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viernes, 6 de agosto de 2021

¿Cómo explico, como cristiano, la pandemia del covid?

Recientemente, editaba un artículo que publiqué en 2015, titulado "¿Por qué enferman los cristianos? ¿y cómo sanar?" , que comprende un estudio bíblico y perspectivas de médicos sobre el origen de las enfermedades en relación a la Biblia, y habla de cómo encontrar la solución o la sanidad a las mismas, cuando me di cuenta de un comentario de una lectora que amablemente me preguntaba:

"¿Cómo explica esta pandemia y el tema de covid? Al principio la gente no creía, pero la realidad es que hay muchos cristianos que se han contagiado incluso algunos han partido con el Señor... Hay cristianos trabajadores de salud que han fallecido también".

Pues, bien, este tratado será mi respuesta a este comentario, y primero que nada, quiero decir que lamento las pérdidas humanas y expreso mi profundo pésame a las familias de cualquier lector, sea cristiano o no, que hayan perdido miembros o seres queridos en la pandemia. Un par de cercanos míos también fallecieron y sé que es duro pero quiero decirles que hay consolación en Dios, y su palabra nos da las respuestas .

Antes de eso, si tú aún no tienes una relación con Jesús o tienes dudas acerca de Dios, pero quieres saber más o conocer cómo puedes estar seguro de ir con Dios, he preparado el artículo: "¿Te estás preparando para lo que viene?" para explicarte el plan de Dios en el contexto de la pandemia. Asimismo, debes saber que, a pesar de lo que hayas pasado o estés pasando, Dios tiene un propósito para tu vida. 

Sin más como preámbulo, te comparto mi punto de vista.

La naturaleza o el génesis del covid

Respecto a la cuestión del origen o naturaleza del covid, y otras pandemias, comenté que hay enfermedades de las cuales, ni la ciencia, ni la teología, ni la experiencia han dado a conocer una respuesta de su causa específica todavía, porque nunca hemos sabido (ni sabemos) todo de todo. En los últimos días, la ciencia va a avanzar mucho pero nunca lo sabrá todo. Por supuesto, el conocimiento biológico y científico avanza, y se dice oficialmente que proviene de patógenos provenientes de animales (probablemente murciélagos) o alguna especie, mientras que otros apoyan la teorías conspirativas, diciendo que quizá fue un invento de laboratorio o algún gobierno para reducir la población.

Ciertamente no todos estaremos de acuerdo, pero independiente de tu postura, eso no resuelve la pregunta sobre el origen en términos teológicos de las infecciones respiratorias en general. Aunque probaras que el covid emergió en un mercado de China, o aunque digas que se creó por el hombre, estamos preguntando porqué resolver la pregunta sobre porqué existen los patógenos o las epidemias infecciosas en primer lugar, y por eso busco desarrollar más este tema. 

Quiero invitarte a que consideres que la Biblia menciona, por ejemplo, la existencia de enfermedades infecciosas causadas por micro-organismos o bacterias (la lepra y las infecciones son descritas en Levíticos y en otras partes de la Biblia), y se menciona también la existencia de plagas, hongos o pestes. Aunque no se especificaba que eran organismos diminutos las que la causaban (cosa que no se descubrió sino hasta el siglo XVII por el científico cristiano Anton Van Leeuenhoek a través de un microscopio), no obstante sí se mencionaban esos males comúnmente. 

Sabemos que muchas bacterias y microbiota juegan un papel benéfico dentro y fuera de nuestros cuerpos, y en la naturaleza en general, pero de todos los microorganismos existentes, solamente un porcentaje pequeño se consideran agente patógenos (es decir, causantes de enfermedades). Nos referimos a bacterias maléficas, parásitos, hongos patológicos y/o virus infecciosos (aunque los médicos se debaten si los virus son organismos vivos, o no, se les suele clasificar dentro de la misma categoría).  

No obstante, una hipótesis teológica (de interpretación) que se poco se ha postulado es que los virus y agentes patógenos sean considerados son lo mismo, similares a, o influidos por lo que los hombres de la antigüedad y la Biblia llamaban demonios. El artículo de Jonathan Wright, M.D. llamado "Demonología and Bacteriología en la Medicina", publicado en 1917 en la revista The Scientific Monthly Vol. 4, No. 6 sugería esta hipótesis que creo que es digna de considerarse. 

Jesucristo dijo a sus discípulos en Mateo 18:10, "Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, echen fuera a los demonios. De gracia recibieron, dad de gracia", y este es el versículo que más de cerca habla al mismo tiempo de lepra y de los demonios, ideas separadas por una sala coma, que podría ser explicativa, y no de enlistado. 

Más de una vez se ha dicho en estudios etimológicos que el término "lepra" en la antigüedad no sólo se aplicaba a la enfermedad causada por el bacilo Mycrobacterium leprae, sino a las enfermedades dermatológicas o infecciones cutáneas en general, mismas que hoy en día sabemos tienen un componente de afección inmutaria y a menudo se relacionan con bacterias. ¿Quizá se hablaba de "lepra" (como sinónimo de "infección") cuando se habla de echar fuera demonios porque las cosas van de la mano? Es una interpretación muy particular, pero el ensayo de Philip Ball, titulado "Small things" en Aeon, hace una recopilación de paralelismos en la historia que exploraron la consideración de la idea del "infra-mundo" en relación a un "infra-tamaño", idea que se llegó a discutir por el mismísimo William Thomson (Lord Kelvin), James Clerk Maxwell, y hasta por Daniel Defoe, aunque en contextos distintos. Otro autor llamado Areon Potter en su libro "From Darkness to Light: Demonic Oppression and the Christian" también estudia el tema de manera más profunda

El artículo que comparto es muy interesante, y quizá lo traduzca del inglés en otra ocasión, pero lo que quiero que consideren es que la medicina moderna con el advenimiento de la microbiología, y tras los descubrimientos de Louis Pasteur (quien, por cierto, también era creyente) ha tenido un sesgo por descartar hablar acerca de demonios, mientras que muchos téologos hoy dejan de lado el asunto bacteriano o "viruliento" de la enfermedad, cuando quizá estemos hablando de un fenómeno que tiene paralelismos terminológicos que se abordan solamente desde dos puntos de vista distintos, pero tratan un mismo asunto. 

Jesucristo habló acerca de demonios en relación a enfermedades en numerosísimas ocasiones a través de los evangelios, pero la iglesia moderna habla generalmente poco acerca de ellos. Sin embargo, ¿será posible que los virus son causados por una clase de demonios, o son en sí mismos una clase de demonios, o huestes que ahora dañan al hombre y a los animales como resultado de la caída original dell pecado? No lo sabemos a ciencia cierta aunque se sugiere esta idea porque (después de todo, los demonios eran llamados "espíritus inmundos" y criaturas malignas que los antiguos pensaban que podían andar rondando en partes de la tierra: en el suelo, en los animales, en los árboles, y en las personas (entre otras). El evangelio de Mateo 8:30-33 habla de demonios que fueron echados a los cerdos, por ejemplo.

La palabra demonio proviene del término "daimōn" (δαίμων) del griego antiguo,  que según Merriam Webster a su vez proviene de "daiesthai" que significa "dividir" o "distribuir". Los agentes patógenos hacen esto: se dividen, dividen células, se distribuyen en el cuerpo, causando enfermedades. Hay más paralelismos de los que pensamos: un demonio en las Escrituras es una especie de ser que habita en un lugar que no podemos ver a simple vista, y son espíritus malignos que afligen de diversos males y causan males. Jesús, el doctor de doctores, liberaba a sus víctimas y los echaba fuera evitando que volvieran, con la medicina de la fe y el poder de Su nombre.

Ahora bien, el coronavirus es una enfermedad infecciosa causada por un virus. Pero ¿qué es un virus? Como dije, hasta el día de hoy la comunidad científica tampoco se pone de acuerdo en cuanto a si es un ser vivo; hay un debate abierto, y no hay una opinión consensuada entre médicos, pero podría tratarse de algo más que relacionado. En Job 2:7, se relata cómo Satanás, con permiso de Dios, "hirió a Job de una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la coronilla de su cabeza". Hoy se sabe que la sarna es causada por diminutos parásitos clasificados como "sarcoptes scabiei", pero lo que el relato bíblico nos muestra es que esa enfermedad cayó sobre Job, no por voluntad, pero con permiso de Dios. 

Incluso si los agentes patógenos no fuesen demonios, al menos la Biblia nos da pistas de que al menos son influidos, movidos o dirigidos por el reino de las tinieblas. "Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza" (Efesios 6:12-13).

¿Quizo Dios la pandemia, o sólo la permitió? ¿y porqué?

También los teólogos están divididos en cuanto a esta interpretación. ¿Fue esta pandemia del Covid causada por Dios y usó él al diablo como su instrumento de castigo, o fue solamente permitida por Dios y se origina en la voluntad del diablo? (hablamos de dos enfoques posibles). Unos niegan una postura, otros la afirman. 

Como ejemplos, el pastor calvinista John Piper en su libro “Coronavirus y Cristo” fundamente asevera que el coronavirus fue enviado por Dios, una idea que a muchos les parece difícil de aceptar.  Por su lado, el apologista John Lennox, en su libro "¿Dónde está Dios en un mundo con coronavirus?", atribuye el coronavirus al sistema natural de cosas caídas y expresa que Dios no es el autor del mal, implicando que, aunque profetizada, no fue causada por él. Lo que sabemos es que Dios no desea la muerte del malvado, pero aún así a veces Él la ordena cuando "ya fue suficiente". 

Yo personalmente me inclino a creer que ambas interpretaciones en mayor o menor medida, y déjame explicar de qué forma: El Covid es sin duda una calamidad tremenda, lo sé, y lamento mucho toda la gente que ha muerto o sufrido por causa de ella. Pero nos enfrentamos a la pregunta esencial de la existencia de mal, y hay varias clases del mal: 1) el mal moral, 2) el mal natural, y 3) el mal que es castigo por el pecado. El mal moral (la maldad, la impiedad, la iniquidad) no es causada por Dios, sino por el diablo, el maligno, los demonios, y, por su puesto, el ser humano. 

El mal moral es la injusticia, y la injusticia misma causa sufrimiento y dolor en el mundo cuando el hombre la comete; y de principio a fin de la Biblia el Dios de la Biblia está en contra de la maldad moral, contra toda la injusticia, independientemente de quién la causa, porque Él no hace acepción de personas. 

Por otra parte, el mal natural es el que vemos como consecuencia de desastres naturales: terremotos, huracanes, inundaciones, etc. Yo sí creo que Dios está en control de todo en la naturaleza (tesis principalmente afirmada en los Salmos), aunque exploro el tema más a fondo en mi artículo "¿Por qué tiembla la Tierra?". La percepción moderna es que mucho de esto es causado por el calentamiento global, una destrucción de la Tierra causada por el hombre. Pues bien, aunque sí creo que existe el calentamiento global, y estoy en contra de que el hombre destruya la Tierra, pienso que a pesar de todo la naturaleza obedece la voluntad de Dios. Reconozco que en ocasiones la naturaleza se puede revelar o verse afectada, como cuando Jesús calmó la tormenta, pero en general creo que Dios la dirige. 

Hay teólogos que piensan que Dios creó a la naturaleza de forma mecánica y luego la dejó, como si le hubiera dado cuerda a un reloj, que ahora es un mecanismo que actúa sólo. La idea es que era una creación perfecta en su origen, y si ocurre algo malo con ella es porque está algo "averiada", y por eso ocurren las cosas malas en la naturaleza: desastres y enfermedades. Yo no encuentro sustento bíblico para esa postura, y aunque respeto a quienes así lo interpretan, creo que Dios sustenta el funcionamiento de todas las cosas, desde la formación de un feto en el vientre, hasta el movimiento de las estrellas. Sin embargo, lo que me parece claro es que la naturaleza no tiene voluntad, así que, o está descontrolada y sin dirección, o es un mecanismo con algunos "daños" no reparados aún, o hay una voluntad que lo mueve.

El tercer tipo de mal es el que consiste en castigo del pecado. A casi nadie le gusta ser castigado, por eso es que se siente mal. Pero cuando otros nos han causado un mal, sentimos que el castigo es necesario: por ejemplo, un criminal que ha matado a un familiar tuyo. En mi artículo sobre el porqué de la enfermedad, mencionaba el punto 2, que creo es la respuesta principal a esta pregunta. Yo menciono cómo sí creo que es claro que Dios puede enviar males (incluyendo enfermedades) como castigo al pecado. Hay gente que dice que Dios no castiga, pero es claro que no han leído la Biblia, o no conocen a Dios. ¿Qué pensarían de un juez que no castiga? ¿o de un sistema de justicia que deja afuera a los criminales? ¿o de una institución donde no se pone límites a nadie y todos los malechores pueden hacer lo que se les de la gana para siempre y por siempre? ¿Sería justo? No verdad.

Por una parte, la Biblia nos dice que nada escapa de la voluntad de Dios: "Si se toca la trompeta en la ciudad, ¿no temblará el pueblo? Si sucede una calamidad en la ciudad, ¿no la ha causado el SEÑOR?" (Amós 3.6). De principio a fin en la Biblia (especialmente en el libro de Apocalipsis) vemos que Dios sí castiga, o castigará a los malvados, a veces en la Tierra, para darles tiempo de arrepentirse, y si no, en la siguiente vida, en el infierno, y luego en el lago de fuego. La severidad de su castigo para quienes persisten en hacer maldad y no quieren arrepentirse es infalible. A veces toma más tiempo, a veces es en mayor o menor medida, pero siempre llega. 

Pregunten a los de Sodoma y Gomorra, a las ciudades de gigantes antiguos, y a los enemigos de Israel que Dios mandaba aniquilar. "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad" (Romanos 1:18). La ira de Dios, que es el mal enviado por el castigo del pecado que se ha cometido, es al final de los tiempos, buena, porque es justa: es como la sentencia de un juez justo en un sistema de justicia. Es dolorosa para muchos, para la familia, y para las víctimas, pero por todas las cosas (incluso la muerte, incluso una pandemia) resultará para bien de aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a su propósito (Romanos 8:28). 

La Biblia también nos dice que Dios castiga a sus hijos, pero esto es para corrección, porque los ama. "Porque Dios corrige y castiga a todo aquel que ama y que considera su hijo" (Hebreos 12:6-11). Dios también es misericordioso y busca que los suyos reconozcan lo que estaban haciendo mal, se aparten del mal, se forme su carácter, y aprendan a poner su confianza plena en Él. El alfarero moldea a su vasija, el herrero pule su instrumento, el fundidor purifica a su plata, y el oro es pasado a veces por fuego para que salgan sus impurezas. Hay a veces pruebas y enseñanzas que nos hacen mejores personas, o nos obligan a poner nuestros asuntos en orden y estar preparados para lo que venga.

Finalmente, la Biblia también enseña que en algunas ocasiones, sus hijos son heridos, sí. El mejor ejemplo es el caso de Jesucristo, que llevó sobre sí mismo todas nuestras enfermedades en la cruz, y también el caso de Job: Dios permitió que un mal (y una infección en todo el cuerpo) le ocurriera en su soberanía, y no había ningún motivo de castigo en contra de Job en absoluto, pero vaya que sí habría una gran enseñanza, para Él mismo, y para toda nuestra generación. Job llegó a sentir que Dios era ajeno a su sufrimiento o que Dios le estaba haciendo sufrir con gusto, pero terminó reconociendo que Dios estaba en control de todo, que su redentor vive y le restauraría, y que Dios sí tenía absoluto conocimiento, interés y también cuidado de Él, A PESAR de lo que le había ocurrido. Job termina diciendo "Hablaba lo que no entendía.... de oidas te había oido, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 42). Job termina siendo completamente restaurado y sanado. 

A sus hijos, Dios les dice: "Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza" (Jeremías 29:11). Este versículo, en contexto, es claramente una promesa firme para sus hijos, para quienes están de su lado. Todos los cristianos tendremos que sufrir en mayor o menor medida por causa del Evangelio, para que el mensaje del amor de Dios y las buenas nuevas de Cristo sean compartidas, para dar la luz en la oscuridad, pero debemos saber, reconocer y confiar al mismo tiempo que Él tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra para guardarnos sin caída en medio de todo.

¿Porqué entonces han enfermado creyentes y muerto creyentes?

Pues bien, que sea miembro de una iglesia cristiana o ser cristiano no me excluye de morir algún día. Todos tenemos que morir tarde o temprano, por una u otra razón, incluso los cristianos que son  parte del personal médico? ¿Porqué Pablo tuvo una debilidad física en sus ojos, a manera de prueba, por un tiempo (Gál. 4:13-14), cuando en otra ocasión Dios le había quitado las escamas de sus ojos? ¿Por que los primeros cristianos murieron perseguidos y crucificados, cuando Dios había salvado a los israelitas de sus persecutores de Egipto? ¿Por qué los cristianos del coliseo murieron devorados por leones, cuando Daniel fue salvado al caer en el foso de leones? ¿Por qué los traductores bíblicos y cristianos protestantes eran quemados en la hogera por la inquisición, cuando Dios había salvado a Sadrac, Miscah y Abednego?

No tenemos el control o el conocimiento de todo, y no he conocido a todos los creyentes que murieron, ni conocía sus corazones, ni sus pensamientos, ni su experiencia ni su proceso, pero una cosa sé: Dios tiene la vida de los suyos en sus manos y Él tiene buenos planes para sus hijos. Como está escrito: "Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven" (Ro. 14:8-10). No puedo afirmar porqué han muerto cristianos en medio de la pandemia, pero lo que sé es que Dios me llama a tener una fe inquebrantable e inamovible, y que Jesús me dice que Él es el mismo ayer, hoy y siempre, que nada es imposible para Él y que todo es posible para aquél que cree. Que Él prometió estar con sus seguidores todos los días, hasta el fin. Que cuando pasen por las aguas, Él estará con ellos, y cuando pasen por el fuego, éste no los quemará. Lo que sé es que aún con esos casos y eventos, y el caos que hay afuera, aún así podemos confiar en el poder de Dios de preservar nuestras vidas, porque Él tenía un plan perfecto para cada uno de sus mártires, y porque "estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos" (Salmo 116:15). A veces, "perece el justo, y no hay quien eche de ver; y los misericordiosos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo" (Isaías 57:1). Sabemos que aquél que esté con Cristo no verá la muerte y aunque esté muerto vivirá (Juan 11:25). Con todo, lo que sé es que Él tiene un plan perfecto para cada uno de sus hijos, y que incluso si algunos han perecido, su Palabra y su fidelidad no cambia. 

Desde que comenzó la pandemia, y antes de ella, yo he oído gente e incluso hermanos que han dicho que "ninguno de nosotros está exento", e incluso oí a un pastor decir que "ninguno de nosotros tiene la vida comprada". Pero a nosotros la Biblia nos dice, por el contrario, que hemos "sido comprado por precio" de sangre, por la mismísima sangre de Cristo (1 Corintios 6:20). Dios es fiel, poderoso y tiene en sus manos mi vida, su voluntad es más alta que la mía, y Él cumplirá su propósito en mí. Pero recordemos las palabras de Jesús al ciego: "Conforme a vuestra fe os sea hecho" (Mateo 9:29). ¿Porqué muchas veces limitamos a Dios, pensando que Él sólo quiere preservar nuestra alma y que sólo le importa nuestra salvación espiritual, cuando Él también dice que desea nuestra salud y que busca nuestra libertad de enfermedades y dolencias, porque Él ya las llevó en la cruz? ¿Porqué se nos olvida que la cultura de tener miedo no proviene de Dios, quien mas bien nos infunde un espíritu de aliento y de fe?

Muchas veces en la Biblia, incluso Jesucristo mismo, predijo que habría pestilencias y epidemias en los últimos días (Lc.21:11, Mt. 24:6-8), que sería duro, que habrían tribulaciones, y que habría aflicción; pero está escrito también que que si nos ponemos bajo la sombra de las alas del Altísimo, "El te librará del lazo del cazador, de la peste destructora" (Salmos 91) y su Palabra no miente. Cuando estás con Dios, "Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará." (Salmo 91:7). Aunque estés en valle de sombra de muerte, no temerás mal alguno porque Él te guiará y te sustentará. Debemos saber que tenemos la victoria en Cristo, y que Dios es fiel para completar la obra que Él ha comenzado en cada uno de nosotros, y que nos puede, y nos quiere preservar como cuando salvó a los hebreos en Egipto de las 10 plagas, y los primogénitos de las casas de los hebreos tampoco murieron porque la sangre del cordero estaba en el atrio de sus puertas.  Por tanto, yo creo que quienes están en Cristo, Dios tiene el poder y la voluntad de hacernos permanecer sin caída, y que incluso "cuando el hombre cayere, no quedará postrado" (Salmos 37:24), y que estas señales seguirán a los creyentes: "tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño; además pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos sanarán» (Marcos 16:18). "No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?" (Lucas 18:8). 

domingo, 7 de enero de 2018

"Dios ama al pecador, pero odia su pecado" es un principio totalmente bíblico

Miembros de la Iglesia de Westboro conocidos por sus polémicas pancartas de odio, como las que dicen, "Dios odia a los maricones".




¿Por qué la controversia?

En épocas recientes, se ha vuelto más común escuchar de religiosos que causen polémica o discusiones innecesarias al oponerse a una verdad fundamental que se ha expresado de distintas maneras, pero comúnmente se cita así: «Dios ama al pecador, pero aborrece su pecado». Para la persona que ha leído la Biblia completa y la ha estudiado a profundidad, guiado no por la religión, sino por el Espíritu Santo, no debería ser una frase que causara problema alguno, dado que es una verdad profundamente mostrada a lo largo de las Escrituras como probaremos en este artículo. 


Sin embargo, para el que aún no ha entendido el amor de Dios mostrado en el Evangelio, para simpatizantes que apenas de oídas conocen la Biblia o para los que la interpretan a través de doctrinas fariséicas y con lentes religiosos, se trata de una frase problemática porque se opone a doctrinas religiosas sectarias y potencialmente las declararla falsa. Los grupos fariseícos que la rechazan sólo suelen torcer tres versículos bíblicos para justificar su pésima interpretación:

Salmos 5:5"Los insensatos no estarán delante de tus ojos. Aborreces a todos los que hacen iniquidad".

Salmos 7:11"Dios es juez justo, y un Dios que se indigna cada día contra el impío".    

Proverbios 6:16-19:  "Seis cosas aborrece el SEÑOR, y aun siete abomina su alma:  Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre los hermanos".

Digo que es una "pésima" interpretación, porque para cuestionar lo que se cuestiona y predicar lo que unos predican en base sólo a estos dos versículos, tienen que desechar gran parte de la Biblia que de otra forma ayudaría a entender correctamente. Los versículos anteriores son totalmente ciertos y de bendición cuando son bien interpretados, pero lamentablemente si son mal citados, fuera de contexto, y mal interpretados por grupos sectarios de odio como la Iglesia Bautista de Westboro y otros líderes e individuos legalistas del mundo que tuercen las Escrituras para su propia perdición (2 Pedro 3:16). Son personas que no comprenden aún cómo se complementa la ira de Dios contra el pecado y el amor de Dios hacia los pecadores.  

Al diablo y sus hijos les encantan citar las Escrituras para tratar de confundir o hacer caer a los hijos de Dios, como puede evidenciar el pasaje donde se recuerda cómo el diablo tentó a Jesús (Mateo 4:1-11, Marcos 1:12-13, Lucas 4:1-13). Ellos tratan de robar y destruir la fe de los creyentes y crear una imagen falsa de un Dios que odia, "Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Corintios 11:13-14).  


¿Qué significa aborrecer o estar airado?:  El significado básico de las palabras clave

Para empezar debemos distinguir entre el significado de "aborrecer" y odiar. En nuestro lenguaje, han pasado a ser sinónimos, pero hace 2,000 años, cuando la Biblia se escribió, no significaban lo mismo. De hecho, de acuerdo al diccionario de WordNet de la Universidad de Princeton, a la etimología de Webster, entre otras, la palabra "aborrecer", al igual que la inglesa "abhor" y la francesa "abhorrer", provienen todas del vocablo latin "abhorreo", compuesto por la raíz "ab" (lejos de) y "horrere" que significa "erizarse", "estremecerse de horror" u "horrorizarse". "Abhorreo" en su significado escencial significa "escaparse de alguien horrorizado", protestar en contra de alguien, separándose de la persona; o "rechazar solemnemente" en términos de una corte legal. 

La concordancia interlinear en hebreo muestra también que en la Biblia, la palabra "aborrecer" usada en este versículo proviene de la raíz hebrea "sane" (נֵ֗אתָ) que, aunque en ciertos contextos es traducida como "odiar", también es traducida en otras partes de la Biblia como "ponerse en contra", "enemigo" y estar en "enemistad" en distintas traducciones (compárese Éx. 1:10, Lv. 26:17, Dt. 1:27, 2 Sam. 5:8, 2 Sam. 19:6, 2 Cr. 1:11, Job 31:29, Pr. 25:21, 27:6, 28:16). El aborrecer en este sentido consiste en una desaprobación de la persona o de sus actos.

Una correcta interpretación considerando tan sólo el significado etimológico llegaría a la conclusión de que cuando Salmos 5:5 dice que Dios aborrece al inicuo, se refiere a que Dios se pone en su contra, se pone en enemistad, lo desaprueba o rechaza profundamente su maldad. No es difícil de entender tampoco que en Salmos 7:11 se declara que Dios se enoja contra aquél que hace maldad. Pero, si se nos dice que Dios es un juez justo, pensemos en términos legales: imaginen la indignación que la familia de una víctima siente cuando se entera de que un amigo suyo cometió un crimen contra uno de sus hijos. Pues Dios, como nuestro Padre, también siente indignación cuando el hombre causa daños a sus hijos o a sí mismos: siente ese sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial.  

Imagínense la indignación de un activista que lucha por los derechos de trabajadores, y se entera de que una corporación les despide sin explicaciones y sin reconocer sus derechos. Imagínense ustedes a un Padre que se enfada cuando descubre a uno de sus hijos haciendo daño a otro de sus hijos: el Padre no le deja de amar por estar enfadado, pero según la gravedad del pecado, estará en mayor o en menor medida molesto por sus actos, hasta que muestre arrepentimiento y entienda que no debió hacerlo. Lo desaprobará profundamente, pero no lo dejará de amar. Así también, nosotros como humanos muchas veces nos hemos enojado con motivos contra miembros de nuestra familia o amigos, quizá porque nos han maltratado, nos han humilladp o se han aprovechado de nosotros, usándonos, pero eso no es suficiente para desaparecer el amor filial que les retenemos, y si ellos son los que se enfadan contra nosotros, tampoco quiere decir que nos dejen de amar. Depende, claro, del caso y de la persona, pero hay muchas pruebas bíblicas de que Dios ama a las personas, aunque esté en contra de su maldad y desapruebe sus actos pecaminosos.

Pruebas bíblicas de que Dios ama a los pecadores


Cuando Jesús vino a este mundo, los Evangelios relatan cómo se sentó en la mesa con pecadores, fue a la casa de pecadores, escogió a pecadores como sus discípulos, enseñó a multitudes de pecadores, defendió a pecadores arrepentidos en peligro de muerte, y murió por los pecadores, para ofrecerles salvación. Además, eligió a Pablo, un hombre que se consideraba "el más grande de todos los pecadores" (1 Timoteo 1:15), para difundir su mensaje: que ÉL vino a salvar a todos los pecadores y siempre los ha amado. Porque después de todo, ¿hay alguien de quien se pueda decir que no es un pecador? Jesús mismo nos dijo que "Bueno solamente hay uno: Dios" (Marcos 10:18). Cualquiera que haya leído la Biblia sabe que todos caemos dentro de la categoría de pecadores. 

Cuando los fariseos criticaron a Jesús, Él les respondió: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento" (Lucas 5:32). Corrie Ten Boom lo explica así:
"Jesús ama a los pecadores. Él ama solamente a los pecadores. Él nunca ha rechazada a nadie que se acerque a Él por perdón, y Él murió en la cruz por pecadores, no por gente respetable. Fue precisamente por los pecadores que Él murió, no por gente respetable. Fue precisamente por pecadores que Él sufrió tan terriblemente en la cruz, tanto que parecía casi imposible que lo cargara" [Corrie ten Boom. 2008. I Stand at the Door and Knock: Meditations by the Author of The Hiding Place. Zondervan. p.21]
Pero si este argumento no parece suficiente, la Biblia declara que Dios ha amado a TODO el mundo a través de Cristo, para que cualquiera que crea en Él, tenga vida eterna, y expresa que esto lo hizo "porque Dios amó al mundo", es decir, Dios amó a la humanidad (Juan 3:16). Hemos probado con muchos versículos de otro artículo que Dios NO cambia su propia naturaleza: Dios amó, Dios ama, y Dios amará, porque Él es amor y Él es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8, et. al.). Él se ofreció como propiciación dispuesto a salvarnos de nuestros pecados, no de nosotros, sino del mundo entero (1 Juan 2:2).

De hecho, la Biblia dice que no hay hombre en la Tierra que sea justo o justa. Si Dios no amara a los pecadores, nadie sería amado por Él, pues todos hemos pecado (1 Crónicas 6:36, Romanos 3:23). Seamos bíblicamente "pecadores" o "santos", todos hemos sido pecadores y cualquiera que lo niegue es un mentiroso (1 Juan 1:8). Ninguno de nosotros tenemos mérito de ser amados: su amor es un regalo. El no nos amó porque fuéramos justos ni hasta que nos portáramos bien en todo: Él nos amó tal cómo éramos, con todo y nuestros claroscuros. "Mas Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo" (Efesios 2:4-5).

Podemos descansar porque la Biblia afirma tajantemente que Dios ama incluso a los pecadores: otros podrán decir lo que quieran, querrán hacerte pensar que Dios odia al pecador con la intención de que te alejes del pecado, pero así no funcionan las cosas: el odio no libera al pecador; solo el amor puede librarle; y otros podrán interpretar a Dios de forma distinta, "pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8). 


¿Se puede aborrecer y amar al mismo tiempo?

Por supuesto. En primer lugar, debe ser posible, porque de lo contrario la Biblia se contradeciría, mas la Palabra de Dios es viva y eficaz. Así que no se trata de citar unos versículos a favor, y otros en contra, sino de entender lo que significa la Palabra. De hecho, amar y aborrecer al mismo tiempo no diría que sólo es una posibilidad, sino un deber. Pero aborrecer y odiar NO pueden significar lo mismo. Dios aborrece y ama al pecador al mismo tiempo, y para vivir una cristiana madura también debemos aprender a aborrecer y amar a la vez porque en la Biblia se nos llama a hacerlo. Permítanme explicarlo, mostrando algunos pasajes:

Llamados a aborrecer:

Aborrezcan el mal y amen el bien. Establezcan el juicio en el tribunal; quizás el SEÑOR Dios de Israel tenga piedad del remanente de José.  Amós 5:15

Ningún siervo puede servir a dos señores porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No pueden servir a Dios y a las riquezas. Lucas 16:13, cf. Mateo 6:24

El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno. Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, daos preferencia unos a otros. Romanos 12:10.

Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Lucas 14:26-27

El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. Juan 12:25
Llamados a amar y a no odiar:

El que dice que está en la luz y odia a su hermano, está en tinieblas todavía. 1 Juan 2:9 


Pero el que odia a su hermano está en tinieblas y anda en tinieblas; y no sabe a dónde va porque las tinieblas le han cegado los ojos. 1 Juan 2:11


Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permaneciendo en él. 1 Juan 3:15


Si alguien afirma: Yo amo a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. 1 Juan 4:20.


El que no ama, no ha conocido a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:8 RVR1960.


No se trata de una contradicción, ni de una cuestión filosófica, sino de lo hay detrás cdel lenguaje que usado en estos versículos, pero sobre todo, de conocer el amor y el camino de Dios y tener la guía el Espíritu para una correcta interpretación. Para ayudarnos con estos pasajes correctamente, debemos distinguir entre lo que bíblicamente significa aborrecer y odiar, porque como vimos, NO es lo mismo según lo que se suele entender por estas palabras en la actualidad. 

Anteriormente vimos que la palabra "aborrecer” no equivale en nuestro contexto al odio o la ausencia de amor en el contexto que vimos, pero hay casos en los que sí y contextos en los que no, a causa de que no todas las palabras usadas vienen de la misma raíz, ni todas las traducciones de la Biblia coinciden de forma consistente en la misma elección de las palabras: por ejemplo, tan sólo en 1 Juan 4:29, al menos, como muestra Bible Gateway, 7 traducciones usan la palabra "aborrecer", mientras que otras 11 usan la palabra "odiar".  Hay traducciones como la Reina Valera 1960 donde no se hace distinción clara, pero en ese caso parecería contradecirse.  

Es importante distinguir porque en Lucas 14, Jesús se refiere claramente al aborrecimiento como una desaprobación firme o rechazo determinado del pecado o de la persona que se opone a la verdad, en este caso, implica el horrorizarse o escandalizarse por las malas obras del que obra mal, y alejarse o separarse de ser necesario, para no seguirle más, y decidir seguir mas bien el camino de Dios. Jesús lo expresó en otra parte así: 
"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí" (Mateo 10:37)
Jesús, el mismo que nos enseñó que el mayor mandamiento es amar a Tu Dios con todo tu ser, y a tu prójimo como te amas a ti mismo, es el que habla aquí mismo. Él no nos está prohibiendo exhibir un afecto profundo por nuestros parientes más cercanos; nos está diciendo que debemos amarlo a Él más que a ellos; en otras palabras, nuestro amor por Él debe ser más grande para que  demostremos que somos discípulos genuinos. Todos cometemos faltas y ofensas, o a veces caemos en tal o cual pecado, y el mal moral debe ser siempre desaprobado. Por supuesto que amaré mucho a mi familia y amigos directamente en proporción a la profundidad de mi amor por Jesús, pero debo de calcular el costo de seguir a Jesús: un amor abnegado, negar los propios caminos personales y humanos, la propia carnalidad, para estar dispuesto a seguir su camino y dejarlo todo por seguir su voluntad.

En varias ocasiones, Jesús dio a sus discípulos una imágen práctica de cómo aborrecer (rechazar o negar) a los incrédulos que no quisieran escuchar el Evangelio:
"Y a cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies" (Mateo 10:14)   
"Y en cualquier lugar que no os reciban ni os escuchen, al salir de allí, sacudid el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos" (Marcos 6:11) 
''Pero en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, salid a sus calles, y decid. Hasta el polvo de su ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos en protesta contra ustedes; pero sepan esto: que el reino de Dios se ha acercado" " (Lucas 10:10-11)
Jesús es llamado el Príncipe de la Paz (Isaías 9: 6), pero Él también practicó el aborrecimiento de otras maneras en el Evangelio, por ejemplo, cuando pronunció ayes en contra de ciudades que le rechazaron y ayes en contra de fariseos e hipócritas que se negaron a escuchar el Evangelio (Mt. 11:20-24; 23:13, 23:15, 23:16, 23:23, 23:25, 23:27, 23:29; Lc. 6:17-26; 10.13-16). 
Él desprobaba su maldad, porque amaba la verdad.

Ahora bien, en la Biblia encontramos algunos versículos traducidos como "aborrecer" (especialmente en la 1a de Juan) se asemejan más al término "odiar" como es entendido en nuestros días: como lo opuesto de amar, y se suele definir como un sentimiento de aversión con el que se desea el mal a una persona. El amor de Dios es opuesto a lo que actualmente entendemos como odio, porque en 1 Corintios 13 se explica que "El amor no se alegra en la maldad, mas se regocija en la verdad. El amor todo lo soporta, todo lo sufre, todo lo cree, y nunca deja de amar. El amor ve más allá de las faltas de las personas para encontrar la imagen de Dios y valor del que están hechos. 

Pero para entender que Dios odia el pecado pero ama al pecador es necesario hacer una distinción entre la persona y sus acciones. El amor de Dios nos lleva a amar a las personas sin distinción, aunque rechacemos sus acciones, y esto es un principio mostrado a través de las Escrituras, que nos llaman una y otra vez a amar:
"Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros" (1 Juan 4:7-12).  
"Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4:16-21).
Amar a tu prójimo no significa que te caiga bien, ni que te agrade. El amor de Dios es un amor que se da sin exigir nada a cambio, y no se ofrece a condición de que el otro nos trate bien, ni con la condición de que aquél que vayamos a amar también nos ame. Jesús dijo:
»¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así. ¿Y qué mérito tienen ustedes al dar prestado a quienes pueden corresponderles? Aun los pecadores se prestan entre sí, esperando recibir el mismo trato. Ustedes, por el contrario, amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque El es bondadoso para con los ingratos y perversos.  Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso"(Lucas 6:32-38).
¿Acaso Dios sólamente ama a quienes le aman? ¡Claro que no! Es claro en este contexto que Jesús estaba enseñando lo opuesto: ¡cómo es la misericordia de DIos para los pecadores!, y ¡que Dios ama a quienes no le aman, y por eso debemos imitarle! Porque Él mismo se dio por la vida de sus enemigos, para volverlos amigos. Él mismo amó a quienes no lo hacían, para cambiar sus vidas.
"Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen así también los gentiles? Sean, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:45-47)
Además de esto, podríamos hacer una recopilación breve de otros versículos que aseveran que Dios es bueno hasta para con los ingratos y los malos que no le reconocen:

  • "Bueno y recto es el SEÑOR; por tanto, El muestra a los pecadores el camino" (Salmos 25:8)
  • "Tu justicia es como los montes de Dios; tus juicios son como profundo abismo. Tú preservas, oh SEÑOR, al hombre y al animal" (Salmos 36:6,7)
  • "Por eso los que moran en los confines de la tierra temen tus obras, tú haces cantar de júbilo a la aurora y al ocaso. Tú visitas la tierra y la riegas en abundancia, en gran manera la enriqueces; el río de Dios rebosa de agua; tú les preparas su grano, porque así preparas la tierra. Riegas sus surcos abundantemente, allanas sus camellones, la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos" (Salmos 65:8-10)
  • "Todos ellos esperan en ti, Para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; Abres tu mano, se sacian de bien" (Salmos 104:27-28).
  • "El que da sustento a toda carne (a todo ser humano), porque para siempre es Su misericordia" (Salmos 136:25)
  • "El SEÑOR es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas sus obras" (Salmos 145:9)
  • "A ti miran los ojos de todos, y a su tiempo tú les das su alimentoAbres tu mano, y colmas de bendición a todo viviente" (Salmos 145:15-16)
  • "En su mano está el alma de todo viviente, y el espíritu de toda carne humana" (Job 12:10)
  • "He aquí, El extiende su relámpago en derredor suyo, y cubre los abismos del mar. Pues por estos medios El juzga a los pueblos, y da alimento en abundancia" (Job 36:31)
  • "Así dice Dios el SEÑOR, que crea los cielos y los extiende, que afirma la tierra y lo que de ella brota, que da aliento al pueblo que hay en ella, y espíritu a los que por ella andan" (Isaías 42:5)
  • "He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía..." (Ezequiel 18:4-20)
  • "....al Dios que tiene en su mano tu propio aliento y es dueño de todos tus caminos, no has glorificado" (Daniel 5:23)
  • "Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos" (Mateo 5:45)
  • Por eso os digo, no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo 6:25-26)
  • "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Considerad los cuervos, que ni siembran ni siegan; no tienen bodega ni granero, y sin embargo, Dios los alimenta; ¡cuánto más valéis vosotros que las aves!" (Mateo 10:29-31)
  • Lucas 12:24
  • "Aquella luz verdadera... alumbra a todo hombre" (Juan 1:9)
  • "En las generaciones pasadas permitió que todas las naciones siguieran sus propios caminos; y sin embargo, no dejó de dar testimonio de sí mismo, haciendo bien y dándoos lluvias del cielo y estaciones fructíferas, llenando vuestros corazones de sustento y de alegría" (Hechos 14:16-17)
  • "...pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas" (Hechos 17:25)
  • "para que buscaran a Dios, y de alguna manera, palpando, lo hallen, aunque Él no está lejos de ninguno de nosotros" (Hechos 17:27)
  • "Porque en El vivimos, nos movemos y existimos, así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: Porque también nosotros somos linaje suyo" (Hechos 17:28)
A la luz de esto, el hecho de que la Biblia nos diga por un lado que debíamos aborrecer prácticamente todo en este mundo incluyendo nuestra propia vida, y sin embargo, por otro lado nos diga que debemos amar a nuestros enemigos (Mateo 5: 43–46), amar a la esposa (Efesios 5:25), amar a los hijos (Efesios 6:4), amar a los padres (Éxodo 20:12), honrar a todos (1 Pedro 2:7), y hasta a amar nuestra propia alma (Proverbios 19:8) es otra muestra de que su amor hacia todos es real, palpable e ideal. Y la Biblia nos dice: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados" (Efesios 5:1) instándonos a amar incluso a aquellos que no se arrepienten aún de su pecado.

La Biblia enseña reiteradamente que aquél que odia es del maligno


No importa si predican desde un púlpito o si tienen la Biblia en la mano. De nada sirve si tienen la Biblia en mano pero la tienen en el corazón, o hay una interpretación engañosa, porque escrito está que: 
"En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano" (1 Juan 3:10).  
"Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios" (1 Juan 4:7)
“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor" (1 Juan 4:7-8).
La regla de oro se basa en el amor. En primer lugar, amar a Dios por encima de todo y con todo nuestro ser, y en segundo lugar, amar al prójimo como a nosotros mismos, tratarlo cómo quisiéramos ser tratados, y hacer con ellos como quisiéramos que hicieran con nosotros (Levítico 19:17-18; Mateo 22-34-40; Marcos 12:28-34, Lucas 20:40; Lucas 10:25-38). Jesús nos aseguró que "de estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas" (Mateo 22:40) y "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35).
Esto es el meollo de nuestra existencia. Amar a Dios, a los demás, y a nosotros mismos. El amor de Dios no odia a la persona, pero odia la maldad. El odio odia al amor y no ama el amor, pero el amor ama el amor y odia el odio.

"Amar al pecador" no era una frase de Gandhi, sino un principio de la teología cristiana



Finalmente, terminaremos refutando la idea de aquellos que rechazan la verdad de que "Dios ama al pecador, pero odia su pecado" asegurando que fue Mahatma Gandhi (1869-1948) quien lo propuso, y que por lo tanto debe de estar mal. Éstos caen en un doble pecado, primero, al dar falso testimonio (cosa que Dios aborrece), ya que falsamente  le atribuyen a Gandhi el origen de esta creencia, y en segundo lugar, propagan el rumor o la mentira de que es una idea gandhiana no cristiana. Es un mal razonamiento que usan "teniendo apariencia de verdad, pero negado su eficacia". 

A mediados del siglo XX, Gandhi escribió:

"El hombre y su obra son dos cosas distintas. Mientras que una buena acción debe invocar la aprobación y una desaprobación del acto malvado, el autor del acto, ya sea bueno o malo, siempre merece respeto o piedad según sea el caso. Odia el pecado y no el pecador es un precepto que, aunque es bastante fácil de entender, rara vez se practica, y es por eso que el veneno del odio se propaga en el mundo" [Autobiografía de Gandhi (1948), p. 11; & Capítulo XI: "A Tussle with Power"].

Gandhi sí estaba haciendo eco de la frase en uno de sus escritos más relevantes, y quien no conoce el trasfondo, puede despistarse y pensar que era algo propio, pero realmente ni siquiera la estaba citando como una frase propia, sino como un precepto que ya se conocía. De hecho, aunque era hindú de nacimiento y ciertamente no era cristiano, Gandhi era un teísta que estaba discutiendo un principio que había escuchado antes, pues él exploró, indagó y tomó muchos de sus principios clave a partir de los Evangelios y la doctrina de Jesucristo, como bien documenta el artículo "La influencia de Cristo en Gandhi: Dios, el cristianismo, y la India", que también prueba que Gandhi estuvo rodeado de figuras cristianas importantes durante su tiempo de vida y su pensamiento fue moldeado por cosas que escuchaba también de ellos. De hecho, el líder consideraba a Jesucristo el mayor pacifista de la historia y la figura que más ha influido favorablemente en "las vidas de todos" con sus principios. No hago apología de Gandhi, dado que él nunca comprendió el corazón del Evangelio, pero me doy cuenta de que tampoco lo entienden de aquellos que insisten en que "Dios odia al pecador", torciendo la Escrituras para su propio detrimento. 


Hay otras personas que atribuyen la frase a San Agustín de Hipona (d.C. 424), el célebre teólogo católico que en el año 424 d.C., escribió una carta para incitar a las monjas del monasterio de Hippo a comportarse en armonía. Agustín usó la frase "Cum dilectione hominum et odio vitiorum""con amor al ser humano y odio a su pecado" para hacer un llamado. [Agustín, Cartas, 211-2070, Vol. 11/4, citado en The Works of St. Augustine. Roland Teske, S.J. Nueva York, New York City Press, 2005, por Patte (2018, p. 197); atribuida a Él también en The Oxford Dictionary of Quotations. 1999. Oxford University Press, TME., p. 36.]  Sin embargo tampoco fue San Agustín quien originó esta idea.

Como afirmamos desde el principio, es una enseñanza bíblica que vamos a probar que ha estado presente en la teología cristiana mucho antes de que si quiera viviera Gandhi o San Agustín, y que ha perdurado independiente de ambos como un principio ético que por siglos prevalece en la teología de distintas ramas como algo claramente enseñado en la Biblia. Tertuliano (ca.155-c.240), apologista cristiano de la iglesia primitiva fue uno de los primeros líderes notorios del cristianismo primitivo que defendió al cristianismo de herejías contemporáneas y paganismo, y escribió al respecto:
"Es claro, a partir de la segunda de Tesalonicenses, que es posible que los hermanos amen a un pecador" y que "San Pablo, en Segunda de Corintios, habla de mostrar amor al pecador[Treatises on Penance: On Penitence and On Purity p. 245]  
Hay más referencias del amor de Dios hacia pecadores en las obras de Tertuliano y existe una impresionante lista de pasajes que lo muestran en una compilación del autor C. Daly, en su obra, "The Sacrament of Penance in Tertullian" (1947) del Irish Ecclesiastical Record, pp. 819-820. Sin embargo, no es el único de los pioneros del cristianismo primitivo que enseñó esta verdad. Orígenes de Alejandría (ca. 184 d.C. - 253 d.C.) también habló de que Dios ama a todos independientemente de si son pecadores o no, escribiendo:
"Tanto leemos como sabemos que Dios ama a todas las cosas existentes y no odia nada que Él haya hecho, porque Él no hubiera creado nada en odio. Hemos leído, además, la declaración, 'Tú tienes compasión de todos, porque todos te pertenecen, oh Tú que amas las almas. Porque Tu espíritu incorruptible está en todo. Por eso, también por un poco de tiempo Tú los corriges y amonestas recordándoles sus pecados' [The Sacred Writings of Origen (Annotated Edition) Escrito por Origen, Contra Celsum, Cap. XXI].
Asimismo, John Bunyan (1628​-1688), el célebre escritor puritano creador de El Progreso del Peregrino, escribió refiriéndose a Jesús como el que ama a los pecadores:
"Este es el único Salvador, el único Redentor, el único que podría amar tanto a los pecadores como para lavar sus pecados en su mismísima sangre de lo más preciosa"[John Bunyan. 2007, The Pilgrim's Progress and Grace Abounding to the Chief of Sinners, Knopf Doubleday Publishing Group, p. 324]. 
Matthew Henry (1662-1714), teólogo presbiteriano considerado el comentador bíblico más reconocido de la historia, escribió:
"Ciertamente no debemos usar nuestros miembros y sentidos, diseñados de forma tan curiosa, como instrumentos de injusticia para pecado. Pero nuestras almas inmorales y racionales son una obra aún más noble y regalo de Dios. Sin embargo, si no fuera por sus preciosos pensamientos de amor hacia nosotros, nuestra razón y nuestra vida por siempre sería, a través de nuestros pecados, pretexto para nuestra miseria eterna. ¡Cuánto entonces deberíamos meditar en el amor de Dios por los pecadores en Jesucristo, cuya suma excede todo cálculo! Al pecado se le odia, y a los pecadores se les lamenta, todo por temor del Señor. Sin embargo, mientras les esquivamos, deberíamos orar por ellos: con Dios, su conversión y salvación son posibles". [Matthew Henry Study Bible - Revised King James Version]
John Wesley (1703-1791), predicador anglicano fundador del metodismo, teólogo arminiano y precursor del pentecostalismo, escribió:
"Tengan cuidado, no solo de expresiones externas de ira, como llamar a su prójimo "ignorante" o "tonto", sino de toda emoción interna contraria al amor, aunque no se aleje de su corazón. Enójense contra el pecado, como la afrenta que es ante su Majestad del cielo, pero sigan amando al pecador, como nuestro Señor, que "miró alrededor de los fariseos con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones". Él se condolió por los pecadores, airado hacia el pecado. Así ustedes "¡airaos, pero no pequéis!".  [Wesley, John. 1840. The Works of the Reverend John Wesley, A.M. T. Mason.; en su Sermón XXXIII. The Sermon on the Mount, p. 306]. 
William Carey (1761–1834), el misionero bautista considerado el precursor de las misiones modernas, por su trabajo evangelístico para alcanzar a millones en La India, escribió en 1796, una carta testificando que el amor de Dios por sus enemigos era un tema central de su predicación:
"Espero predicarles de nuevo esta tarde. Les hablé del amor de Dios al ser paciente con sus enemigos, al ayudarles y proveer para ellos, al enviar a su Hijo a morir por ellos, al enviar el Evangelio por ellos, y all salvarlos a muchos de ellos de la ira eterna" [The Journal and Selected Letters of William Carey. William Carey Smyth & Helwys Publishing, Inc., 2000. p. 85]
William Howels (1778–1832), predicador galés y evangelista conocido en su tiempo, escribió:
"Los pecadores que no han sido cambiados por la gracia de Dios, se odian entre sí, y no a sus pecados. ¡Qué horrible consideración! Aman el pecado, pero odian a los pecadores; odian también las consecuencias de su pecado cuando son obligados a sentirlas, pero al pecado mismo lo aman. No es así con el hombre que ha sido transformado a la imagen del Dios Viviente: a él se le enseña a amar y condolerse del pecador, al mismo tiempo que aborrece al pecado" [Twenty Sermons, 1835. John F. Shaw. edited by W. Bruce. 1835 p. 251. 
Andrew Murray (1828–1917), pastor cristiano sudafricano y autor de numerosas obras teológicas, escribió:
"Nosotros odiamos al pecado con odio infinito, pero amamos al pecador con el amor de que envió a su Hijo. El Hijo da vida, destruye el pecado, y hace libre al cautivo"[The Indwelling Spirit: The Work of the Holy Spirit in the Life of the Believer, 2006, p. 108]
Hudson Taylor (1832–1905), el misionero bautista que evangelizó a millones en China, escribió en una de sus recopilaciones esta anécdota:
"¡Oh! ¡Cuán agradecido me sentí de escuchar a un chino, de su propia iniciativa, decirle a sus compatriotas que Dios los amaba, que eran pecadores, pero que Jesús murió en su lugar y pagó la pena de su pecado! Sólo ese momento hizo que valieran la pena todas las tribulaciones que había pasado y sentí que el Espíritu Santo cambiar el corazón del hombre" [James Hudson Taylor, China's Spiritual Need and Claims. Cambridge University Press, 10 jun. 2010, p. 66]
Charles Spurgeon (1834-1892), el destacado predicador reformado y bautista, aferrado teólogo calvinista que predicó a millares, escribió:
 "Tan cálido como es Su amor por los pecadores, también lo es de intenso Su odio hacia el pecado" [The Gladness of the Man Of Sorrows. No. 498]. 
Asimismo, Spurgeon afirmó que, "El amor de Cristo por nosotros y nuestro amor a Cristo fluyen en el mismo canal. Juntos hacen una corriente de amor de clase gloriosa. Nos amamos los unos a los otros por causa de Cristo; amamos a los pecadores por causa de Cristo. Amamos la verdad como Cristo ama la verdad" [Spurgeon, Charles. 2015. The Complete Works of Charles Spurgeon, Volume 38, Delmarva Publications, Inc., Volume 38 Sermons 2237-2288.: Capítulo: Living Loving Lasting Union]  
Dwight Moody (1837-1899) gran predicador estadounidense, líder del movimiento de Santidad y del Instituto Bíblico Moody, dijo:
"Es difícil hacer que el pecador crea en este incambiante amor de Dios. Cuando un hombre se ha apartado de Dios, piensa que Dios le odia. Debemos hacer una distinción entre el pecado y el pecador. Dios ama al pecador, pero odia su pecado. Él odia su pecado, porque destruye la vida humana. Es justamente porque Dios ama al pecador que odia el pecado" [Dwight Lyman Moody, The Way to God. 2005. Cosimo, Inc.,p.11; Dwight Lyman Moody James Betts, 1878. "The Gospel Awakening.": Comprising the Sermons and Addresses, Prayer-meeting Talks and Bible Readings of the Great Revival Meetings].    
"Algunos podrían decir, 'No tengo duda de que Dios ama a los cristianos, pero yo soy un pecador, y me he rebelado en contra de él toda mi vida'. Si alguno piensa así, está equivocado. Dios ama a los pecadores. La Biblia dice que Dios ama a los pecadores. Enseña algo más: que Dios te ama en tu pecado. Algunos de ustedes puede que lo nieguen con su cabeza y digan que no es cierto. Dios los ama en su pecado, porque, si pudiese deshacerse de su pecado, no necesitarían a un Salvador. Si Él no nos amara sino hasta que fuéramos libres del pecado, no habría esperanza para ninguno de nosotros. Para estar seguros, Él nos salva del pecado, mas cuando estábamos aún en pecado, Cristo nos amó y murió por nosotros. [Dwight L. Moody. 1958. Finding God. Moody Publishers, 1 ene. 1958. Sermón "God Is Love"]. 
C. S. Lewis (1898- 1963), uno de los escritores más célebres del siglo XX, en su libro "Mero Cristianismo"  (1952) escribió cómo se convenció de la veracidad de este principio que otros cristianos le habían predicado:
"Recuerdo que los maestros cristianos me decían desde hace mucho tiempo que debo odiar las acciones de un hombre malo pero no odiar al hombre malo: o, como dirían ellos, 'odiar el pecado, pero no al pecador'... Solía pensar que se trataba de una distinción tonta y desgarradora: ¿cómo podrías odiar lo que un hombre hizo y no odiar al hombre? Pero años después se me ocurrió que había un hombre con el que había estado haciendo esto toda mi vida: éste era yo mismo. Por mucho que me disguste mi propia cobardía, presunción o avaricia, seguí amándome a mí mismo. Nunca había habido la menor dificultad al respecto. De hecho, la razón por la que odiaba las cosas era porque amaba al hombre. Solo porque me amaba a mí mismo, lamentaba descubrir que era el tipo de hombre que hacía esas cosas” [Mere Christianity].
Martin Luther King Jr. (1929 -1968), el ávido predicador y activista que luchó por los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos, dijo:
"El agape revela de la mejor manera su naturaleza espontánea y desinteresada cuando se dirige hacia enemigos cuyas acciones provocaría lo opuesto del amor. De la misma manera en que Dios ama a los pecadores, se espera de nosotros los cristianos que amemos a sus enemigos. Cuando el amor cristiano se dirige a los enemigos... crea comunión, aún incluso en donde la comunión parecía imposible. Así se muestra que el amor cristiano es acción, no sólo reacción'. [Martin Luther King, Jr: Nonviolent Strategies and Tactics for Social Change, Rowman & Littlefield, 2000, John J. Ansbro, p.]
Billy Graham (1918-2018), el evangelista a través de su sitio ofreció una simple explicación al respecto:
"Si Dios sólamente amara a los que son perfectos y dignos de Su amor, entonces Él no amaría a nadie, porque todos somos imperfectos e indignos. Como dice la Biblia: "No hay justo ni uno, ni uno sólo" [Romanos 3:10]
David Wilkerson (1931 –2011) enseñó esta verdad maravillosa de forma práctica, diciéndole al pandillero Nicky Cruz :
"Podrías cortarme y hacerme mil pedacitos, pero cada uno de esos pecaditos aún te diría: “Jesús te ama”.
Esto es lo que quebrantó el corazón de Nicky Cruz y es una de las más poderosas cuerdas de amor con poder de convertir el corazón del hombre incrédulo y atraer el alma quebrantada hacia Dios. Reinhard Bonnke también dijo que "Cuando el Evangelio se predica, se vuelve una confrontación entre el Señor y los pecadores: Dios extendiendo Sus brazos de amor".

En su libro "El poder de Dios para cambiar tu vida", el pastor Rick Warren escribe:
"¿Se dan cuenta de que los cristianos se supone que deben aborrecer ciertas cosas? Romanos 12:9 dice, 'Aborrezcan el mal; aférrense al bien'. Esto es bastante claro: se espera que detestemos la maldad. ¿Porqué? Una razón es por lo que la maldad le hace a las personas. La maldad hiere y destruye a la gente. Cuando ves a Jesús más de cerca, te das cuenta de que la bondad significa defender lo que es justo y oponerse a lo que es indebido. Él odia el pecado, pero ama a los pecadores. Nosotros tendemos a hacer lo opuesto: odiar a los pecadores y amar el pecado. Pero Dios quiere que nosotros al mismo tiempo tengamos compasión por la gente y convicción contra el pecado"
Podríamos seguir todo el día dando citas de otros predicadores y teólogos que en la historia del cristianismo han explorado y afirmado el amor de Dios hacia los pecadores, y su aborrecimiento del pecado, pero si las pruebas bíblicas y estas palabras que hemos dado no son suficientes para hacerle cambiar de parecer, creo que sólo Dios puede.

Es lamentable que se haya vuelto común entre líderes como Paul Washer, John F. MacArthur negar la verdad de que Dios ama al pecador. Otros como Tomás de Aquino en su Summa Theologica, y John Piper han dicho que Dios ama y odia a los pecadores al mismo tiempo. Sin afán de hacer una controversia doctrinal o teológica, no es sorpresa que estos predicadores calvinistas enseñen esto si consideramos que Juan Calvino enseñara lo mismo: que el hombre no puede ser amado por Dios sino hasta que deje de ser pecador. En sus "Sermons on Galatians", leemos que Calvino escribió:
"¿Porqué necesitamos ser justificados? Simplemente porque Dios no puede amar a los pecadores a menos de que haya perdonado sus pecados y los haya borrado" [Sermons on Galatians; John Calvin, p. 255]. 
El error de Calvino y sus seguidores es no entender la extensión en que el Nuevo Testamento dice que a través de Jesús, Dios ha amado a todo el mundo (Juan 3:16). Lo que Él detesta son los pecados de los pecadores, porque dice que odia “SUS OBRAS” y “SU DOCTRINA” en Apocalipsis 2:6 y 2:15, mas no los odia a ellos. Los ama, pero desprueba la maldad de ellos. Aborrece sus maldades porque Él es amor. El pecador está hecho a imagen y semejanza de Dios, es creación de Dios y tiene un alma que le pertenece a Dios. ¿Odiará Dios la obra de sus propias manos?

Escrito está que Dios quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad, y que quiere que todos sean salvos (1 Timoteo 2:3-4), que Él no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan, (Ezequiel 33:11; 2 Pedro 3:9) que Él les desea bien a los hombres, y aunque el pecador se mantenga separado por su pecado (Isaías 59:1), Dios le ofrece reconciliación. Su amor permite ver, no lo que el pecador es, ni lo que fue, sino lo que es a través de Dios, y lo que que puede ser en Cristo Jesús, con la esperanza de redención en él.

Dios ciertamente juzgará al pecador pero Cristo nos enseñó que no debemos juzgar (condenar). Si nos enfocamos en los pecados del pecador, corremos el peligro de perder de vista el amor y la misericordia, como ocurrió con los fariseos. Ciertamente el pecador se necesita arrepentir, dejar de pecar, pero esto es posible sólo a través del amor de Jesucristo. Al tratarlos, debemos ver más allá de sus faltas y ver más bien su necesidad de ser redimidos por Jesucristo. ¡Él vino a salvar, no a condenar! (Juan 3:17; Juan 12:47). A nosotros nos corresponde seguir su ejemplo y divulgar sus enseñanzas. A través de sus palabras, se muestra el camino. Tenemos que hacer como Jesús hizo y debemos andar como Él anduvo. Difundir Su palabra: Él es el logos (la Palabra), y Él nos dice que debemos amar a nuestros enemigos, porque Él mismo lo hace, y porque también Él nos amó cuando nosotros eramos sus enemigos. Amar con el amor que Él nos ha amado. En todo esto y más, la Biblia es clara en que Dios ama al pecador, pero rechaza y desprueba su pecado.


Aquellos que creen que Dios no ama al pecador muestran ausencia de equilibrio doctrinal bíblicofalta de discernimiento, falta de entendimiento para interpretar correctamente las Escrituras, o falta de la fuerza más poderosa que nos ha dado el Señor Jesucristo: el amor de Dios. Es algo muy grave porque parecería que enseñan a un Dios distinto. Gente así deberá volver a su primer amor antes de que Dios los llame a cuentas, y tendrán que internalizar las palabras de 1 Corintios 13 donde se les recuerda que DE NADA SIRVE el conocimiento, la religiosidad y sus palabras si no conoce EL AMOR DE DIOS. Aquellos que dicen que Dios odia al pecador y enseñan esto como doctrina pueden estár usando el nombre de Dios en vano y la Biblia dice que "el SEÑOR no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano" (Éxodo 20:7).

Sólamente hay dos caminos: el del amor de Cristo o el de la perdición en el odio. El odio se desvanece pero el amor de Cristo permanece. Y como alguien dijo: "¡Cuántos problemas en el mundo se resolvería si la gente se diera cuenta de lo mucho que Dios los ama y así recibiera ese amor! La mejor manera de eliminar las barreras para recibir el amor de Dios es desechar las cosas que nos ciegan y no nos dejan ver su amor. Tenemos problemas de percepción porque sucumbimos a las distorsiones de Satanás cuyo primer propósito en el mundo es ser el mayor engañador de los seres humanos" (William Carey Ringenberg).