the world is fearful about what might happen, "those who seek the LORD lack no good thing" (Psalm 34:10). God calls us to increase our faith in Him to be safe under His protection (Psalm 56:3).

Don’t let the fear of the virus dominate your heart. Instead, let God's perfect love cast out all fear (1 JOHn 4:18; 2 Timothy 1:7-9, 1 Corinthians 13). He promises: 

"If my people, upon whom my name is called, humble themselves and pray, and seek my face, and turn from their wicked ways, then I will hear from heaven, and will forgive their sins, and heal their land” (2 Chronicles 7:14). 

Now God is asking us to draw near to Him so that He can draws near to. He wants us to cleanse our hands and purify our hearts, feeling sorry for the evil we have done and humbling ourselves before Him so that He may lift us up (James 4:8-9).
Unmovable safety

Life is short, death is certain, sin is the cause, but Jesus is the cure: He is the salvation and the only way to God (John 14:6) and He is the same yesterday, today and forever (Hebrews 13:8). Even if trouble comes, God can give us true freedom by putting our complete faith in Jesus: this way we can be reconciled with God, adopted as His children, forgiven of all our sins, freed from all vice, regenerated in all the soul, healed from all sickness, justified from all before God, sanctified in the spirit, liberated from all burdens of guilt and saved to eternal life, as a gift of grace that He simply offers us, not by our works, but only by His love and because He saves as a gift of grace when we put our faith in Him (Romanos 4:6, Gálatas 2:16-17, 3:11, Filipenses 3:9, Efesios 2:8-9, Romanos 3:24, 3:28, Gálatas 2:16, 2 Timoteo 1:9, Romanos 11:6, Tito 3:5, Hechos 13:39, Hechos 10:48, Efesios 2:8-9). 

God is always ready to listen to you and answer at all times, but you have to go to Him with sincerity and humility of heart through prayer (Proverbs 15:3, Psalms 33:13-15, Jeremiah 29:13; 33:3). If you accept having a relationship with Jesus, God will always be with you, he will give you understanding and supply all your needs, because He wants to guide you through His Spirit to fill you with love, joy, peace, patience, kindness, goodness, fidelity, humility and self-control (Galatians 5:22-23). He wants His love to reign in your life instead of fear, and his will is for you to live a full life by his side (John 10:10) since His plans are higher and better than us (Isaiah 55:8-9). 

“Seek the Lord while he may be found; call on him while he is near” (Isaiah 55:6). Put your faith in Jesus, and God Himself will finish the work he started on you (Philippians 1:6) because His promises are unbreakable: heaven and earth will pass, but His words will never pass away (Matthew 24:35, Mark 13:31, Luke 21.33) and “The world and its desires pass away, but whoever does the will of God lives forever” (1 John 2:17).

martes, 7 de abril de 2020

¿Te estás preparando para lo que viene?

Nunca antes hubo un virus que afectara tanto la vida cotidia­na del mundo moderno como el llamado coronavirus. La pandemia se ha extendido con una rapidez extraordinaria, con más de 2 millones 840 mil infectados y alrededor de 200,000 muertos en el mundo en cerca de cinco meses, y los casos aún van en aumento. Cerca de la mitad de la población mundial está confinada en casa, millones se quedan sin empleo, los mercados internacionales colapsan y las economías del mundo están paralizadas. Según la ONU, es “la peor crisis mundial desde la Segunda Guerra Mundial” y no sabemos cuando acabará.

El miedo al virus es evidente por las probabilidades de contraerlo al ser altamente contagioso y tener el potencial de ser mortal. Además, nuestra tendencia humana es temer a peligros desconocidos fuera de nuestro control y a sus posibles consecuencias. Los medios y redes sociales nos inundan con mensajes de temor y el desconocer la solución a un virus sin precedentes nos hace sentirnos vulnerables y expuestos a la amenaza. Los profesionales de la salud arriesgan sus vidas al trabajar pero aún no han hallado vacuna o medicina como cura definitiva. 

La peor epidemia de la historia

¿Qué dirías ahora si te ofrecen la cura gratuita para un mal que es aún más peligroso, más contagioso y más mortal que el Covid-19 o cualquier otra enfermedad conocida? Es un mal 100% letal que se ha propagado desde el principio de los tiempos aquí y en China y ha causado más daños que cualquier otra enfermedad, guerra o catástrofe en la historia. 

Muchos no reconocen que lo tienen, pero algunos de sus síntomas son los siguientes (¡toma nota de los que has tenido!): orgullo, egoísmo, indiferencia, holgazanería, envidia, arrogancia, avaricia, robos, engaños, chismes, prejuicios, mentiras, hipocresía, rebeldía, injusticias, cobardía, ira, insultos, enemistades, pleitos, peleas, agresiones, rencores, odio, parrandas, borracheras, adicciones, sensualidad, celos, inmoralidad sexual, fornicación, adulterio, homosexualidad, perversiones, incredulidad, idolatría, sectarismos, hechicería, asesinatos y muchas otras cosas similares (Apocalipsis 21:8; 22:15, 1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:20-21.) 

Ese mal es llamado «pecado» en la Biblia y no es otra cosa que la maldad del ser humano, la cual se opone al amor de Dios. Las consecuencias inmediatas del pecado son un dolor profundo en el alma, llanto, aflicción, falta de paz y sufrimiento en distintos grados. 
El pecado nunca fue parte del plan original de Dios, nuestro Creador, pues todo lo que Él hizo en el principio fue bueno (Génesis 1:31) y nos formó a su imagen y semejanza para vivir eternamente con el verdadero amor que proviene de Él (Génesis 1:26-27, Isaías 43:7; Efesios 1:6). La cuestión es que "Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones" (Eclesiastés 7:29). Dios nos dio la libertad de decidir entre el bien y el mal (Deuteronomio 30:15-19) pero “todos nosotros nos descarriamos” (Isaías 53:6) y la muerte entró al mundo por causa de la maldad (Romanos 5:12, 1 Corintios 15:21) pues el castigo por nuestros pecados es la muerte (Romanos 5:12; 6:23) y el pecado nos separa de Dios (Isaías 59:2).

La Biblia afirma que en los últimos tiempos la corrupción moral iría en aumento y “por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12, cf. 2 Timoteo 3:1-5, Marcos 13:8-18). Considera el número creciente de robos, suicidios, feminicidios, abortos, narcotráfico, secuestros, trata de personas, entre otros crímenes horribles.
El caos que vemos también fue predicho por Jesucristo, quien anunció que entre las manifestaciones de su regreso estarían el incremento de pestes, plagas o pestilencias en diversos lugares, además de grandes terremotos, guerras mundiales, persecuciones, hambres, calamidades, grandes señales en el cielo y la aparición de falsos salvadores y falsos profetas (Lucas 21:11; Mateo 24:6-8). Ante esto, no es de extrañarse la propagación de epidemias recientes como el SARS-Cov-2, sarampión, influenza, dengue, chikunguña, tuberculosis, malaria, hepatitis, VIH/SIDA, zika, H1N1 y ébola en pleno siglo XXI. Millones de actividades se han cancelado por ellas, pero lo que no se cancela es el pronto regreso de Jesús a la Tierra (Apocalipsis 22:7). La Biblia también indica que otros indicios del fin serían las migraciones masivas, el avance de la ciencia y la predicación del evangelio por todo el mundo (Daniel 12:4; Mateo 24:14). 



Las consecuencias inevitables



Aunque muchos especulan lo que les ocurrirá después de morir, la Biblia dice que habrá un juicio final en el que Dios, a manera de juez justo, juzgará con justicia la maldad de la humanidad y hará que el hombre pague conforme a todas sus obras (Eclesiastés 12:14; Romanos 2:6-10, Colosenses 3:25, Apocalipsis 20:12-13, Hebreos 9:27; Hechos 17:31).

La Biblia afirma que unos irán con Dios y descansarán en completa paz para siempre, con recompensas en un lugar celestial donde no habrá más sufrimiento, y vivirán eternamente en la luz de su presencia con un nuevo cuerpo que no se desgastará (Apocalipsis 21:3-4, 22:3-5, Daniel 12:2-3, Juan 5:29).

Pero otros sufrirán un terrible castigo eterno en un lugar de fuego que arderá y nunca se pagará, en un estado perpetuo de confusión, vergüenza y tormento, sin reposo ni de día ni de noche (Isaías 1:28-31; 34:8-10, 66:24; Mateo 3:12; 25:41, 25:46, Lucas 16:19-31, Apocalipsis 14:9-12; 20:10-15, Marcos 9:44-48). Jesús advirtió que es mucho mejor deshacernos de lo que nos hace pecar, que ser arrojados a ese infierno por causa del pecado (Mateo 5:29-30). A los que temen a la muerte, les dijo: "no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien teman a Aquél que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno" (Mateo 10:28).



La solución definitiva



A pesar del castigo que se anuncia para los malos, la Biblia afirma que Dios no quiere que pasemos una eternidad sin Él y no es su deseo que ninguno se pierda o sea condenado (Mateo 18:14; Ezequiel 33:11; 2 Pedro 3:9). Lo que Él realmente quiere es que todos se arrepientan, crean en el mensaje de Jesucristo y vivan un vida distinta junto a Él (2 Pedro 2:9, Hechos 2:39, 3:19, Juan 3:3). Esa es la cura para el alma infectada de pecado: el conocer a Dios por medio de Jesucristo (Juan 17:3, 3:16-17). Él era igual a Dios, pero se hizo hombre y habitó entre nosotros (Juan 1:1-14), vivió una vida perfecta, pura y sin mal (Isaías 53:9), se humilló a sí mismo e hizo milagros, enseñando el camino del amor y la justicia, para luego entregar su vida y morir en una cruz en nuestro lugar (Juan 10:16-18; Filipenses 2.7; Tito 2:14).

Aunque nosotros éramos pecadores, Dios nos demostró su amor en el hecho de que Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8); Él llevó el castigo que nos correspondía y cargó con el peso de todas nuestras enfermedades y pecados (Isaías 53:4-6). Él dio su vida por la nuestra y su sangre inocente se derramó a manera de fianza para que seamos perdonados de todo y vivamos con Él eternamente (Efesios 1:7-8; 1 Juan 1:7; Juan 15:13). Él resucitó, apareció con pruebas innegables y ascendió al cielo, todo conforme a más de 300 profecías de escrituras antiguas bíblicas.


La protección ante calamidades

En la antigüedad, cuando una plaga mortal azotó a Egipto, Dios anunció de manera profética que ésta no caería en las casas cuyas puertas tuvieran la sangre del cordero de la Pascua (Éxodo 12:13, 12:22). Jesús es figura de ese cordero de Dios que quita los pecados del mundo y salva a aquellos que plenamente confían en Él (Juan 1:29; 1 Pedro 1:19; 1 Juan 1:9; Apocalipsis 5:12).

Así, las Escrituras prometen que Dios ciertamente librará de “la peste destructora” y del “temor nocturno” a los que viven con la presencia de Dios (Salmo 91). Aunque el mundo tenga temor, "los que buscan a Dios no tendrán falta de ningún bien" (Salmo 34:10). Dios nos llama a aumentar nuestra fe en Él para estar seguros bajo su protección (Salmo 56:3).

 No dejes que el miedo al virus te domine. El amor perfecto de Dios eche fuera todo el temor (1 Juan 4:18; 2 Timoteo 1:7-9, 1 Corintios 13), y Él promete:

"Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Ahora Dios nos pide que nos acerquemos a Él para que Él se acerque a nosotros, que limpiemos nuestras manos y purifiquemos nuestros corazones, lamentando el mal que hicimos y haciéndonos humildes ante Él para que Él nos levante (Santiago 4:8-9). 

Una seguridad inquebrantable

La vida es corta, la muerte es segura, el pecado es la causa, pero Jesucristo es la cura, la salvación y el único camino hacia Dios (Juan 14:6). Jesús es el mismo de ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8) y aunque vengan problemas, Él puede darnos  verdadera libertad, pues al poner nuestra fe en Él, podemos ser reconciliados con Dios, adoptados como sus hijos, perdonados de todos nuestros pecados, liberados de todo vicio, regenerados en toda el alma, sanados de toda enfermedad, justificados ante Dios, santificados en el espíritu, liberados de toda carga de culpa y salvados con vida eterna, como un regalo de gracia que Él nos ofrece, no por nuestras obras, sino sólo por Su amor y porque Él da la salvación como un regalo de gracia al poner nuestra fe en Él (Hechos 13:39, Romanos 3:24, 3:28, 4:2-6, 11:6, Gálatas 2:16-17, 3:11-12, Filipenses 3:9, Efesios 2:8-9, 2 Timoteo 1:9, Tito 3:5-7).
Dios siempre está dispuesto a escucharte y responderte en todo momento, pero tienes que ir a Él con sinceridad y humildad de corazón a través de la oración (Proverbios 15:3, Salmos 33:13-15, Jeremías 29:13; 33:3). Si aceptas tener una relación con Dios, Él siempre estará contigo, te dará entendimiento y suplirá todas tus necesidades, pues quiere guiarte a través de su Espíritu para llenarte de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y auto-control (Gálatas 5:22-23). Él quiere que su amor reine en tu vida en lugar del miedo, y su voluntad es que vivas una vida plena a su lado (Juan 10:10) porque Él tiene planes mejores que los nuestros (Isaías 55:8-9).

“Busca al SEÑOR mientras pueda ser hallado” (Isaías 55:6), pon tu fe en Jesús, y Dios mismo terminará la obra que comience en ti (Filipenses 1:6) porque sus promesas son inquebrantables: el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras jamás pasarán (Mateo 24:35, Marcos 13:31, Lucas 21.33) y “el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).